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EL EXTRAÑO CASO DE ESTACION VASQUEZ, UN PUEBLO
PARTIDO AL MEDIO, PERTENECIENTE A DOS PARTIDOS
Partido por el eje
Hasta 1916 en que logró su autonomía, las
tierras de lo que hoy es el partido de Gonzáles Chaves, pertenecían
a Tres Arroyos. Ese año, ante la nueva realidad, se hizo necesario
marcar los límites entre el flamante distrito y el nuestro. En
una fría oficina de La Plata, un funcionario burócrata,
o quizá simplemente desatento, tomó a su cargo la tarea.
Con tan mala puntería, que en la demarcación cortó
un pueblo en dos. Así, como se lee: la aldea de Estación
Vázquez está dividida al medio a través de su calle
principal. Mitad del pueblo pertenece a Chaves y la otra mitad a Tres
Arroyos. Una situación atípica, que ha dado para más
de un mal entendido, historias curiosas y circunstancias graciosas, varias
de las cuales rescató "El Periodista" en una visita que
efectuó al extraño pueblo que está "partido
por el eje"
"Esto es la única cosa que tiene la gente,
si yo dejara de atender no sé dónde irían, tal vez
a jugar a las cartas a una alcantarilla porque no hay otra cosa",
le dijo Nelsi Morisi de Goñi a "El Periodista" desde
atrás del mostrador de su comercio, el único negocio que
sigue con las puertas abiertas en la localidad de Vásquez y que
por esta condición brinda un servicio múltiple: es una extraña
mezcla entre antiguo bar, almacén de ramos generales y salón
de entretenimientos, lo que lo convierte en cita obligada para cualquier
habitante del pueblo o trabajador rural que desee comprar algún
producto comestible o de farmacia, tomar una copa o pasar un rato ameno
jugando a los naipes.
Vásquez es una de las tantas localidades de nuestro país
condenadas a la desaparición luego que el ferrocarril pasara a
ser apenas un lejano recuerdo. Pero además, este sitio fue marcado
por un hecho que no registra demasiados antecedentes en el mundo. El poblado
es compartido por los distritos de González Chaves y Tres Arroyos,
lo que equivale a decir que el límite entre estos dos partidos
bonaerenses pasa exactamente por el medio de la población, cuestión
que ha dado para más de un mal entendido, historias curiosas, circunstancias
graciosas e ironías varias.
La aldea está ubicada a 19 kilómetros de Adolfo González
Chaves y a 25 kilómetros de Tres Arroyos. Es la localidad más
antigua de nuestro distrito, fue fundada en 1886, dos años después
que nuestra ciudad. En 1937 tenía 1682 habitantes y era un sitio
pujante, hoy viven 40 personas, la mayoría son jubilados, algunos
trabajadores rurales y un mecánico. En el lugar funciona la Escuela
Rural Nº 2, que pertenece al distrito de Chaves, a la que concurren
este año 12 alumnos.
Nelsi está casada con el hijo de Ramón Goñi, un inmigrante
español que llegó a Vásquez desde su Pamplona natal
en el año 1933 cargando una pequeña valija con ropa y un
violín bajo el brazo. El hombre encontró en este sitio su
lugar en el mundo, pues rápidamente se convirtió en figura
y referente del pueblo. Tocaba el violín y el piano, lo que le
sirvió para darle un fuerte impulso al Centro Teatral Vásquez
(C.T.V.), que había sido fundado años antes por otro de
los pioneros del lugar, Cayetano Zibecchi.
Goñi era un autodidacta que aprovechó sus conocimientos
para enseñarle a leer y escribir a varios vecinos. Fue corresponsal
de los diarios "El Heraldo", de González Chaves y "La
Hora", de Tres Arroyos. También tenía afición
por la pintura y por la historia. Era un artista, pero también
un consejero en toda clase de asuntos y un educador informal. Los pobladores
lo adoraban y muchas personas no tomaban decisiones importantes en su
vida sin hablar antes con él. En reconocimiento a su contribución
al desarrollo del lugar y su gente, la Comisión Municipal de Extensión
Cultural de Adolfo González Chaves le otorgó en 1970 el
premio Distinción Cultural del Año y en el mismo acto se
le puso su nombre a la calle que pasa frente a la que era su vivienda.
Murió el 26 de enero de 1974.
Pero Goñi no es el único hombre en la localidad que cuenta
con una calle en su honor. Cayetano Zibecchi, un respetado agricultor
de la zona y responsable de la construcción del Centro Teatral,
también recibió un merecido homenaje cuando se le colocó
su nombre a la arteria que pasa por delante de este edificio, el más
emblemático del pueblo.
Según consta en documentos, Zibecchi poseía varios terrenos
y era tan generoso que no tenía inconveniente ninguno en obsequiarle
cualquiera de ellos a quien deseara afincarse en Vásquez. La única
condición que imponía a cambio era que se plantaran árboles
en el pedazo de tierra cedido. Así fue como se logró que
se convierta en uno de los caseríos más forestados de la
zona.
Goñi y Zibecchi son las únicas calles nominadas de Vásquez
y, como no podía ser de otra forma, ambas se unen en una esquina
en la cual ha sido emplazada una señalización que consiste
en un poste de madera en cuyo extremo hay dos carteles de chapa pintados
de verde sobre los que están impresos los nombres de los dos próceres
locales en letras de color amarillo.
Pero la historia de la partición de Vásquez tiene origen
mucho antes de que estos precursores trabajaran duro en el engrandecimiento
de su terruño.
El 22 de agosto de 1916 Adolfo González Chaves logró su
autonomía. Hasta ese momento sus tierras eran parte del distrito
de Tres Arroyos. Aquel día, desde una oficina distante y fría
en la ciudad de La Plata, alguien se ocupó de trazar el límite
entre el flamante partido y el nuestro sin advertir que la demarcación
dividía a Vásquez exactamente por la mitad, otorgándole
el extraño "privilegio" de pasar a ser un pueblo perteneciente
a dos comunas diferentes. Esta anomalía generó infinidad
de dificultades, un sinnúmero de hechos curiosos y frondoso anecdotario.
Una de las consecuencias de ser un pueblo partido al medio es que en Vásquez
jamás se han podido habilitar mesas para ningún tipo de
acto eleccionario. Los que viven del lado de Tres Arroyos deben votar
en la localidad de Claudio Molina y los que pertenecen a González
Chaves sufragan en el Cuartel 5º de dicho partido.
Pero las historias de los efectos causados por la división del
pueblo en dos no terminan en esto ni mucho menos. Durante largo tiempo
los municipios de Chaves y nuestra ciudad tuvieron dificultades para acordar
a quién le correspondía el mantenimiento de la calle por
la que pasa el límite entre ambos distritos. Esto ocasionó
que muchas veces la arteria no recibiera cuidados o que sólo fuera
reparada una mitad de su trazado, es decir, una sola de sus manos. Finalmente,
y con buen criterio, las jurisdicciones acordaron realizar una vez cada
una los trabajos de mantenimiento de la calle por la que pasa la línea
divisoria.
Actualmente, el lado de la localidad que mejor luce es el que pertenece
a González Chaves. Esto se debe fundamentalmente a que la parte
tresarroyense casi no tiene pobladores ni viviendas, apenas se mantiene
en pié la vieja estación del ferrocarril.
Otra singular anécdota surgida como consecuencia de la división
del pueblo en dos refiere al nacimiento de dos clubes de fútbol
antagónicos: Sportivo Vasquense y Partidos por el Eje, que lleva
ese nombre en irónica alusión al límite trazado con
tanto descuido desde la capital de la provincia.
Ambos clubes se fusionaron unos años después de haber sido
creados, dando origen en 1953 al Club Recreativo Vásquez, cuya
sede y lugar de reunión era el Centro Teatral Vásquez. De
todos modos quedaron las historias que relatan los duros cruces que se
daban entre los equipos y los simpatizantes de las dos instituciones futbolísticas
primigenias.
Hasta el presente han llegado los comentarios que dan cuenta que la rivalidad
alcanzó niveles sorprendentes. Los partidos se jugaban con excesivo
fervor y mucha pierna fuerte. Pero la disputa no se terminaba en la cancha.
Jugadores e hinchas llegaron a tal grado de fanatismo por su equipo que
luego del juego era completamente normal que se produjeran trifulcas entre
los habitantes de cada lado del pueblo.
Hoy ya no quedan ni rastros de la cancha de fútbol donde se desataban
tantas pasiones, se ha convertido en un terreno repleto de yuyales en
el que sólo se oye el viento. Cuesta imaginar cómo serían
aquellas tardes de domingo en las que cada grito de gol ponía una
división más real entre los que habían quedado a
cada lado de una línea invisible trazada en el escritorio de un
burócrata desatento o quizás poco prolijo.
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