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Roberto Reducindo

Viuda e hijas de
Reducindo

 

 


HOMENAJE: LA INCREIBLE Y TRAGICA HISTORIA
DEL TRESARROYENSE ROBERTO REDUCINDO

Héroe anónimo

De niño, sus padres se separaron y la familia se desmembró. En la adolescencia, el sorteo del servicio militar lo destinó a la marina y fue a la guerra. Zarpó en el Crucero General Belgrano. Lo hundieron y estuvo a la deriva, sin rumbo y perdido en una balsa, mientras el Atlántico sur lo castigaba con vientos de 100 kilómetros y olas de más de 10 metros. Hasta que lo rescataron, debió taparse con cuerpos de compañeros fallecidos y utilizar su propia orina para calentarse. Diez años más tarde, en Tres Arroyos, cuando parecía empezar una vida feliz con su esposa e hijas, un cáncer acabó con su existencia. La agrupación de veteranos de Malvinas bautizó con su nombre a la entidad. Y quedó en la historia. Homenaje de "El Periodista" a Roberto Reducindo, un héroe anónimo

Luego de hacer el número de marzo de "El Periodista" que contenía, entre otras notas, un artículo donde tres integrantes de la agrupación de ex combatientes de Malvinas "Roberto Reducindo" contaban sus experiencias en el conflicto del año 1982, una pregunta comenzó a flotar en el aire de la redacción: ¿Quién fue aquel joven al que los chicos tresarroyenses de la guerra homenajearon al colocarle su nombre a la asociación?
De aquella misma entrevista sólo sobresalía un dato: Roberto Reducindo había sobrevivido al hundimiento del crucero General Belgrano, pero falleció diez años después aquí en Tres Arroyos víctima de una grave enfermedad.
El 2 de mayo de 1982, a las 16:01, el Belgrano fue torpedeado por el Submarino Atómico "Conqueror" de la Armada inglesa cuando se encontraba a 35 millas náuticas al sur del límite de exclusión impuesto por la corona británica. Como resultado del ataque perecieron 323 hombres y el navío se hundió en las frías aguas del Atlántico Sur tan sólo una hora más tarde.
Exactamente un minuto antes del impacto del primer torpedo -el buque fue alcanzado por dos torpedos con una diferencia de pocos segundos-, Roberto Reducindo había terminado su guardia y se desplazaba hacia la cubierta baja cuando escuchó una explosión. Inmediatamente después observó que una gruesa columna de humo y gas emanaba en el sector de proa. Además, decenas de compañeros suyos corrían alejándose del lugar y algunos de ellos exhibían quemaduras serias.
Los marinos se reunieron en la cubierta principal y apenas diez minutos después del torpedeamiento recibieron la orden de abandonar el barco ante la inminencia de su hundimiento. El ex combatiente tresarroyense subió junto a sus camaradas a una de las 70 balsas autoinflables con capacidad para 20 hombres que se lanzaron al mar y comenzó a remar con el objeto de alejarse del buque atacado.
Sobre la balsa en la que se encontraba Reducindo había algunos marinos mal heridos, que fallecieron horas más tarde mientras aguardaban ser rescatados. Al llegar la noche los náufragos tuvieron que soportar temperaturas extremadamente bajas, un feroz viento con ráfagas de hasta 100 kilómetros por hora y olas de unos 10 metros.
La viuda del marinero, Mónica Beatriz Giménez, recordó ante "El Periodista" que su esposo lloraba cada vez que rememoraba aquellas horas angustiosas que debió vivir en medio del gélido Atlántico Sur. "Alguna vez me contó que para abrigarse del frío se cubrían con los cuerpos de sus compañeros fallecidos y que se calentaban con su propia orina", dijo la mujer.
Cuando Roberto fue finalmente rescatado del mar, más de 32 horas después del hundimiento del crucero General Belgrano, tenía principio de congelamiento en los miembros inferiores y un lógico mal estado general a causa del frío, el hambre y el stress soportado.
Roberto Reducindo era hijo de María del Carmen Guevara y de un señor cuyo nombre y apellido eran exactamente iguales, se llamaba Reduciendo Reducindo. Había nacido en Necochea en 1963, pero vivó toda su vida en Tres Arroyos porque que sus padres, que tuvieron en total 12 hijos, se mudaron aquí poco después de su llegada al mundo.
El ex combatiente creció en el barrio de Güemes al 1800 y muy tempranamente descubrió que la vida lo iba a tratar duro, ya que cuando él todavía era un niño María del Carmen y Reduciendo se separaron. Esta circunstancia provocó el desmembramiento de la familia. Algunos de sus hermanos se fueron a vivir a Buenos Aires con su madre, otros terminaron en hogares para niños y él se quedó solo bajo la tutela de un tío que se hizo responsable de su crianza.
Arnaldo Raúl Tumini, un hombre que contrató a Roberto como cuidador de una quinta cuando era todavía un adolescente, lo recordó como una persona sumamente honesta y trabajadora. Justamente, fue por el trabajo que nunca se planteó cursar estudios secundarios. Cuando iba a la escuela primaria ya ayudaba a su tío en la realización de tareas de albañilería.
A los 18 años llegó su tiempo de hacer el servicio militar obligatorio. Su número de sorteo fue bien alto y su destino, en consecuencia, la marina. Fue enviado a la Base Naval de Puerto Belgrano, desde donde zarpó en el crucero General Belgrano sin saber que justo allí su nombre comenzaba a escribirse en las páginas de la historia del país y de Tres Arroyos.
Al regresar de la traumática experiencia que tuvo que vivir con sólo 19 años, el ex combatiente fue empleado por el municipio como inspector de tránsito, trabajo que más tarde abandonó para volver a dedicarse a la albañilería.
En 1984 conoció a Mónica Beatriz Giménez, con quien tiempo después tendría a sus dos hijas: Yesica Daina y Marcela Alejandra, quienes actualmente tienen 16 y 12 años respectivamente.
La vida en pareja y el nacimiento de su primera hija parecían empezar a mostrarle a Reduciendo que aquella frase que dice que Dios aprieta pero no ahorca podía cierta. Pero lamentablemente, fue justamente en aquellos momentos de mayor felicidad cuando su salud comenzó a resquebrajarse.
Tiempo más tarde el ex combatiente acudió a los médicos para conocer porqué era víctima de una tos muy persistente. Los estudios le diagnostican cáncer y a partir de allí inició un largo viaje por consultorios y quirófanos en los que lamentablemente no lograron curarlo debido al grado avanzado de la enfermedad.
Sus problemas de salud eran bastante agudos cuando nació su segunda hija. Para ese momento, incluso, ya tenía dificultades para poder trabajar, pero afortunadamente había empezado a cobrar la pensión como veterano de guerra.
Una década después de aquella larga y fría noche en el mar que lo convirtió en un héroe, Roberto Reducindo, con sólo 29 años, dejó este mundo. Un lugar en el cual casi siempre debió luchar contra adversidades que se parecían mucho a las olas de 10 metros y a los vientos de 100 kilómetros por hora que tuvieron lugar en la madrugada del 3 de mayo de 1982 en el Atlántico Sur.
"Roberto siempre me decía que si alguna vez tenía que volver a la guerra para defender al país no dudaría en hacerlo", recordó su viuda, quien además dijo haberse sentido muy orgullosa cuando los ex combatientes de Tres Arroyos le pidieron permiso para ponerle el nombre de su marido a la agrupación de veteranos de guerra.

 

 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina