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Todos para uno y uno para todos. Juan, Emilio y José Loizaga junto a papá Daniel

 

 


LOS LOIZAGA Y LA BICICLETA,
UNA HISTORIA DE SANGRE Y PASION

Los hermanos sean unidos

Juan y José Loizaga llevan el ciclismo en la sangre. Tienen metas distintas, estilos diferentes y temperamentos dispares, pero los dos sacrifican todo por la bicicleta. El apoyo incondicional que ambos se brindan, los hizo salir adelante cuando por falta de recursos económicos pensaron en retirarse de la competencia. A pesar de no tener la bici profesional, José fue coronado bicampeón argentino y aspira a los Olímpicos de Atenas. Desde chicos sueñan con competir juntos y hoy se preparan para hacerlo dentro de tres meses en el Argentino que se hará en San Juan. Escritas de pasión y de sangre, "El Periodista" cuenta sus historias

A los hermanos Loizaga no sólo los une la misma sangre, sino que en ella llevan la esencia de una misma pasión heredada: el ciclismo. Y por la bici han resignado vivencias típicas de su edad para volcarse de lleno a la carrera deportiva. Tienen metas distintas, estilos diferentes y temperamentos dispares, pero a la hora de competir los hermana el mismo sentimiento que se traduce en apoyo incondicional, admiración mutua y afecto entrañable.
En el '98, con 15 años Juan y 13 José, las aspiraciones pasaban por comprarse una mountain bike. Y para eso los dos salieron a trabajar toda la temporada en Claromecó. "Vendía diarios y mi hermano laburaba con mi viejo en Coca Cola. Yo estaba toda la mañana y toda la tarde y después venía a mi casa, descansaba y salía a entrenar. Trabajaba no porque mis viejos no me podían dar plata, más que nada lo hacía porque me gustaba comprarme las cosas yo", cuenta José, el más metódico a la hora de tomar la bici como una profesión.
Su padre había hecho carrera en el ciclismo y llegó a ser campeón argentino, pero los hijos admiten que trató de mantenerlos lejos de las pistas, porque sabía que era un deporte sacrificado y que implicaba relegar experiencias propias de la adolescencia.
A pesar de esto, Juan empezó a correr los domingos con una bicicleta prestada, hasta que un día se le aguó la competencia. "Me mandé una macana en el colegio, me mandan un cuaderno de comunicación y lo escondí en el auto. Con tanta mala suerte que a mi vieja se le ocurrió llevar a tapizar los asientos y apareció el cuaderno con una nota diciendo que el chico era un demonio. Y ahí me dijo que devolviera la bici y que no podía correr más, yo estaba como loco", cuenta con picardía porque sabe que al final igual se salió con la suya.
Un domingo del ´98, fue a correr una carrera que se organizó alrededor de la plaza y José, que en ese momento jugaba al fútbol en El Nacional, terminó el partido y fue a ver a su hermano. Pero alguien le prestó una bici y él también corrió. Fue la primera competencia juntos.
Ese año, Juan se anotó en los Torneos Bonaerenses y como el padre se negaba a que corriera, le hicieron creer que debía pagar una multa si no participaba. En su interior, el padre sabía que sus hijos habían heredado la pasión por el ciclismo y no había otra que dejar rodar lo que ellos llaman "una adicción". Entonces relegó su hobby de salir a pescar en lancha todos los domingos, para venderla y comprarle a los chicos las ruteras para que pudieran competir. Y esa fue la línea de largada de metas que cada día se tornan más ambiciosas.

Vínculos incondicionales

Con 18 años, José ha escalado en los objetivos que se ha propuesto. Porque su sueño era llegar a ser campeón argentino y en septiembre de este año, en Córdoba, se consagró bicampeón nacional y para esto, como él dice "me entrené a morir". Antes de ganar el título por primera vez, fue seleccionado para los Panamericanos de Santo Domingo, a pesar de que prácticamente no tenía entrenamiento. Cuando volvió de esa competencia su aspiración era llegar al Mundial de Rusia, deseo que se vio frustrado cuando se cayó mientras iba a la casa de un amigo en bicicleta, y se quebró la clavícula. Su obstinación hizo que una vez cumplida la rehabilitación, volviera a ejercitarse "a morir" para estar en el Mundial, pero no pudo lograrlo porque a último momento la delegación argentina decidió no participar.
Lo paradójico de su historia es que José es un ciclista sin bicicleta, aunque ni esto lo detiene a medida que avanza en sus metas. De no ser por el apoyo incondicional de su hermano, su carrera deportiva quizás hubiera quedado trunca. "Juan, cuando yo necesitaba los materiales lo primero que hizo es darme todas las cosas a mí. A veces entre los dos no armábamos para uno. Yo le sacaba los pedales porque uno de los dos tenía que correr y como más o menos, el que andaba bien era yo, me daba las cosas a mí", reconoce José quien es capaz de dejar lo que sea por la bici. "Mi mamá me manda a comprar zapatillas y yo no quiero, prefiero gastar en una rueda, es todo por eso, lo otro no me importa, ni pilchas, ni nada", asegura convencido aunque su hermano Juan lo delata. "José no tiene nada, sólo el cuadro de la bici. Todo el resto es mío, porque una empresa nos daba para comprar materiales y ropa para correr. Yo me compré todo mientras que ´fachita Martínez´ se compró la ropa y cuando tuvo que comprar los materiales subió el dólar y él se quedó con la ropa", dice de manera risueña, pero no deja de preocuparle la falta de apoyo económico que a veces los hace dudar de seguir en competencia. Este año, José estuvo tres veces a punto de dejar las pistas. "El estuvo parado porque no tenía apoyo, mi mamá es docente, mi viejo tiene un mercado y para moverte necesitás plata", admite Juan, mientras que José cuenta que si no fuera por el sostén familiar él no seguía. "En mi casa me cargaban de que no quería correr porque no había ganado el campeonato argentino y yo seguí por orgullo, para demostrarles que podía. Este año me propuse no pedirles plata pero a veces se complica porque no hay sponsor y uno tiene que andar pidiendo como un mendigo".

Dos estilos, dos metas

La pasión de los hermanos es la misma, pero los objetivos diferentes. El mayor entrena tres horas diarias para estar en competencia todos los fines de semana y llegar al Argentino. Este año le hubiese gustado prepararse mejor para el campeonato de Córdoba, al que no llegó como quería ya que tuvo que destinar ese tiempo en ayudar a su padre en el negocio.
"Mi meta es más que nada correr porque me gusta, el sueño del Panamericano o el Mundial lo tiene cualquiera, pero por ahí tenés que hacer un sacrificio bárbaro durante muchos meses y te caes faltando cuatro días y perdés todo, como le pasó a José". Igual confiesa estar arrepentido de no haberse cambiado de colegio hace unos años para dedicarse de lleno a la bici: "entrenaba, estaba a punto de ir al Argentino y me enfermaba; claro salía a las siete de la tarde del colegio y capaz que lloviendo y todo yo entrenaba igual".
José en cambio mentaliza cuatro objetivos al año y deja de lado todo para cumplirlos, pase lo que pase. "Hace un año y medio que no salgo, boliche nada, alcohol nada. Me gusta la cerveza pero no tomo porque al otro día no rindo, me siento gordo". En esto, su hermano lo define como un obsesivo: "él se encierra y no conoce nada, no toma nada, tiene una conducta intachable y me reta todo el tiempo, me dice ´vos querés llegar y mirá lo que hacés, mirá lo que comés´. Ni siquiera toma gaseosa porque dice que en el doping te sale... lo dice porque está loco, está obsesionado", señala Juan con ironía, acostumbrado a oír las estrictas normas del menor, que él siempre pasa por alto.
"Con mi hermano peleamos todo el día. El ciclista no tiene que caminar mucho y por ahí está parado y yo le digo ´sentate´", admite José quien se guarda de contar el día que dejó a Juan cuatro horas parado en una competencia, después que éste le había prestado el manubrio para que corriera en una prueba anterior. "Le dije que lo usara y después me lo diera pero él lo usó y se fue. Anduve buscando el manubrio por todos lados".

El sueño está cerca

De chicos ambos deseaban correr juntos en algún campeonato importante. Y por primera vez, dentro de tres meses lo van a poder cumplir en el Argentino de San Juan y no les importa cuál de los dos llegue primero a la meta. "Yo sé que si tengo que ayudarlo a José para que se vaya y llegue escapado lo hago. Y sé que si faltando poco, él me puede ayudar lo hace. Podemos ganar los dos pero de distinta forma. El para ganar tiene que llegar solo, yo en cambio tengo que llegar con el pelotón y embalo en los últimos 300 metros, que es lo que tengo fuerte", reconoce el más grande. Luego proyectan participar como pareja en la Americana, aunque saben que para eso tendrán que sacrificarse y entrenar durante meses para "conocernos más de lo que nos conocemos, que a través de una mirada o de una seña, José entienda lo que le quiero decir".
Es que sus estilos a la hora de correr son diferentes y necesitan trabajar para complementar sus potencialidades. Juan cuenta con mayores ventajas en los circuitos, donde hay que doblar jugado y en los embalajes cuando hay que definir, mientras que José es rápido en pista y le da a fondo para llegar, algo que su hermano le critica pero sabe que no va a cambiar. "Le decís que haga una cosa y hace lo que él siente. El te dice ´salgo a fondo´ y quiere llegar a fondo, quiere ganar, ganar y ganar y hay veces que no es así. No es que no podés, es que los demás se aprovechan de eso y te ganan. A él le falta picardía, no sabe abusar del contrario, que es lo que me gusta hacer a mí".
Una vez cumplido ese sueño, las ambiciones de José llegan mucho más allá, ya que se propone participar en los Juegos Olímpicos que se hacen en Atenas el año que viene, sin importarle que muchos se rían cuando cuenta su objetivo. Porque no duda en que lo va a lograr y hasta su hermano está convencido de que va a llegar. "Si vemos en los tiempos que realizaron los actuales campeones argentinos, el mejor registro lo hizo José. Hoy por hoy, y no porque sea mi hermano, pero es el mejor ciclista que hay", concluye Juan con orgullo y en ese pensamiento refleja la esencia que los hermana y los complementa, de apoyo incondicional, de admiración mutua y de afecto entrañable.

De tal palo, tal astilla

Los hermanos Loizaga tienen a quien salir. Porque su padre Daniel empezó a correr cuando tenía 10 años. Y él, a pesar de que al principio se negó a que sus hijos se volcaran a un deporte tan sacrificado, hoy se emociona y llora cuando ellos le relatan con detalles las carreras que disputan. Es que la bici la llevan en la sangre y en la memoria, porque Juan no puede olvidar cuando de chico se agarraba al alambrado para ver al padre circular a toda velocidad en la pista. Y confiesa que le gustaría tener la suerte de entrenar con Daniel, como lo hizo José en el 2000, mientras él se recuperaba de una lesión en la rodilla.
La carrera de Daniel Loizaga también empezó de manera anecdótica, cuando salió a correr un día en bicicleta con un amigo, antes de entrar al colegio, vestidos con sus guardapolvos blancos y no se les ocurrió mejor idea que hacer un circuito en un camino donde había charcos y terminaron llenos de barro.
A partir de ahí, Daniel empezó a correr en cuanta competencia se organizaba y siempre ganaba. Para el primer campeonato argentino, toda la ciudad de Coronel Dorrego, de donde es nativo, se unió para comprarle una bicicleta. En 1976, en Esperanza, Santa Fe, obtuvo por primera vez el título de campeón nacional y todo Dorrego salió a la calle a recibirlo y felicitarlo con honores cuando regresó del campeonato subido en el autobomba de los bomberos. Y por esas vueltas de la vida, en Esperanza, 26 años más tarde, vio subir al podio a su hijo José, cuando fue coronado por primera vez campeón argentino.


 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina