| |
CON EL ANUNCIADO PLAN DE RECUPERACION DE LA RED,
¿PUEDE OLVER EL FERROCARRIL A TRES ARROYOS?
Bienvenidos al tren
Recientemente se recibió con entusiasmo la reapertura
de algunos ramales ferroviarios en las zonas mesopotámica y mediterránea
de Argentina. Además, regresó el tren a Tucumán.
Tales concreciones se enmarcan en un plan nacional de recuperación
de la red que en algún momento unió a todo el país
y se convirtió en inservible luego de años de abandono absoluto.
¿Puede volver el ferrocarril a Tres Arroyos?. A 14 años
de la partida de la última formación de pasajeros de la
estación local cabe la pregunta. "El Periodista" ensaya
respuestas y bucea en la historia del tren que es, al mismo tiempo, indagar
en nuestra propia historia
La reapertura de algunos ramales ferroviarios en las
zonas mesopotámica y mediterránea y el regreso del tren
a Tucumán forman parte del comienzo de un plan nacional de recuperación
de una red que se convirtió en inservible luego de muchos años
de abandono absoluto. Claro que la tarea no será nada sencilla.
Es más, resultará sumamente compleja, ya que como ha dicho
recientemente el presidente Néstor Kirchner, "tenemos que
hacer con hierros viejos trenes nuevos".
La desidia con la que el tema se ha manejado en la Argentina durante varias
décadas -cabe aclarar que los problemas no comenzaron en los '90,
aunque puede que sí se hayan agudizado en ese período-,
queda claramente expuesta con sólo mencionar algunos números.
La red ferroviaria nacional comenzó a formarse en el año
1857 y hacia los comienzos del siglo XX se había convertido en
una de las más importantes del mundo gracias a sus aproximadamente
41.500 kilómetros de vías extendidas a lo largo y ancho
del país. Esa cifra comenzó a sufrir su primera reducción
en la segunda mitad de la centuria pasada y se llegó al año
1989 con unos 35.000 kilómetros. Desde entonces a la actualidad,
incluyendo los ramales reabiertos recientemente, el sistema ferroviario
cuenta con 10.000 kilómetros de trazado en condiciones medianamente
aceptables.
La frase del presidente dejó en claro lo difícil que será
volver a hacer correr trenes por el país a pesar de tener una firme
decisión política en ese sentido. Lo que ocurre es que nuestras
vías son obsoletas, sólo permiten que los convoys las recorran
a una velocidad no mayor a 60 kilómetros por hora, hecho que en
la práctica haría absolutamente incompetente a este medio
de transporte.
Mejorar el estado del trazado con el fin de que las máquinas y
sus vagones puedan transitar a unos 100 o 120 kilómetros en la
hora, velocidad muy lejana a la que desarrollan los sofisticados trenes
europeos, implicará como mínimo una inversión de
100.000 pesos por kilómetro. Pretender que la velocidad sea algo
mayor, pero sin llegar siquiera a aproximarse a la que puede alcanzar
el famoso tren bala, demandaría un costo de 1.000.000 de pesos
por kilómetro solamente en el mejoramiento de las vías y
los durmientes. En este contexto, por un buen tiempo más el tren
todavía seguirá siendo un fantasma, un recuerdo, para la
mayoría de las localidades donde hace ya varios años que
ha desaparecido.
"Yo quiero ver un tren"
En su tema "Yo quiero ver un tren", el músico
Luis Alberto Spinetta canta el siguiente verso: "Yo quiero ver un
tren, no lo recuerdo". La canción del "Flaco", escrita
a comienzos de los años '80 y registrada en su disco "Mondo
di Cromo", relata una hipotética guerra nuclear en donde unos
pocos sobrevivientes añoran tener contacto con elementos de un
pasado que jamás regresará luego de la devastación
producida.
Ese tramo del tema musical constituye una analogía con la realidad
actual, dado que luego de la partida del último tren de la estación
de Tres Arroyos, el 1 de noviembre de 1989, quienes conocieron el servicio
y vivieron sus épocas esplendorosas lo recuerdan vívidamente
y anhelan su regreso.
Para los más jóvenes, sin embargo, que no tuvieron oportunidad
de conocer los trenes, la vieja estación y sus locomotoras abandonadas
sólo conforman un sitio parcialmente desatendido, un cuartel de
policía, ese lugar por el que se pasa durante la Fiesta Provincial
del Trigo o, en el mejor de los casos, apenas forma parte de los relatos
que han escuchado de sus abuelos.
Los chicos, y también algunos grandes, no saben que el tren llegó
a Tres Arroyos el 2 de abril de 1886, es decir, tan sólo dos años
después de la fundación de la ciudad. El trazado de vías
férreas venía desde Benito Juárez, de modo que aquel
día se inauguró un tramo más de aquel pujante ferrocarril
que alguna vez unió a todo el país.
Cinco años después, en 1891, el ramal se extendió
hasta Bahía Blanca. En 1902 se inició la construcción
del tramo que nos uniría con Lobería, que se habilitó
cinco años más tarde. Orense recibió su primer tren
el 1 de diciembre de 1910, Copetonas en mayo de 1912 y ambas localidades
quedarían definitivamente unidas en 1926 cuando se finalizó
el ramal costero que pasaba, entre otras estaciones, por Lin Calel -desde
hace varios años este último ramal ya no conserva ni siquiera
sus vías-. De esta forma toda la región había quedado
unida por el tren, que se transformó velozmente en el medio excluyente
para el transporte de pasajeros, mercadería y cereales.
Hacia finales de los años '50, en pleno apogeo del ferrocarril,
la estación local empleaba a unas 400 personas para atender las
dependencias instaladas en Tres Arroyos y las del distrito, que comprendía
las siguientes paradas, algunas de las cuales apenas eran parajes rurales:
Cascallares, Irene, Aparicio, Guisasola, Coronel Dorrego, San Román,
Bajo Hondo, Barrow, González Chaves, Vásquez, Alzaga, San
Mayol, Ochandio, San Cayetano, Defferrari, La Dulce, Energía, Orense,
San Francisco de Bellocq, Lin Calel, Copetonas, Oriente, Gil, Faro, Zubiaurre,
Nicolás Desacalzi, El Zorro, Indio Rico, La Sortija, Juan E. Barra,
Coronel Bunge, Las Vaquerías y De La Garma, todas hoy abandonadas
y con diferente estado de deterioro.
Cuando estaba próxima a cumplir 75 años de existencia, la
estación ferroviaria de nuestra ciudad tenía un movimiento
mensual de 164 trenes de pasajeros, 132 de carga y 12 de hacienda. Además,
había que sumarle los trenes especiales de carga o hacienda que
eran fletados cuando el tráfico normal no lograba abastecer la
demanda.
Datos estadísticos del año 1958 a los que pudo acceder "El
Periodista" dan cuenta claramente de lo que significó el tren
para Tres Arroyos, y por añadidura para todo el país, ya
que la situación era similar en toda la Argentina. Sólo
en octubre de aquel año en la estación de trenes local se
vendieron más de 4500 boletos (unos 145 por día), se recibieron
3700 toneladas de cereal y se despacharon 4600. Además, se despacharon
125 toneladas de encomiendas y arribaron 93.
Poco menos de 20 años después, durante la década
del '70, el transporte carretero se iba convirtiendo en una competencia
cada vez más fuerte para el sistema ferroviario, pero aún
así partían 6 trenes de pasajeros por día y 4 día
por medio. Este movimiento de convoys se debía a que aproximadamente
unas 100 personas al día demandaban el servicio con destino a Buenos
Aires, Bahía Blanca o cualquiera de las localidades intermedias.
En 1986, cuando ya algunos políticos privatistas hablaban del déficit
que producía el ferrocarril, en Tres Arroyos se celebró
un acontecimiento muy especial. El 2 de abril de ese año se conmemoraron
los 100 años del arribo de la primera formación ferroviaria
a la ciudad. Apenas 3 años más tarde se escuchó por
última vez el silbato de una locomotora que partía hacia
la Capital Federal. En marzo de 1993 las vías, sí, sólo
las vías, es decir, esos hierros que hoy sólo pueden correr
trenes a 60 kilómetros por hora, fueron concesionadas a una empresa
privada.
|
JOSE PEÑA
El último jefe
José Peña fue el último jefe
que tuvo la estación ferroviaria de Tres Arroyos. Su vida
ha transcurrido por entero entre los rieles, los vagones y las locomotoras.
Comenzó a trabajar en el ferrocarril como peón general
en la estación de Oriente el 30 de marzo de 1947. El 7 de
febrero de 1976 se hizo cargo de la estación local y siguió
en esa función hasta que simplemente se olvidaron de él.
Peña es uno de los tantos hombres que conforman la historia
viva de lo que fue el ferrocarril en sus años gloriosos.
Hacerle una visita en su casa, que está emplazada en el predio
que ocupó la estación local, significa zambullirse
en un mundo de recuerdos maravillosos y de los otros.
"Ya no voy a atender más gente. Todos me vienen a preguntar
sobre cómo era esto antes y la verdad es que ya estoy cansado
de responder", dijo luego de asegurar que era la última
vez que hablaba con los medios o con cualquier persona sobre el
tema ferrocarril.
En realidad, Peña no está cansado de explicar cómo
fueron sus años de ferroviario, es más, el hombre
hace catarsis cada vez que tiene enfrente alguien a quien contarle
lo inexplicable, pero le da mucha bronca ser el responsable de responder
lo que cree que no le corresponde, ya que entiende que quienes destrozaron
la red ferroviaria y los concesionarios que hoy manejan algunas
vías serían los que deberían dar la cara y
las explicaciones por tanto abandono. En verdad, él también
necesita respuestas.
Acompañado todo el tiempo por su pequeña nieta, Peña
invitó a "El Periodista" a recorrer el patio de
su casa. Durante una caminata por el amplio jardín confesó
su pasión por las plantas y sus planes futuros para ese sitio,
luego hizo una pausa y señaló un viejo banco de madera.
"¿Sabés que es eso?", preguntó, y
antes de escuchar la respuesta dijo: "Estos eran los asientos
de madera que llevaban los viejos vagones de pasajeros. Este pobre
está medio descuidado, pero voy a repararlo para ponerlo
en algún lugar del jardín". Más temprano,
en el living de su casa, José había contado varios
de los datos que se incluyen en la nota central de este informe,
mencionó que tenía aquel asiento y que nos permitiría
fotografiarlo porque es una reliquia, una verdadera antigüedad.
"Esta glorieta la construí cuando vine a esta casa",
comentó cuando salíamos del patio con destino a los
viejos andenes para tomarle algunas fotografías. "¿A
mí me vas a sacar fotos?. No entiendo muy bien para qué,
pero bueno... sacame alguna con mi nieta".
La consulta de Peña probablemente se deba a que aún
no ha caído en cuenta de que tanto él como sus ex
compañeros son la conexión con un pasado que no debe
perderse, que es muy importante no olvidar. Ese pasado muestra que
alguna vez en este bendito país hubo oportunidades y riquezas
que algunos delincuentes se encargaron de robar.
En el ex andén principal, este periódico despidió
al último jefe que tuvo la estación ferroviaria de
la ciudad, Pero el hombre decidió que iba a acompañarnos
hasta la salida de la estación, o del cuartel de policía,
o de su casa. En fin, de todo eso en lo que se convirtió
lo que antes fue un símbolo de la importancia de zonas como
Tres Arroyos.
|
|
COLUMNISTA INVITADA
Las venas de Argentina
Por Stella Maris Gil de Jiménez
El ferrocarril marca un siglo de vida argentina.
Tres Arroyos recibió el riel en 1886 y a partir de allí
se sumó a toda la red de acero que recorría gran parte
del país. Los frutos de nuestra tierra partían en
los trenes de carga hacia los puertos marítimos y desde allí
se extendían al mundo.
Los trenes de pasajeros fueron el medio más utilizado por
los viajeros durante varias décadas. En esos trenes vinieron
los inmigrantes "llamados" por sus parientes o en soledad.
Todo venía y salía por el tren. Su arrollador ruido
lo anunciaba en la distancia y el silbato determinaba su llegada
cuando las señales bajaban como para saludarlo y darle entrada.
Los diarios, las revistas, las encomiendas, los encargues, las cosas
más insólitas viajaban en los coches anexados al de
pasajeros.
El andén era una fiesta, ruidos, corridas, abrazos, valijas,
niños que quieren desprenderse de la mano de sus padres,
el guarda constituído en el personaje central del acontecimiento
trajedado con su uniforme gris y la repetición de las rutinas
de los trabajadores ferroviarios.
El tren cruzaba los campos, aullando, airoso con su carga humana
o su riqueza de hacienda o de cereal y en la ciudad generaba punto
de reunión, de encuentros, de fiestas. No sólo fue
un medio de trabajo, sino de vida.
El barrio de la estación fue creciendo al conjuro de los
trenes, los hoteles, los bares, los negocios, las casas de familia,
los árboles, las construcciones inglesas del Ferrocarril
Sud. Hoy está silenciado, se quedó sin trenes.
Las políticas económicas erróneas, sin visión
de futuro, atrapadas por el auge del camión, de las rutas,
de las imposiciones extranjeras decretaron el cese de una actividad
que supo ser intensa y rica. Cuando en otros países el tren
es el medio indiscutible de transportes nosotros dijimos que no,
y en forma paulatina se fueron cerrando ramales. En nuestra región
fue el caso del ramal de la costa que le cortó la vida a
los pueblos que nacieron alrededor de sus estaciones. Posteriormente
el Roca fue restringiendo sus horarios hasta su supresión
definitiva.
Creo que hay futuro para el ferrocarril, la experiencia Buenos Aires-Posadas
y la Trochita llegando a Jacobacci son uno de los tantos indicios
que permiten prever que el Ferrocarril va a poder volver a brindar
servicios indispensables no provistos por ningún otro medio
de transporte terrestre. Es imprescindible una política nacional
con un planeamiento integrador que permita el uso indispensable
de este medio ahora semidestruido, con vías muertas, estaciones
y galpones abandonados, puentes en mal estado. Hay proyectos.
El Director Nacional de Política de Transporte Ferroviario,
Juan Roccatagliata, ha expresado que existen ejes para "recuperar
el sistema ferroviario, en una serie de acciones conjuntas público-privadas,
lideradas por el Estado Nacional y con la participación de
las provincias". Es una necesidad imprescindible que se concrete
para superar un defecto nuestro: destruir sin construir. ¿Por
qué no hacerlo?. ¿Por qué no entender la importancia
ineludible del uso del Ferrocarril?. ¿Por qué no aprendemos
del pasado?. ¿Por qué destruimos los que otros hicieron?.
¿Por qué no miramos para adelante?.
|
|
|