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de Tres Arroyos

 

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"Así es la historia, es durísima", dice Fabio con la voz entrecortada y con el recuerdo intacto de aquella mujer que define como "única, agradable, simpática, muy inteligente, muy bonita. Gaby era perfecta, muy diferente a todo lo que había conocido y a su vez era mejor"

 

 


LA INCREIBLE Y TRAGICA HISTORIA DE AMOR ENTRE
UN TRESARROYENSE Y UNA ECUATORIANA

Love Story

El destino, a través de Internet, unió a Fabio y Gabriela en una intensa relación. El, tresarroyense. Ella, ecuatoriana residente en Estados Unidos. Se conocieron a través del chat, pero el "flechazo" fue tan fuerte que "Gaby" cruzó los mares para conocerlo. Frente a frente, la sensación de pertenencia mutua se acentuó. Al punto que decidieron empezar una vida juntos. La situación era mágica, de tan bella casi irreal, hasta que la tragedia truncó los sueños compartidos. "El Periodista" revela, desde el principio y hasta el final, una increíble y conmovedora historia de amor. Exclusivo

Sobre la mesa, las fotografías de Gabriela López y Fabio Duhau, eran mudos testigos de que habían existido los tiempos felices. Las imágenes fueron la perfecta excusa para iniciar ante "El Periodista" el relato de un trayecto de vida juntos. Fabio habló del amor y volvió a repasar las cosas ya dichas tantas veces. La intensidad de la historia hacían pesadas sus palabras, y producía un sentimiento de angustia que tiznaba la habitación. Pronunciaba los recuerdos con voz quebrada y estaba presente el deseo de confesar, de decirlo todo, de hablar de aquello que alguna vez había tenido.
Empezó con la noche inolvidable en que el destino los vinculó por azar. Cuando fue a acompañar a unas amigas a un cyber no presintió que a través de la pantalla podía encontrar el amor de su vida. "Ese día caí en el chat porque tenía que hacerle el aguante a unas amigas que solían estar una hora y media conectadas. Hasta ese momento solo dos o tres veces había chateado". Ingresó con la intención de conocer a alguna argentina y en la lista de nombres apareció ella: gabriela1978ar. Sin dudarlo apretó dos veces el botón derecho del mouse. El imaginar que las dos últimas letras (ar) significaban que aquella mujer era argentina fue la llave para iniciar la primera conversación. Pero del otro lado del mundo, en Estados Unidos, la ecuatoriana le respondió quizás sin saber que desde ese momento no podría olvidarlo jamás. Al igual que Fabio, no acostumbraba a ingresar al chat, sino que le gustaba oír las conversaciones virtuales para sentirse acompañada mientras trabajaba. Pero ese 18 de marzo de 2002, Gaby y Fabio comenzaron a ser protagonistas en ese mundo simbólico y sin darse cuenta pasaron más de cinco horas intercambiando experiencias, ideas, costumbres, gustos y hasta se describieron para intentar hacer más real el vínculo.
Por coincidencia, fortuna, energías cruzadas o quien sabe por qué, se encontraron en aquella pantalla y a partir de ahí la necesidad de tener noticias del otro se tornó una obsesión diaria. "Día por medio chateábamos o nos enviábamos mensajes, se había tornado como un vicio, era ir todos los días a ver que novedades tenía o si estaba conectada".
Pasados quince días de la primera vez, ella quiso conocer su voz y él aguardó que la promesa del llamado se concretara. "La estuve esperando una hora y media y no me llamaba, entonces pensé que me había verseado. Cuando me acosté a dormir sonó el teléfono y era ella". A partir de ahí los llamados telefónicos se tornaron frecuentes. "Estaba en una cena con amigos, sonaba el teléfono y yo dejaba todo para hablar dos o tres horas".

Jugate conmigo

A principios de mayo Gabriela le confesó que no le importaba tener que cruzar los mares para conocerlo. Hasta ese momento su figura era un esbozo que Fabio había armado en su imaginación uniendo las cualidades que le había mencionado: no era muy alta, morocha, de pelo largo, delgada y con rasgos típicamente latinos. Sin embargo cada día ansiaba descubrir su rostro, aunque más no sea por intermedio de una fotografía que ella misteriosamente se negaba a enviarle. "Una tarde chateando insistió en que cruzaría los mares para conocerme y yo le contesté que si tenía pensado venir a la Argentina le enseñaría costumbres de acá. Entonces me dijo: ´no es que tengo pensado ir, es que voy a ir´". A los dos días le anunció que el 11 de junio la esperara en Ezeiza. "Ahí me empezó a agarrar la locura y la ansiedad, esos veinte días fueron mortales". Fabio insistió en que le enviara una foto para reconocerla el día de su arribo, pero ella le planteó una elección: "o me conocés por foto o personalmente, no pueden ser las dos cosas", y le dejó abierta la posibilidad de que si la primera impresión no era lo que él esperaba se lo dijera directamente y ahí terminaba la historia.
Aquel mediodía de junio tres aviones arribaron desde Norteamérica. "En ese momento me fumé medio atado de cigarrillos, pegaba cuatro o cinco pitadas y los tiraba. Miraba cada chica que iba saliendo sola e iba descartando según las cualidades. Por ahí veo que se acerca una y pensé ´jean si, campera negra si, morocha...´y cuando ya me quedaban poquitas cosas para tildar la tenía enfrente. ´Hola Fabio´, me dijo, y quedé tarado. No me la había imaginado, es que se juntaron las dos cosas: era una mujer muy linda por dentro y personalmente era muy bonita. Pasé un papelón, porque desde que la saludé hasta que salimos a la puerta de Ezeiza estaba nervioso, no me salía ni papa y pensaba ´esta mujer va a pensar que soy un idiota´".
Para Gabriela, de tan sólo 25 años, era natural recorrer el mundo. Conocía cuatro idiomas, era estudiante de ingeniería en sistema y trabajaba dando clases de inglés y español en una universidad americana, todo esto sin dejar de lado su rol de madre, ya que tenía dos hijos de 8 y 3 años de un matrimonio que no prosperó.
Quince días que estuvo en Tres Arroyos fueron suficientes para confirmar que el vínculo que los unía definitivamente era el amor. Y se deslumbró con el mundo que él le mostró, tan diferente al que conocía. Cuando tuvo que partir supo que era para volver y le propuso a Fabio que tramitara los papeles porque en septiembre venía a buscarlo para ir juntos a Ecuador. "Estaba esperando que ella me dijera ´venite conmigo´, veníamos de dos mundos totalmente diferentes pero a mí no me importaba nada para estar juntos. Me preocupaba que pensara que yo estaba a su lado para irme o conseguir una visa, pero si ella me decía ´vamos´ me iba, por el solo hecho de que yo tenía menos cosas que perder. Gaby quería quedarse pero la frené, ella no podía dejar todo".

Mucho más que dos

A los pocos días Gabriela cambió de planes. La idea era venir en septiembre y quedarse tres meses para probar la convivencia. A principios de octubre volvió a Tres Arroyos y esta vez la relación se estrechó aun más al punto de proyectar un futuro juntos. "Un día salimos a cenar con una pareja de amigos, fue el 7 de noviembre de 2002. Cuando la pareja se fue, Gaby me preguntó por qué ellos no formalizaban si hacía tanto tiempo que salían, y ahí me dio el pie para preguntarle ´¿te casarías conmigo?´. Primero pensó que yo estaba borracho y cuando vio que no era así me dijo que desde el primer día estaba esperando que se lo propusiera. La idea era casarnos ahí nomás, pero no podíamos hacerlo porque después íbamos a estar separados. Entonces fijamos un plazo de un año: el 7 de noviembre de 2003". Para esto Gabriela ya había conseguido un trabajo en los servicios diplomáticos de Estados Unidos e iba a intentar el traslado hacia nuestro país, o en su defecto a Ecuador o Montevideo, porque no querían seguir separados.
El 28 de noviembre ella regresó a Norteamérica y un mes después Fabio recibió una noticia que intuía. "Después de las fiestas me llama y me dice que tenía que decirme algo, yo ya lo presentía y le dije ´estás embarazada´. Estaba enloquecido, habíamos hablado muchísimo el tema de ser una familia y tener hijos".

Es el destino

La alegría de saber que llegaría un bebé duró poco tiempo. En esos días el padre de Gabriela -Héctor López, residente en Guayaquil, Ecuador-, fue asaltado y golpeado violentamente, debiendo ser hospitalizado en estado de coma. Los nervios y el stress lógico de la situación interrumpieron el embarazo. Esa fue la primera señal de que el destino había empezado a revertir la historia que había tejido un año atrás.
"Gabriela iba a venir para la fecha de mi cumpleaños. Cuando faltaban diez días para esto, en julio, dejé de tener noticias por tres o cuatro días y la empecé a llamar, el celular me daba apagado y yo no sabía que pasaba". Para esto, el ex marido, enterado de la relación con el tresarroyense, y aprovechando que Gabriela durante la semana trabajaba en Londres, se había llevado a sus hijos fuera del país. "Después de tres meses de sufrimiento logró saber dónde estaban, tramitó la extradición y los trajo de vuelta. En ese momento ya no dependía de nosotros el estar separados".
Cuando recuperó a los dos pequeños, la ilusión de estar cerca se hizo más latente: Gaby había logrado el traslado laboral a Buenos Aires y ahora solo restaba conseguir los pasajes, que se tornaba difícil en aquella época dada la gran demanda.
"Eso fue a fines de octubre. Hablamos por teléfono, el sábado estuvimos conectados un rato y el lunes íbamos a volver a chatear. Ese día no tuve noticias de ella, el martes tampoco, era raro porque siempre me dejaba mensajes. Pensé que había tenido que viajar y el miércoles recibo la noticia...".
Como algo inexplicable e injusto, esta vez el destino se había hecho presente de la manera más cruda. "A los tres días de no saber nada, Edison, un amigo de ella, me informó que Gaby había tenido un accidente en la autopista cuando venía de su trabajo. Volvía con mucha lluvia, había perdido el control de la camioneta y se había chocado un camión. Estaba internada, la habían operado, había salido bien, pero a los médicos les parecía raro que no se despertara, estaba en coma". El hecho lo encontró a Fabio anclado en Tres Arroyos, sin la posibilidad de estar cerca de la mujer que amaba y con la angustia e incertidumbre de no saber que podía pasar. Y lo peor sucedió: los médicos la declararon en coma profundo y al poco tiempo Gabriela murió. Como una ironía de la vida, casi en el mismo momento de perder a su hija, Héctor López -el papá-, recibió un sobre con el nombramiento que ella ansiaba y los pasajes abiertos para radicarse en Buenos Aires e iniciar su vida con la persona que tanto amaba.

Volver a empezar

"Así es la historia, es durísima", dice Fabio con la voz entrecortada y con el recuerdo intacto de aquella mujer que define como "única, agradable, simpática, muy inteligente, muy bonita. Gaby era perfecta, muy diferente a todo lo que había conocido y a su vez era mejor".
Las vivencias fueron tan fuertes y tan intensas que Fabio hoy debe luchar para rehacer su vida. "Es que no me queda otra. Gracias a mis amigos y mi familia sigo. No es fácil porque de tener una vida prácticamente planeada me quedé sin nada. Arranqué de cero, con lo básico, lo justo y necesario". Dentro de todo lo malo intenta encontrar una explicación, algo que le permita entender qué mensaje quiso dejarle el paso de Gabriela por su vida. "A veces me reniego de un montón de cosas, pero por lo que viví me doy cuenta que lo único que vale o por lo que hay que preocuparse es por estar sano, estar bien y tratar de disfrutar de todo. Hoy no quiero proyectar más cosas a largo plazo, no tengo planes, no quiero sacar cuentas antes de tiempo".

Desde Guayaquil, Ecuador

HECTOR LOPEZ, EL PAPA DE GABRIELA

"Publíquenlo, por favor"

En febrero, un mail llegado a "El Periodista" a través de su portal en Internet, causó curiosidad en la redacción. "Publíquenlo, por favor", era el título, casi un ruego. El autor, Héctor López, el papá de Gabriela, desde Guayaquil, Ecuador. En el texto, que pedía se hiciera público, agradecía al tresarroyense Fabio Duhau todo lo que había hecho por su hija, llenándola de dicha, esperanza y felicidad. Y dejaba entrever que una desgraciada circunstancia había truncado la existencia de su descendiente.
A partir de aquellas líneas, cuyo contenido se está dando a conocer ahora en estas páginas, cumpliendo de tal modo con la solicitud de don Héctor, "El Periodista" se abocó a la búsqueda de Fabio Duhau para conocer los detalles de la historia de amor que se revela en la nota central.
Héctor y Fabio, el padre y el novio de la infortunada Gabriela, necesitaron vincularse tras su muerte. Los unió la pérdida del ser más querido. Hasta ese momento nunca habían tenido contacto. Ahora quieren conocerse personalmente para juntos tratar de mitigar el dolor. Quizás los dos buscan mantener presente la imagen de Gabriela, como una forma de sanar las heridas que los acompañarán por siempre. En este intento, el único proyecto que Fabio se permite es viajar a Guayaquil para despedir a la mujer de su vida y conocer a quienes fueron sus afectos.

 

 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina