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EL DIA QUE EMANUEL GINOBILI, JUGADOR CAMPEON DE LA NBA,
VISTIO LA CAMISETA TRESARROYENSE
Las "Manus" mágicas
Jugó en Bahía Blanca, La Rioja, Italia
y Estados Unidos. Pero lo que no registra esa historia, y hoy revela "El
Periodista", es que Emanuel Ginóbili, el jugador de los San
Antonio Spurs, actual campeón de la NBA, la liga más poderosa
de basquet del mundo, hace escasos cinco años se calzó la
camiseta de un club tresarroyense en un partido amistoso. Aquí,
en exclusiva, la crónica de aquel día en que "Manu"
mostró su magia en Tres Arroyos
6-10-20. ¿Un número de teléfono?.
6-10-20. ¿Una martingala de la ruleta?
6-10-20. ¿Una fecha de nacimiento?
Nada de eso significan estos números, aunque bien podrían
serlo. Son los números de camisetas que ha usado el jugador más
famoso del basquet argentino. No decimos el mejor, para no entrar en el
terreno de la polémica, pero sin lugar a dudas el nombre más
mencionado en el último año: Emanuel David Ginóbili.
El 6 lo usó en Bahiense del Norte, club de Bahía Blanca
donde se inició en este deporte; en Andino de La Rioja, donde jugó
por primera vez la Liga Nacional; y en el Virtus Kinder Bologna de Italia,
primer club europeo que integró. Portó el 10 en Estudiantes
de Bahía Blanca y en el Regio Calabria de Italia, equipo donde,
se creía, había alcanzado su techo al ganar todo lo jugado.
Pero, ese pero que siempre existe, falta el 20. El que se ve en todas
las camisetas de basquet en la actualidad, el de San Antonio Spurs, equipo
campeón de la liga más poderosa de basquet del mundo desde
el 15 de junio, día en que Argentina observó una final de
la NBA como nunca lo hizo antes, porque un argentino integró el
plantel campeón.
Hasta aquí, más allá de la precisión de los
datos aportados, la historia es más o menos conocida. Lo particular
de esta crónica de "El Periodista" es la perlita que
introduce. Si señores, al detalle de las veces que Ginóbili
llevó el número 10 en su camiseta, hay que agregarle que
alguna vez, aunque sea por unas horas, se calzó una casaca tresarroyense
para jugar un match de preparación con Huracán. Fue en 1998,
cuando nada ni nadie hacía preveer que ese joven, cinco años
después, se consagraría campeón de la NBA y sería
centro de todas las miradas basquetbolísticas del mundo.
Cinco pibes de Bahía
En 1998, Huracán se preparaba para participar
en los Torneos Regionales y, dentro del proyecto de sus dirigentes, se
programaban encuentros amistosos-preparatorios, por lo que a través
del entrenador Carlos Spaccesi, se contactaron con un grupo de jugadores
de Bahía Blanca para que llegaran a nuestra ciudad a jugar basquet.
Cinco jóvenes llegaron. Entre ellos se encontraba la figura del
momento, "Pepe" Sánchez, que recién finalizada
su participación en la Universidad de Temple, se encontraba de
vacaciones y listo para ingresar en la NBA. El resto de los jugadores
eran algunos bahienses que acompañaban a la figura: Hansen, Arenas,
Ginóbili.
Huracán (vestido con la camiseta roja de la institución)
presentó su equipo y facilitó dos jugadores a los visitantes
(lucieron la casaca blanca de "El Globo") para que pudieran
realizar descansos. Uno de los que jugó en el local fue Ricardo
Fernández, mientras que uno de los refuerzos de los bahienses fue
Santiago Risso. A cinco años de aquel partido, al que asistieron
menos de 100 personas y que hasta hoy había permanecido prácticamente
ignorado por la mayoría de los vecinos, "El Periodista"
los reunió para recordar el encuentro. Los tresarroyenses pueden
enorgullecerse al decir que, alguna vez, el jugador campeón de
la NBA mostró sus habilidades en esta ciudad.
Compañero y rival
Al conversar con Fernández y Risso, surge que
las pocas personas que fueron al estadio esa noche, lo hicieron para ver
a Sánchez. Ellos mismos, incluso, tenían esa expectativa.
Por tal razón, los recuerdos son más fuertes sobre él
que respecto de Emanuel. Aquí, el rescate de ese día que,
cinco años más tarde, se sabe no fue uno más.
Risso: "Lo mío fue muy particular.
Ellos llegaron casi sobre la hora en un auto particular. Pensaban ser
algunos más, pero se juntaron solo cinco. Así que, como
yo ocupaba una plaza de mayor en el plantel pero era de los más
chicos, pasamos junto a Bajer a integrar el equipo bahiense. En ese momento,
en el vestuario, me cambiaba con "Pepe", que estaba en la NBA,
y cuatro jugadores de Bahía. Hoy la historia es otra".
Fernández: "No es que Emanuel
no era nadie. Venía de salir cuarto en la Liga Nacional con Estudiantes
de Bahía".
Risso: "Pero, para nosotros, era un
desconocido"
Fernández: "Cuando vino, había
sido contratado para Europa. Pasaba a ganar 700.000 dólares y,
sin embargo, estaba acá con nosotros. No solo eso, cuando comenzó
el juego, la primera pelota que tocó Ginóbili, la volcó
delante nuestro. Algo muy loco, el tipo se iba a jugar a Italia y arrancaba
el partido como una final".
Risso: "Fue algo divertido. Recuerdo
los pelotazos que ligué por no estar a su velocidad de juego. Yo
iba hacia el aro y la pelota, no sé de dónde salía,
estaba en mi cara. Era otra velocidad de juego. Pero claro, te contaban
la manera en que entrenaban y se entendía. 'Pepe' le decía
a 'Manu' que en la universidad se levantaban a las seis de la mañana
a entrenar, luego se duchaban, desayunaban y concurrían a clases.
Acotaba que se preparara, porque en Europa el ritmo era similar. Me acuerdo
la diferencia física que tenía Emanuel con todos los que
estábamos en la cancha, estaba un poco más allá".
Fernández: "Mi recuerdo firme
es que cuando lo marqué, en una de las primeras jugadas, se quejó
de mi actitud. Hoy digo, yo le jugué fuerte a Emanuel".
Risso: "Luego de un primer tiempo
donde nosotros perdimos por poco, entramos al vestuario y lo primero que
'Manu' dijo fue: 'no podemos perder contra estos pibes, ni loco. Si perdemos,
abandono el basquet'. Por suerte ganamos, sino quien sabe si hubiera cumplido
la promesa (risas). Pero más allá de la broma, eso marca
lo que es el tipo: un ganador. De jugar un tiempo simple, pasamos a preparar
un par de jugadas sencillas, pero que nos llevaran a ganar. El quería
ganar".
Fernández: "Es lo que te decía
de la responsabilidad, de la primera jugada de él. Nos contaba
que había firmado contrato para ir a Italia y sin embargo jugaba
con un compromiso total, aún a riesgo de lesionarse. En el final
del partido también realizó una jugada de esas, de las vistosas,
con una volcada que te das vuelta para verlas".
Figura mundial
¿Qué se siente hoy, cinco años después,
cuando ese pibe se ha convertido en campeón de la NBA, la liga
de basquet más poderosa del mundo?.
Risso: "Cosas raras. Si me acuerdo
de la poca gente que estuvo en la cancha, que se disputaba paralelamente
un partido de primera división local, pienso que somos exitistas
por sobre todo. A mí no me sirve comentar que yo jugué con
Ginóbili, más allá del placer que fue. No sé
si se entiende, existen cosas que no valoramos en su momento".
Fernández: "Como todo, el tiempo
es testigo de los actos del ser humano. Aquellos que practicamos un deporte,
solo sabemos de la alegría de las pequeñas cosas, porque
aprendemos a disfrutarlas".
Risso: "Por supuesto que seguimos
los juegos de todos los argentinos en el mundo, pero nos jode un poco
el triunfalismo barato. Por ejemplo, un programa como el de Susana Giménez
hablando de Emanuel Ginóbili y la NBA. No sé hasta donde
sirve"
Fernández: "Creo que el verdadero
valor lo veremos dentro de unos años. Todavía se necesita
rendir examen en este país para ser reconocido en el tiempo".
El mate siguió corriendo. Y la charla, como siempre que se encuentran
personas que medianamente entienden de basquet y quieren a Tres Arroyos,
fue derivando por otros carriles. No obstante, a cada rato, apoyada sobre
la mesa, la foto que hoy publica "El Periodista" en exclusiva,
nos remitía al eje del encuentro. Emanuel Ginóbili, el jugador
que actualmente es campeón de la NBA, hace escasos cinco años
pasó por Tres Arroyos, se puso la camiseta de un club local, estuvo
en los vestuarios, compartió la mesa con jugadores tresarroyenses.
Hoy, como si se tratara del protagonista de una película, es una
de las caras más reconocidas de la liga de basquet más importante
del mundo. Sin embargo se trata de la misma persona: un simple, un grande.
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