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Los enterradores del cementerio realizan una tarea nada envidiable y, para colmo de males, cobran un salario de mala muerte

 

 


ENTERRADORES, REDUCIDORES... CRONICAS DE EMPLEADOS
DEL CEMENTERIO, UN TRABAJO QUE NO CAUSA ENVIDIA

Tumberos

Nadie les envidia el trabajo. Son, de alguna manera, empleados de la parca. Enterradores, reducidores... agentes municipales que, dicen, han perdido "la sensibilidad" por la tarea que les toca desarrollar. Tres de las ocho personas asignadas a la labor hablaron con "El Periodista". La crónica de sus días es para leer de riguroso luto. Exclusivo

Existen trabajos que probablemente casi nadie tenga en cuenta que hay gente a la que le toca hacerlos. A lo sumo, habrá quienes piensen que hay ciertas cosas que alguien debe realizarlas porque así son, pero nada más. Por azar del destino o porque no les han quedado más alternativas, algunas personas se ganan la vida trabajando para la parca. Entre otros, entran en esta categoría los enterradores, quienes realizan una tarea nada envidiable y, para colmo de males, cobran un salario de mala muerte.
José Guzmán tiene 51 años y hace 12 que está en el cementerio municipal. A más de una década de distancia igualmente no le fue difícil recordar en qué pensó en su primer día de trabajo en el camposanto. "Cuando llegué por primera vez me dije: yo acá no estoy ni una semana. Pero después fue pasando el tiempo y esto se me convirtió en un trabajo como cualquier otro."
¿Te acostumbraste?
Te acostumbrás a ciertas cosas y otras no. A lo que no podés acostumbrarte es al dolor de las personas. Es un trabajo ingrato. Si te dieran a elegir, no elegís algo como esto por nada del mundo.
"Cuando nos toca sepultar a una persona joven es cuando tenemos el dolor más grande. Ves a los padres sufrir y no es nada agradable. Pero bueno, a eso uno también se va acostumbrando. Yo trabajaba en la terminal y había pedido el pase para cualquier dependencia. Cuando me dijeron que venía al cementerio no me gustó ni medio, pero acá estoy", apuntó Fabricio Duarte, que con 34 años de edad lleva 13 como empleado municipal y 4 de enterrador.
Miguel Angel Paso, de 40 años, fue enviado al cementerio hace poco más de 12 meses luego de 13 años de cumplir tareas en otras áreas. "Cuando me enteré que venía al cementerio no lo podía asumir, pero igual tuve que acostumbrarme a la idea. Si pudiera ir a otro lado me iría, no porque esté mal con los compañeros o con el jefe… Lo que pasa es que yo creo que acá perdés la sensibilidad al dolor", dijo.

Tarea insalubre

Estos tres hombres y cinco más que no participaron de la charla con "El Periodista" son los responsables de realizar diversas tareas en el cementerio, entre ellas los entierros, el cavado de fosas y tareas generales de mantenimiento. De los ocho empleados, sólo cuatro tienen una categoría que los hace responsables del trabajo tal vez más desagradable e insalubre que debe realizarse en la necrópolis: las exhumaciones destinadas a reducir los restos de un cuerpo o a reparar algún tipo de problema en el enterramiento.
Tras escucharlo decir a Paso que es un trabajo en el que se pierde la sensibilidad, al cronista de este periódico sólo pudo ocurrírsele una pregunta de respuesta verdaderamente impredecible:
¿Han tenido que enterrar a algún familiar?
Guzmán: Sí, nos ha pasado de tener que echarle tierra a alguien cercano.
Duarte: De todos modos, entre los compañeros nos ayudamos y en esos casos intentamos evitar que alguien tenga que hacer un sepelio de alguien cercano.
¿Qué cantidad de inhumaciones has hecho en 14 años?
Guzmán: Tenés que hablar de miles. Calculá un promedio de entre 40 o 50 por mes. Y eso sin contar las reducciones o los traslados de un cuerpo de bóveda a tierra, por ejemplo.
¿Cuando hacen esos movimientos están presentes los familiares del difunto?
Paso: Sí, en esos casos casi siempre hay un familiar presente. Por ahí la gente mira de lejos, pero vienen.
Duarte: Pero hay de todo tipo de gente. Algunos tienen curiosidad y están encima del trabajo nuestro para ver cómo es. Lo más habitual es que les de impresión y tomen distancia enseguida, pero otros se quedan viendo todo.
¿Con qué tipo de elementos trabajan en esos casos?
Guzmán: Usamos guantes de goma, barbijo y máscaras.

Muertos de risa

La tentación de hacer un anecdotario del trabajador del cementerio es insoslayable por varias razones. ¿Qué tipo de cosas pueden sucederle a alguien que trabaja todos los días con la muerte? ¿Todo lo que ocurre en un cementerio es tan sombrío como cualquiera lo imagina? ¿Caben las risas en medio de un sitio en donde el dolor y las ausencias se pegan a la piel como la ropa mojada?.
"Hasta ahora no me han pasado muchas cosas raras. Pero una vez me tocó bajar un cajón a la tierra y tuve la mala suerte de que justo en ese momento me resbalé. El cajón se me cayó encima. Me levanté lo más rápido que pude tratando de disimular la situación", dijo Miguel Angel al momento de recordar hechos que le hayan quedado grabados en la memoria.
Duarte tuvo una experiencia semejante, aunque, a diferencia de su compañero, no tuvo la posibilidad de ocultar la metida de pata. "Con un compañero del turno tarde estábamos haciendo un sepelio y mientras llevaba el cajón me caí adentro de la fosa. El cajón se me cayó encima del pecho y una pierna me quedó adentro y otra afuera de la fosa, se me rajó el pantalón y se me veían las partes íntimas. No sabés lo que fue. Estaba lleno de gente. En medio del entierro era muy raro ver como la mayor parte de la gente se ponía colorada por el esfuerzo que hacían para contener la risa. Yo estaba loco de la vergüenza".
"A mí lo que me ha pasado es enterrar a alguien que creí saber quien era y poco después me lo encontré acá mismo vivito y coleando. También me ocurrió lo contrario: sepulté a una persona que tiempo después, al ver su foto en la tumba, me di cuenta que conocía", comentó José.

Anécdotas de deudos

Las historias de los sepultureros surgían con naturalidad, no hubo que insistir mucho para que narraran aquellas cosas que muy posiblemente les han preguntado varias veces sus allegados más morbosos. "Un día vino una señora y nos pusimos a conversar. Como es lógico, en este lugar la gente te habla de muerte. La señora me contó que había hecho cremar a su esposo y que tenía las cenizas en su casa, arriba de la mesa de luz de la habitación. Pero eso no fue todo. Me dijo que el hombre era fanático de Racing y que ella cuando juega ese equipo le prende la radio para que escuche el partido", recordó Duarte sin disimular el asombro que todavía le produce aquel relato.
Fabricio Duarte también fue testigo de otro caso asombroso sobre la relación de las personas con sus muertos. "Una vez tuvimos que cambiar la caja metálica dañada del ataúd de un señor que falleció hace como 30 años. Los hermanos de este hombre vinieron a ver cómo hacíamos nuestro trabajo. Cuando estábamos empezando escucho que los señores se preguntaban entre ellos acerca de cómo estarían los restos de su hermano. La curiosidad fue tan grande que cuando abrimos la metálica quisieron ver el cuerpo. Inmediatamente dijeron que el hombre había cambiado, que tenía los pelos y las uñas más largas; hasta que en un momento nos dijeron que el cadáver tenía la cara sucia y que querían lavársela. Tuvimos que permitirles que lo hagan".
Claro que no todas las anécdotas son, digamos, simpáticas. También ocurren cosas que les recuerdan que el de enterrador no es un trabajo como cualquier otro. "Pasa seguido que la gente quiera evitar con violencia que sepultes al familiar. Algunos nos han llegado a insultar. Lógicamente, nosotros entendemos que eso pasa por el mal momento que están viviendo, pero es horrible tener que vivir esas cosas", dijo Guzmán. "En esos casos la mayoría de las personas después te pide disculpas. Pero el mal trago lo pasás igual", apuntó Fabricio.

Riesgos del trabajo

¿Han tenido alguna vez dificultades para dormir o algún otro problema relacionado con este trabajo?
Paso: Para dormir nunca tuve problemas, pero muchas veces llego a casa sin ganas de comer. Esto me suele pasar cuando hacemos alguna reducción.
Duarte: Es que el olor que despide un cuerpo en descomposición es muy intenso.
Para trabajar acá, como se dice en la calle, hay que tener un estómago especial...
Duarte: Y sí, pero hay días que igual no lo soportás. Y menos mal que ahora tenemos mejor instrumental que hace algunos años. Tenemos máscaras y guantes descartables.
¿Por qué son necesarios esos elementos?
Duarte: Por las infecciones. Uno de los riesgos que corremos es que las infecciones ingresen a nuestro organismo por la vista. Por eso usamos antiparras.
Guzmán: En ese sentido las cosas han mejorado mucho. El administrador ha trabajado para que nos den todo lo necesario. Igualmente, nunca le dan demasiada bolilla al cementerio.
Imagino que la mayoría de la gente debe pensar: Y bueno, alguien tiene que hacer este trabajo...
Duarte: Sí. Y fijate que es un trabajo que está mal visto por dos razones. Primero porque somos municipales y segundo por el trabajo en si mismo, pero nosotros acá hacemos cosas que un privado no haría. Yo, igual que Guzmán, soy reducidor, tengo categoría 4, y con 6 hijos a cargo cobro un sueldo de 600 pesos. Es evidente que estamos mal remunerados. No es culpa del intendente, pero hay áreas del municipio que cobran mil o mil y pico de pesos y nosotros estamos por allá abajo.
Guzmán: Y ojo, él te dice que cobra 600 pesos porque incluye el salario familiar. Yo no cobro eso, a mí me pagan 400 y monedas.
Las tareas que realizan los trabajadores del cementerio son consideradas insalubres. Desde hace un tiempo, según comentaron los empleados entrevistados por "El Periodista", vienen reclamando que el beneficio económico por la insalubridad alcance a todos los obreros dado que hoy día sólo perciben el plus correspondiente quienes tienen la categoría de reducidores. Los empleados entienden que los trabajadores que cumplen con actividades en cualquier sector externo de la necrópolis deberían percibir el monto por insalubridad.
"Son 52 pesos mugrosos, pero bueno, son 52 pesos que le corresponden a todos. Si te agarrás cualquier peste que pueda haber acá, con esa plata no hacés nada, pero lo justo es que le otorguen ese beneficio a todos", finalizó Duarte.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina