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RICOS Y POBRES, CADA VEZ MAS TRESARROYENSES RECURREN
A "ADIVINADORES" PARA "VER" QUE LES DEPARA EL FUTURO
Adivina, adivinador
Aun incrédulos, un alto número de vecinos
recurre habitualmente a los cada vez más específicos "servicios
de adivinación" que se ofrecen en Tres Arroyos y que postulan
soluciones definitivas para los conflictos de la vida. Y los que entran
escépticos, salen de las sesiones dejando una puerta abierta para
el "quizá pueda ser". Así lo corroboró
un cronista de "El Periodista", que se mezcló con los
clientes, sacó un turno y se sometió a los designios de
la vidente más popular de la ciudad. De tal modo, el periódico
se sumergió por primera vez en un misterioso submundo local en
el que ricos y pobres participan por igual, y en el que al final, como
postula el dicho, hay que "creer o reventar"
La suposición que el destino está escrito
en alguna parte resulta tentadora. Intentar anticiparse, develar el misterio
de lo que vendrá, predecir hechos que sucederán en nuestras
vidas resulta más tentador aun. El tarot, la videncia, las cartas
astrológicas, la quiromancia o la lectura de la borra del café
se ofrecen como intérpretes de este destino y dejan latente la
sensación que el futuro está al alcance de nuestras manos.
El arte de la adivinación se remonta a tiempos ancestrales. La
videncia descansa en la creencia que el destino de cada uno está
señalado en alguna parte al que alguien puede acceder por estar
dotado de poderes especiales. El tarot se presenta como un medio para
analizar problemas, describir situaciones, ofrecer una visión alternativa
y una nueva perspectiva sobre los problemas de la vida. Fundamentalmente
indica tendencias, no un destino inmutable al que el consultante está
obligado a creer. A efectos prácticos sería como un mapa
del presente o futuro que suministra información para que uno pueda
elegir.
La credibilidad en las llamadas ciencias ocultas siempre es un tema de
debate y no es posible saber hasta qué punto son ciertas las revelaciones
y augurios que pueden predecir. Sin embargo en la práctica cotidiana,
como postula el dicho popular, la cuestión es "creer o reventar".
"Fui porque tenía un problema laboral que me tenía
mal y es impresionante las cosas que me dijo. No sé como hace pero
me dijo cosas del futuro que yo no creía que me iban a pasar y
con el tiempo se fueron cumpliendo, cosas insólitas en ese momento
que me pasaron después. Sigo yendo a veces porque me gusta ver
cómo las cosas se comprueban, porque cuando se comprueba una te
hace creer que el resto también", contó Luciano, un
tresarroyense habituado a estas prácticas pronosticadoras cuya
certeza es difícil de probar.
De 20 a 25 pesos la sesión
En Tres Arroyos cada vez son más los servicios que se ofrecen en
el arte de la adivinación ya sea a través del tarot, la
orientación a través de la lectura de manos, los mentalistas
y clarividentes que se presentan como especialistas en problemas de pareja,
curadores de casas, negocios, resistentes de malas ondas, cautivadores
de energía positiva, que solucionan definitivamente cualquier problemas
que a uno lo aqueja en la vida. En general las consultas en busca de mensajes
optimistas que alivien tensiones y conflictos cotidianos, oscilan entre
los 20 y 25 pesos la media hora y hay que sacar turno con una semana de
anticipación para saber qué nos puede deparar el destino.
A nadie le gusta admitir públicamente que recurrió a los
servicios de un adivino ante la ansiedad de despejar dudas propias de
la vida: ¿Qué me va a pasar en el futuro? ¿Cuándo
voy a encontrar al amor de mi vida? ¿Conseguiré trabajo?
¿Me moriré pronto? ¿Me casaré algún
día?, son interrogantes comunes a la hora de recurrir a estos especialistas.
"Vas a tener una oferta de trabajo en poco tiempo", "aparece
un cambio positivo en tu vida", "hay un morocho dando vueltas",
"pronto llegará el amor", son respuestas habituales que
dan estos especialistas en un ambiente plagado de incienso, velas, estampas
religiosas y crucifijos que crean una mística especial que parece
posibilitar lo imposible y hacer plausible lo insospechable.
Necesidad de creer
Los que han acudido a este servicio, admiten que los lleva la necesidad
de creer en algo, no importa en qué. La cuestión es mantener
viva la ilusión y la esperanza que el presente puede cambiar, que
el amor no tardará en llegar, que los conflictos cotidianos se
diluirán en un futuro cercano, que la pareja va a retornar, que
los problemas laborales se solucionarán inmediatamente. El que
llega hasta un vidente o un tarotista lo hace agobiado por su situación
actual, víctima de problemas económicos, de salud, laborales
o atrapado en las clásicas frustraciones del amor. Lo hacen como
una salida sabiendo que el vidente ofrece el discurso que uno quiere escuchar.
"Es como que te venden un poco de ilusión, porque en general
vas porque tenés un problema que no podés solucionar y te
dicen todas cosas buenas que te pueden pasar en el futuro y vos te quedás
con la esperanza que puede ser así. Además no se cómo
hacen pero le ´pegan´ en cosas de tu vida", dijo Andrea,
una tresarroyense que cada tanto suele acudir a una conocida vidente local.
"La primera vez fui porque una amiga mía había ido
y me dio curiosidad. Yo no creía en nada de eso y fui para ver
lo que era. Cuando entré lo único que me preguntó
era el nombre y después me miró a los ojos y me empezó
decía cosas de mi vida que eran reales. No sé cómo
hacía pero en muchas cosas la ´pegaba´ y eso te hace
dudar porque crees que algunas cosas que te dice del futuro se pueden
cumplir y algunas cosas pasaron, no sé si por casualidad o no,
pero pasaron", confiesa, aunque dice mantener siempre vigente la
voluntad de dudar.
Entre la incredulidad y la duda
Los que han accedido a las ciencias ocultas por simple curiosidad, admiten
que el escepticismo inicial se convierte en un "quizás"
después de la sesión. "Yo no creo, no creía
pero algo hay", dijo una mujer que recurrió por primera vez
a una tarotista, angustiada ante un problema al que no le veía
salida. Dice que la incredulidad se transformó en incertidumbre
cuando comenzó a describir datos certeros de su vida. "Yo
nunca la había visto y me dijo cosas como si me conociera, me dio
la descripción de donde vivía, de lo que hacían mis
hijos y mi marido, me dijo porqué yo había ido a ese lugar.
Por ejemplo, me dijo que una persona allegada tenía un problema
de salud y yo en ese momento no sabía que era así. Cuando
a los dos días vino esa persona y me dijo que tenía un problema
no lo podía creer. Uno no sabe como hacen pero algo debe haber",
dijo, y quizás por eso siguió el consejo de la vidente y
preparó un frasco con miel e incienso que dejó en un rincón
visible de la casa para la protección de los hijos.
Más allá del escepticismo absoluto, la duda o la creencia,
la suposición que uno puede adelantarse a los hechos con solo atisbar
el futuro está presente. La cuestión es que estos "poderes"
existen, pertenecen al mundo real y cada vez son más las personas
que recurren a ellos en búsqueda de respuestas, consejos, orientación
acerca del camino a tomar o de una mínima esperanza que les ayude
a seguir. El alivio en general resulta pasajero y suele tornarse en frustración
en cuanto la persona se enfrenta a la realidad cotidiana. Es que para
bien o para mal en esta quimérica búsqueda de respuestas
futuras, el ser humano es libre y elige su propio destino.
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Métodos de predicción
La curiosidad por adivinar el pasar de las cosas
es algo innato en el hombre. Esa fue la principal causa que provocó
el nacimiento de las ciencias ocultas o ciencias de la adivinación.
Las artes de adivinación se dividen en dos grandes campos:
por un lado las ciencias que se encargan de interpretar presagios
y augurios, por otro aquellos métodos utilizados para comunicarse
con el mundo espiritual.
Cada una de las artes místicas dirigidas a predecir el futuro
utiliza un método distinto que las hace única. Son
innumerables las técnicas que existen pero hay algunas que
son las más practicadas.
Quiromancia: es la ciencia que estudia las líneas
de la mano. Proviene de Oriente cuenta con más de 9 mil años
de antigüedad. Según los que la practican, en las líneas
de la mano se puede visualizar la trayectoria de vida. Esta técnica
siempre se ha considerado como un arte propio de la raza gitana.
Tal como aseguran los especialistas en esta área, en las
manos hay tres líneas diferenciadas que corresponden a la
cabeza, el corazón y la vida.
Cartomancia: Se trata de la ciencia que predice el futuro
por medio de la lectura de las cartas. La más común
es el tarot. El Tarot es un sistema de cartas que recoge 78 láminas,
llamadas arcanos, cada arcano es representación y símbolo
de los diferentes atributos en los que se puede componer el Universo
entero y la mente humana, porque ella por analogía es un
microcosmos que encierra en su interior los aspectos que recoge
el macrocosmos (Universo). Las relaciones entre uno y otro son evidentes.
De esta manera, el tarot recoge el significado de todo lo que existe
y la interpretación de sus cartas los desarrolla. No sobrando
ni faltando ninguna, abarca todo el abanico de posibilidades que
se ofrecen y la resumen de manera perfecta, sin repetirlas y sin
olvidar siquiera una de ellas.
El intérprete del tarot no lee un texto alfabetizado sino
que interpreta imágenes, que son a su vez símbolos
de la magia de la lectura del tarot. La interpretación radica
precisamente en los elementos que son sus símbolos, cada
carta encierra un significado preciso, pero los elementos en los
que se puede descomponer buscarán una relación con
el consultante y será el intérprete el encargado de
transmitirla.
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LA EXPERIENCIA DE "EL PERIODISTA"
"La ilusión no tiene precio"
Una tarde de mayo decidí anticiparme a mi
destino. Me recomendaron a una vidente y después de haber
sacado turno con diez días de anticipación, llegué
hasta ahí con mi escepticismo a cuestas y las ansias de descubrir
por qué la gente gastaba su dinero para que le predigan un
futuro que nunca se cumplirá.
Después de esperar media hora a que saliera el cliente anterior
me hicieron pasar a una habitación. El lugar era cerrado
y oscuro, con las paredes repletas de crucifijos, un rosario de
madera, estampitas, velas de colores e imágenes religiosas.
Sobre la mesa había un vaso con agua y tres tipos de cartas
de tarot. La mujer humilde y de aspecto confiable, era una de las
videntes más populares de Tres Arroyos. Contó que
el don de predecir lo heredó de su abuela y que las interpretaciones
que hace le llegan de Dios.
No tuve que explicar por qué había acudido a su servicio.
Simplemente preguntó mi nombre y mi fecha de cumpleaños
y se concentró en el vaso que había sobre la mesa
donde parecía "ver" situaciones ligadas a mi existencia.
Los primeros datos fueron ambiguos. "Tuviste meses difíciles,
tuviste algún problema de familia, veo que sos alguien sano,
gracias a Dios con mucha iluminación". Después
me sorprendió con información concreta y precisa acerca
del presente laboral, sentimental y familiar, datos comprobables
que hicieron tambalear mi escepticismo e interrogar a mi incredulidad:
podía ser una mujer con gran poder de intuición o
quizás me conocía o alguien le había revelado
datos de mi vida.
Al hablar del futuro el discurso resultó más incierto
y las frases más ambiguas. "Tenés un proyecto,
veo que vas a empezar algo nuevo, que vas a hacer un viaje y te
va a ir bien porque tenés una gran aureola de luz. Vas a
cambiar de casa, de rumbo, te sale un viaje, viene una renovación",
siguió sin mencionar fechas ni momentos concretos. Con ese
futuro alentador a cualquiera se le despierta la ilusión
y las ganas de creer.
Después mezcló las cartas y me pidió que cortara
en tres partes: una correspondía al amor, otra al trabajo
y la última a la familia. Desplegadas sobre la mesa empezó
a interpretar el destino que parecía indicarme que todo iba
a salir bien. "Veo como un renacimiento de amor, no todo enseguida,
después de tu cumpleaños sale clarito una transmutación,
vienen etapas nuevas, tenés un gran mejoramiento en tu vida,
aparece una persona que te vas a enamorar. Va a llegar el amor de
tu vida pero no enseguida, tenés que esperar, en dos o tres
meses llega". Así siguió por espacio de media
hora, prediciendo un futuro improbable e incierto, que deparaba
miles de cosas nuevas y positivas que a más de uno le gustaría
creer. Media hora más tarde salí de ahí con
las ganas que sus predicciones sean ciertas, que el viaje se cumpla,
que lleguen etapas de renovación, que todo empiece a cambiar.
Salí de ahí feliz y con ganas de volver cada tanto.
Hasta me hizo olvidar que había llegado amparado en mi escepticismo
y que había pagado veinte pesos por un vaticinio que en principio
me había negado a creer. Después de todo, la ilusión
no tiene precio.
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