Nuestros Libros



de Tres Arroyos

 

Ir a la Página Principal

 


Héctor Ascorti, el hombre de las siete vidas

 

 


UN VECINO TRESARROYENSE SOBREVIVIO MILAGROSAMENTE
A CUATRO TERRIBLES ACCIDENTES

El cielo puede esperar

En las últimas cuatro décadas sobrevivió a cuatro terribles accidentes. En 1964, en un choque automovilístico, salió despedido por la ventanilla del vehículo; en 1972 lo embistió un tren; en 1984 se le cayó encima la pared de un garaje y en el 2001 lo pasó por encima un camión. Por suerte o por milagro, a los 69 años, Héctor Horacio "El Ruso" Ascorti, vive para contarla. En "El Periodista", una crónica de vida que parece más ficción que realidad. Exclusivo

La realidad, que en ocasiones es mucho más caprichosa e increíble de lo que las personas tendemos a creer, produce situaciones que podrían considerarse el fruto de la mente de un escritor muy imaginativo. Por ello, si la vida del tresarroyense Héctor Horacio Ascorti fuera llevada al cine sería muy probable que los espectadores cuestionaran la verosimilitud de una serie de eventos cruciales y absolutamente verdaderos ocurridos en la historia de este hombre.
"El Ruso", así le llaman sus amigos y conocidos, tiene 69 años, se dedica a realizar cobranzas, es viudo y tiene una hija. Como la gran mayoría de los hombres del mundo, ha dedicado su existencia al trabajo, al cuidado de la familia y a practicar con pasión algunos deportes. Sin embargo, existen sucesos que hacen que este señor de contextura relativamente pequeña y que a gatas llega a la estatura mediana, se haya salido de los cauces más o menos habituales por los que transcurre la vida (y la muerte) de las personas.
Como si se tratara de un "highlander" -raza de seres inmortales-, Héctor Ascorti ha logrado sobrevivir a por lo menos cuatro ataques mortales que le lanzó el destino entre los años 1964 y 2001. "No sé si será por bueno o malo, pero los cierto es que Dios ha tenido varias oportunidades de llevarme a su lado pero nunca lo ha hecho", explicó mientras señalaba una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, colocada en un portarretrato ubicado sobre uno de los muebles del comedor de su casa como si fuera la fotografía de alguien más de su familia.

1964

"El Ruso" Ascorti trabajaba en El ABC y aumentaba sus ingresos realizando cobranzas y vendiendo rifas. Entre estas últimas, siempre contaba con la que anualmente lanzaba el club Quilmes, entidad para la cual jugó al fútbol durante varias temporadas.
Un día de los últimos meses de aquel año, luego de almorzar con su esposa e hija, Héctor decidió aprovechar, como lo hacía casi siempre, el espacio de tiempo libre que tenía antes de regresar a su empleo para entregar algunas rifas reservadas. Su hija, que por entonces tenía unos 6 años, lo quiso acompañar en la recorrida, pero no accedió a su pedido ya que debía colaborar con su madre en la limpieza de la vajilla.
Ascorti partió en su Siam Di Tella rumbo al domicilio de un cliente ubicado en Brandsen al 1000. En ese barrio vivían su hermano y sus padres. Tras entregar la rifa retomó la misma calle (Brandsen) en dirección a Constituyentes -en aquellos años en todas las calles de Tres Arroyos que estaban por fuera del radio conocido como las 4 avenidas se permitía la circulación en dos direcciones-, sin saber que tan sólo unos segundos después, en la siguiente esquina, se enfrentaría por primera vez a su destino de vencedor de la parca.
Cuando el automóvil estaba en medio del carril de la avenida que lleva hacia la ruta 228, el cobrador escuchó un fuerte estruendo e inmediatamente después su mente quedó en blanco. Había sido embestido con suma violencia, exactamente a la altura de la puerta del chofer, por un vehículo Ford Falcon que se desplazaba por la calzada a poco más de 100 km/h.
Como resultado del impacto el Di Tella fue arrastrado unos 15 a 20 metros y la humanidad de Ascorti literalmente voló fuera del coche por la ventanilla del acompañante. Su propio hermano, cuya casa estaba a escasos metros del lugar del accidente, fue el primero en llegar para socorrerlo. La escena era tremenda, el vendedor de rifas yacía inconsciente sobre la calle y perdía sangre por la cabeza, la boca y los oídos.
Trasladado inmediatamente al hospital, se comprobó que Héctor tenía varias lesiones serias pero no corría riesgo su vida. Había sufrido la fractura de cuatro costillas y la clavícula, tenía un corte en la cabeza que demandó 7 puntos de sutura y, como herida más grave, presentaba un fuerte golpe interno que le dejó secuelas a nivel del aparato digestivo durante los siguientes 6 años. Esta herida interna fue sanada por completo luego que le practicaran una cirugía en 1970.

1972

Cuando estaba radicado en la localidad de Ochandio, donde ejercía su trabajo como encargado de la sucursal de la Cooperativa Agropecuaria, Ascorti tuvo su segundo duelo con la muerte, y una vez más salió vivo del enfrentamiento, aunque no ileso.
Un hombre que trabajaba en la estación ferroviaria del pueblo había recibido la triste noticia del fallecimiento de su madre, quien estaba en Mar del Plata. En consecuencia, necesitaba con urgencia llegar a Tres Arroyos para tomar un colectivo que lo llevara a la ciudad balnearia. Debido a que no había trenes ni otros medios de transporte hacia nuestra ciudad, "El Ruso" se ofreció a traerlo hasta la terminal de ómnibus, o mejor dicho, al punto de partida -Betolaza entre Chacabuco y 25 de Mayo-, que por aquellos años tenían los ómnibus de la desaparecida empresa El Pampa.
Luego de la rotura insalvable que había sufrido el Di Tella en el feroz choque del año 1964, Héctor Ascorti compró un potente Fiat 1500 que había sido utilizado por algunos pilotos de la zona en competencias deportivas.
Tras dejar al trabajador ferroviario junto al colectivo, el tresarroyense, que iba acompañado por su esposa, emprendió el regreso a Ochandio. Circulaba por la ruta 228, a pocos metros del paso a nivel ubicado junto al Segundo Brazo de los Tres Arroyos cuando, distraído en una conversación que mantenía con su mujer, no advirtió que sobre las vías se desplazaba una formación de vagones del Ferrocarril Roca que estaba llegando a la ciudad.
Aunque alcanzó a frenar un poco y girar el auto en el sentido en el que se desplazaba la locomotora no pudo evitar ser embestido, nuevamente de su lado, por la máquina que guiaba al tren.
El nuevo accidente le produjo a Ascorti la fractura en dos partes de su pierna izquierda y un corte en la cabeza que demandó 6 puntos. Su mujer perdió el bazo en el accidente. Y una vez más sobrevivió para contarlo.

1984

Luego de haber vivido unos años en Carhué por razones de trabajo, la familia Ascorti regresó a Tres Arroyos. Hacía poco que habían terminado varias partes de la edificación de su propia casa y eso la convertía en un lugar habitable, aunque todavía inconcluso.
El 28 de marzo de 1984, día de un nuevo aniversario de casados de la pareja, los trabajos de construcción en la propiedad ya estaban llegando a su fin. En ese momento se encontraban terminando el garaje. Durante la mañana de esa jornada "El Ruso" colaboró con los albañiles.
Tras una reparadora siesta luego del arduo trabajo matutino, este tresarroyense que ostenta el extraño récord de haber sobrevivido a varios accidentes serios, se dirigió a la parte de la casa recién erguida. Parado a unos pocos metros observaba feliz cómo había quedado colocado el portón de acceso. Fue allí cuando tuvo la idea que unos instantes más tarde terminaría en un nuevo accidente.
Con la ansiedad lógica de quien quiere ver su casa edificada, Héctor comenzó a quitar los puntales colocados junto al portón. Esto le conferiría al garaje un aspecto más parecido al definitivo. Pero, lamentablemente, la última pared edificada no se había trabado correctamente y al quitar el último de los puntales la misma se desplomó sobre su propio cuerpo.
La pérdida de un pequeño pedazo de la nariz y la fractura de la pierna derecha en nada menos que siete partes fueron las heridas con las que fue rescatado de entre los ladrillos. Además, corrió serio riesgo de perder al menos tres dedos de su pie, cosa que afortunadamente los médicos pudieron evitar.
Según el propio testimonio de Ascorti, aquella vez se salvó porque un tirante del techo del garaje cayó sobre la pared medianera evitando que todo el lugar se le viniera encima.

2001

Transcurrían los días de la primera celebración de la Fiesta Provincial del Trigo en el nuevo escenario situado en los alrededores de la estación del ferrocarril y el tránsito en el sector se comenzaba a tornar algo pesado, máxime si se toma en cuenta que es una zona donde circulan camiones.
Héctor Ascorti fue a cobrar una cuenta a un domicilio ubicado en 25 de Mayo al 1000. Al salir de allí, dobló en 12 de Octubre y luego en Coronel Dorrego. Cuando llegó a la intersección de esta última calle con la Avenida del Trabajador pudo observar un camión parado que se disponía a tomar la mencionada avenida con dirección a Moreno. El vehículo pesado estaba frenado aguardando el paso de un grupo de oficiales de la policía de seguridad vial que circulaban en sus motos. El cobrador hizo lo mismo, es decir que frenó su marcha para dar paso a los policías, pero su pequeño rodado quedó parado a la derecha del camión y fuera del alcance de la vista del conductor.
Una nueva desgracia con suerte lo tuvo como protagonista cuando, al ponerse en marcha para avanzar por la arteria antes nombrada, fue embestido por las ruedas traseras del transporte. Inmediatamente cayó al piso y su pierna quedó atrapada debajo del ciclomotor mientras el camión comenzaba a pasarle literalmente por arriba.
La fortuna estuvo una vez más del lado del accidentado convecino. El camionero escuchó un ruido extraño y sospechó que podía haber chocado con algo, razón por la cual frenó inmediatamente. Al descender del vehículo puedo ver que Ascorti tenía la pierna derecha atrapada debajo de una pequeña moto cuya parte trasera estaba casi por completo bajo el pesado y enorme rodado del acoplado. Un vecino de la zona y el transportista le ayudaron a salir de esa situación y comprobaron que no tenía ninguna clase de herida.
Cuando el ciclomotor fue quitado de abajo de las voluminosas llantas del camión, tenía su rueda trasera totalmente destrozada, lo cual dejaba en claro cómo podrían haber quedado las piernas de Ascorti si el vehículo mayor avanzaba tan sólo unos pocos centímetros más.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina