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UN PORTA BOTELLAS CONSTRUIDO CON SU MADERA
PERPETUA LA MEMORIA DE LOS OLMOS DE PLAZA ITALIA
Del árbol caído
Emilio García y Rubén Vizcaíno,
profesores jubilados de la Escuela Técnica, construyeron cincuenta
porta botellas con madera de los olmos extraídos de Plaza Italia,
mayormente destinados a leña. De tal manera, perpeturaron la memoria
de los árboles que, por ochenta años, engalanaron ese paisaje.
"A veces parece que la naturaleza está en perfecto equilibrio,
como la copa que soporta una botella para un brindis por Plaza Italia,
construida con madera de olmo, material autóctono del paseo público",
dice la tarjeta que acompaña la creación. "El Periodista"
alza su copa para celebrar la iniciativa
"A veces parece que la naturaleza está en
perfecto equilibrio, como la copa que soporta una botella para un brindis
por Plaza Italia, construida con madera de olmo, material autóctono
del paseo público". La tarjeta de presentación refleja
la esencia de las copas de madera de olmo donadas a la Biblioteca Sarmiento
por dos carpinteros de Tres Arroyos para ser ofrecidas a la comunidad
el día de la inauguración de ese espacio público
tradicional. Son soportes para botellas de vino diseñados especialmente
para rescatar y preservar los árboles que durante ochenta años
dieron vida y sombra a la plaza. La copa tiene la consistencia y fuerza
necesaria para mantenerse en perfecto equilibrio. La clave está
en que la base y el agujero para colocar el pico mantienen un ángulo
de 45 grados que reparte proporcionalmente el peso de la botella. El valor
agregado es la madera de los olmos extraídos de Plaza Italia, un
material noble y compacto que en si mismo porta una porción de
la historia de la ciudad.
Emilio García y Rubén Vizcaíno fueron los artesanos
que propusieron no hacer leña del árbol caído. Se
conocen de toda la vida, desde que estudiaban juntos en la escuela de
Artes y Oficios que funcionaba en la Escuela Técnica. Se reencontraron
allí como profesores, y Emilio fue durante muchos años jefe
de la sección de Carpintería de la escuela. Ambos están
jubilados, pero necesitan despuntar el vicio y complementaron su esfuerzo
y su trabajo para preservar la madera.
Recuperar la madera
Rubén tenía su taller justo frente a la plaza. Cuando empezaron
a desmontar el perímetro para reacondicionar el espacio público
lamentó el destino de los olmos. Los había visto crecer
desde su nacimiento y se negaba a ser testigo de su destrucción.
Lejos de quedarse en la añoranza propuso que los árboles
se perpetúen en el tiempo como un recuerdo de lo que han sido.
"Al principio cuando empezaron a desmontar hablé con los encargados.
Vi que estaban haciendo leña y me daba pena ver cómo se
estropeaba esa madera. Yo vi nacer esas plantas e incluso la plaza. Les
dije que dejaran el tronco entero, la madera aprovechable, la donaran
a la Escuela Técnica u a otras instituciones para poderlas aserrar
y utilizarlas para hacer muebles o bancos porque es una madera muy noble.
En principio me dijeron que no se podía porque no tenían
con qué llevarla, pensaban hacer leña".
Una deuda pendiente
Antes que terminaran de quitarlos, con Emilio hicieron gestiones en la
Escuela Técnica para salvar la madera, recuperar algunas plantas
y ofrecer un presente a los tresarroyenses. Se habían trozado los
olmos de calle Roca, pero aún quedaban varios por preservar. Con
el respaldo de los directivos de la escuela pudieron rescatar algunos
troncos y ramas gruesas que fueron cortados en un aserradero de Claromecó.
"Tenía la inquietud de mostrar que esa madera era buena, porque
eran plantas que tenían 80 años. Después conseguimos
hablar con el vicedirector de la escuela y él se ocupó de
los contactos con la municipalidad. Para esto habían derribado
toda la calle Roca completa. Se consiguió con la condición
que había que sacarlos rápido, se llevaron a Claromecó
para hacerlos cortar en el aserradero y después a la escuela. Los
bancos de las plazas se podrían haber hecho con esa madera",
mencionó Emilio que supo que el destino de su iniciativa saldaría
una deuda que había dejado pendiente consigo mismo. "Un día
nos habla Sabattini para un trabajo en la Biblioteca Sarmiento. En ese
momento no pude hacer ese trabajo pero me quedó en la mente, y
como estaban reformando el frente pensé qué mejor que para
reparar esa deuda hacerles esos soportes y donárselos a la Biblioteca
para que los vendan el día de la inauguración de la plaza
y recauden fondos. Hicimos cincuenta soportes que conjugan los tres ejes:
equilibrio, brindis y material autóctono".
Brindis por la plaza
El proyecto de las copas lo había ideado Vizcaíno para competir
en la Jornada de Abuelos Bonaerenses. Dos soportes con una botella de
blanco y otra de tinto rodeados de flores fue la presentación que
lo llevó a ganar en el ámbito municipal, regional y llegar
hasta la final del provincial. Con esa base, Emilio se las ingenió
para darle una forma más pequeña y Rubén se encargó
de lustrarlas y pulirlas. Lo suyo fue un trabajo puramente artesanal donde
primó la dedicación, la experiencia y creatividad. Pero
por sobre todo la unión en un ideal común. "El tenía
la idea y la llevó a la práctica y yo la continué.
Pensamos que podía ser interesante sobre todo porque la gente en
vez de donar el dinero a la Biblioteca se lleva un recuerdo del material
de la plaza, es una forma de contribuir con algo", manifestó
Emilio.
Ese recuerdo logra perpetuar la historia de los olmos que parecía
destinada a consumirse en el fuego. El material autóctono guarda
hoy el equilibrio necesario y la copa invita a los tresarroyenses a realizar
un brindis por la Plaza Italia.
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