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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista

 

Atlantic Ville existe, y “El Periodista” lo recorrió con la experta guía de Alejandro Burgauer, propietario del 70 por ciento de los lotes, a bordo de su envidiable Jeep Willys que conduce con pericia sobre las enormes montañas de arena y la a veces invisible traza de los caminos
El periplo hacia Atlantic Ville empieza cuando se atraviesa una tranquera que separa lo que todo el mundo conoce como el “bosque de Gesell” de la última calle urbanizada de Dunamar. Allí, el camino se abre en medio de especies vegetales
Luego de atravesar médanos y de buscar caminos para facilitar el acceso, se llega hasta Atlantic Ville. La única señal de presencia del hombre son las huellas de algún cuatriciclo. Enfrente está el mar. A las espaldas, el bosque. Increíble
Una postal atípica, inaccesible, que no forma parte del circuito comercial. Así se ve Claromecó desde Atlantic Ville

 

 
EL PUEBLO COSTERO QUE EXISTE EN LOS MAPAS,
PERO NUNCA LLEGO A CONCRETARSE

Expedición a Atlantic Ville,
el paraíso oculto

Expedición a Atlantic Ville, el paraíso oculto. De la mano de Alejandro Burgauer, nieto de Ernesto Gesell y propietario del 70% de los lotes, "El Periodista" visitó el pueblo costero que existe en los mapas -a 5 kilómetros de Claromecó-, pero nunca llegó a concretarse. Exclusivo

Es imposible desmentir lo que los números y mapas muestran. Detrás de esa puerta mágica a un bosque que escribe líneas verdes sobre médanos indómitos hay un pueblo trazado pero que nunca llegó a levantarse. Es Atlantic Ville, unas 50 hectáreas cuyos lotes se vendieron en la década del '50 y que, heredados hoy por nietos y demás familiares de los adquirentes originales, aparecieron como por arte de magia en sucesiones, intimaciones impositivas o recuerdos deshilados de algún tío anciano.
Sin embargo Atlantic Ville existe, y "El Periodista" lo recorrió con la experta guía de Alejandro Burgauer, propietario del 70 por ciento de los lotes, a bordo de su envidiable Jeep Willys que conduce con pericia sobre las enormes montañas de arena y la a veces invisible traza de los caminos.
El periplo empieza cuando se atraviesa una tranquera que separa lo que todo el mundo conoce como el "bosque de Gesell" de la última calle urbanizada de Dunamar. Allí, el camino se abre en medio de especies vegetales que forman un mosaico variado donde la tenacidad de don Angel Fangauf ha dejado su impronta. El silencio es total, apenas se oye el viento costero y el canto de los pájaros. Hay lugares por donde el sol espía entre los pinos, en otros, las copas se tocan, se cierran y es el imperio de la sombra.
Para mantener el bosque en estas condiciones tan atractivas, fue necesario un intenso raleo que permitió la supervivencia de las plantas. Hacia el mar, el pino marítimo mantiene sus ventajas, no desprende pinocha y sobrevive en mejores condiciones. Del otro lado, otras especies son más susceptibles y hay que cuidarlas cotidianamente por el peligro de incendios.
Luego de atravesar médanos y de buscar caminos para facilitar el acceso -Burgauer se ha tomado el trabajo de colocar mojones en la forma de barriles, pero a veces los desaprensivos los hacen desaparecer-, se llega hasta el loteo propiamente dicho. Allí, la única señal de presencia del hombre son las huellas de algún cuatriciclo. Enfrente está el mar. A las espaldas, el bosque. Increíble.

Curiosidad
Con el paso del tiempo, unos 20 herederos de lotes en ese predio desconocido comenzaron a aparecer e interesarse por este lugar.
"Quienes se acercan lo hacen con curiosidad, no saben muy bien con qué se van a encontrar y nos preguntan qué hacer con los lotes. Les aconsejo que los guarden porque hay algo que tenemos que entender: el casco urbano de Claromecó no se puede expandir ni más allá de Villa Faro ni tampoco más allá de la bajada de los pescadores en Dunamar. Legalmente es imposible, están prohibidas las bajadas vehiculares a la playa. No es solamente la bajada de tosca, está prohibido el tránsito vehicular. Que aquí no haya llegado la conciencia del daño que hacen los vehículos no significa que el daño no exista. Basta con ver como queda la playa. Además, ni siquiera se entiende que circulan por propiedad privada", advirtió Burgauer.

Seguridad
Hay aspectos que, según Burgauer, condicionan la urbanización de Atlantic Ville en el corto y mediano plazo. "La llegada de servicios sería probable pero muy costosa. Pero en realidad no sabemos si tiene sentido, porque si es por la energía eléctrica se puede manejar con un grupo electrógeno, como fue en Dunamar hasta 1964. El agua es apta para consumo humano, así que lo que más me preocupa no son los servicios sino la seguridad. Hoy, si cualquiera de los propietarios delimitara su terreno y construyera su propiedad, volvería el verano que viene y no encontraría nada. Y eso no es posible arreglarlo, porque no se puede cercar, hacer un barrio cerrado. Es un tema de maduración de la conciencia acerca del turismo que queremos desarrollar. Claromecó, y sobre todo Tres Arroyos, tienen que entender que no basta con apoyar el turismo, hay que desarrollar la única alternativa turística que nos queda: brindar servicios y cuidar las playas. No podemos hablar ni siquiera de la pesca artesanal, porque uno va a pescar y no saca nada. No se entiende cómo no se decretó una veda", advirtió.
Otra cuestión claramente desfavorable tiene que ver con el acceso al loteo, que implicaría la apertura de un camino de quizá más de 5 kilómetros con un paisaje inmejorable, ya que atravesaría un bosque, pero muy peligroso desde el punto de vista de la seguridad tanto para quien lo transita como para el factor ambiental. "Ese tramo, que debería cruzar unas 700 hectáreas de bosque, sería inmanejable desde ese punto de vista. Hay que proteger al vecino pero también cuidar ese bosque", determinó Burgauer.
Sin embargo, una fortaleza indudable es el hecho de que el loteo fue aprobado en 1949, con la legislación vigente por entonces en materia de urbanizaciones costeras, y hoy sería posible para los propietarios desarrollar su proyecto inmobiliario sin trabas. "Cualquiera de ellos puede ir, demarcar su terreno y construir, lo que ocurre es que no hay acceso. Y tiene la ventaja de que esto se aprobó antes del decreto que limita las construcciones frente al mar partiendo de los 300 metros tras la línea de ribera oceánica, que no es la orilla de la lengua de agua sino una línea trazada por geólogos en base a herramientas profesionales y distintos datos y elementos que va dejando el mar sobre la costa. En toda la zona de la costa bonaerense, surcada por médanos, si uno se retira 300 metros de la costa no ve el mar. De manera que el otro atractivo natural sería el bosque. Atlantic Ville reúne a los dos", puntualizó Alejandro.
Otro de los beneficios tiene que ver con el tamaño de los terrenos, unos 900 que son más pequeños de los que hoy están autorizados en áreas urbanas, y mucho más si se los compara con las medidas previstas para zonas costeras. "Hoy por hoy, para zonas urbanas el mínimo legal es de 15 x 30, unos 450 metros de superficie; y en zonas costeras, hay que hablar de mil metros para arriba. Los terrenos de Atlantic Ville tienen entre 400 y 450 metros, algo que hoy por hoy es imposible conseguir en una localidad balnearia y que los tornaría mucho más accesibles", aseguró.
No obstante, Alejandro Burgauer insistió en que la dificultad más importante a sortear tiene que ver con el acceso. Este último verano, su emprendimiento inmobiliario en Dunamar, Los Troncos, sufrió el acoso de vándalos que destruyeron luminarias y provocaron varios desmanes. "Si no podemos controlar el puente peatonal, cómo haríamos con un camino de 5 kilómetros por el medio del bosque", reflexionó.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina