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POR PRIMERA VEZ EN 30 AÑOS, HABLA DIEGO RIVADA,
HIJO DEL DESAPARECIDO MATRIMONIO RIVADA-LOPERENA
Honrar la vida
Diego Rivada es uno de los dos hijos de Carlos Alberto
Rivada y María Beatriz Loperena, matrimonio desaparecido en Tres
Arroyos el 3 de febrero de 1977. Vive en La Madrid y, aunque poco los
conoció, heredó las pasiones de sus padres: el deporte,
la escritura, y una generosa y comprometida visión del otro y sus
necesidades. Por primera vez en treinta años, Diego accedió
a una entrevista con un medio tresarroyense. Ante "El Periodista",
y en exclusiva, recorrió su infancia, la adolescencia y el presente
en el Deportivo Barracas en un relato único
La historia tiene siempre sus paralelos, sus puntos de
encuentro, sus repeticiones. Cuando es la propia sangre la que escribe
esa historia, parece que no es posible escapar de aquello predeterminado.
Esos misterios que llaman genética se entreveran entonces con las
masas de sueños, de deseos, de pulsiones de las que estamos hechos
y de las que estuvieron hechos quienes nos precedieron y allí aparecemos,
en apariencia sólo nosotros mismos pero incapaces de torcer el
mandato que llevamos escrito en la sangre.
El 3 de febrero de 1977, y bajo la responsabilidad del V Cuerpo de Ejército,
Carlos Alberto Rivada y María Beatriz Loperena fueron secuestrados.
Se los llevaron de su propia casa, en 9 de Julio 30, y fueron los únicos
residentes en Tres Arroyos de los 22 desaparecidos oriundos de esta ciudad.
Carlos, lo recuerda la crónica deportiva de la época y también
la prensa actual (Clarín y Ole se refirieron a su historia, a 30
años del golpe del 24 de marzo) era un gran deportista. "Lo
deportivo era, en Rivada, no sólo una pasión, un hobby,
sino también un medio de vida. Con los contratos para jugar al
fútbol y al básquet, como así también para
trabajar en la pileta los veranos, había costeado sus estudios
universitarios en la capital del sur", dice, al respecto, el libro
"22, Los Tresarroyenses Desaparecidos", de Andrés Vergnano
y Guillermo Torremare. María Beatriz, en tanto, se graduó
en la carrera de Letras. Los Rivada tenían entonces dos hijos:
Diego y Josefina.
Treinta años después, días más, días
menos, llegó a la redacción de "El Periodista"
el relato "Un día en el paraíso". Dura, dolorosa,
la historia de Tiago (nombre imaginario para un pibe real) refiere ausencias,
maltratos, encierro
Y el abrazo esperanzador de un club que contiene,
que busca en la redondez lisa e indubitable de la pelota la posibilidad
de empezar de nuevo. Esa historia puede transcurrir en cualquier punto
de la provincia de Buenos Aires, con aquella triste disquisición
entre chicos y "menores" siempre vigente. Pero sucede en General
La Madrid. Y detrás de esa historia, de ese club que es casa y
abrazo, hay un nombre: el de Diego Rivada, uno de los dos hijos del matrimonio
desaparecido.
Puntos de contacto
En la vida de Diego Rivada hay un club, el Deportivo Barracas, tan presente
como lo estaba Huracán en la existencia cotidiana de su padre.
Y hay también una vocación por escribir, plasmada en sus
relatos, en sus mensajes, en la revista que edita en la institución.
"Los puntos de contacto también son importantes por el lado
de mi mamá, María Beatriz Loperena, que había estudiado
Letras en Bahía. Y siguen... Hace muy poco mi abuela paterna me
dijo que -al verme en el programa de TyC hablando del Club como si fuera
una encarnación mía-, le hice acordar al abuelo Héctor",
contó Diego a "El Periodista".
¿Y los paralelos con la historia de Tiago? "A pesar de que
las problemáticas son totalmente distintas, somos amigos, y entre
nosotros dos ("Tiago" y yo) sabemos dónde estamos rotos.
De hecho, cuando tuve que "cambiar" su nombre para contar la
historia -que acá en Lama no la vio nadie-, elegí casi un
anagrama de mi nombre", recordó.
Diego Rivada vive en La Madrid desde los 5 años. "Cuando se
llevaron a mis papás, todos pensaron que era una situación
provisoria y, en ese contexto, Josefina quedó con mis familiares
paternos en Tres Arroyos y a mi me llevaron con mi abuela Raquel a Gonzáles
Chaves. Lo temporal fue definitivo. Y la historia tuvo aún un giro
más... Al poco tiempo la otra hija de mi abuela, mi tía
María Raquel, quedó viuda: su marido, un médico joven
pero reconocido de la comunidad de General La Madrid, tuvo un trágico
accidente saliendo de Olavarría, donde también trabajaba.
Ella quedó sola con sus tres hijos y mi abuela decidió irse
a vivir a La Madrid, conmigo, para acompañarla. Y conformamos una
familia mi abuela, mi tía, mi tres primos-hermanos (Mariana, Carola
y Germán, todos menores que yo) y yo", relató.
La familia, el pueblo
Diego aceptó, además, contar algo de su vida en aquel pequeño
pueblo de 10.000 habitantes. "La Madrid es hermoso, con los beneficios
y los problemas de los pueblos chicos. Aquí terminé la última
salita del Jardín, hice la primaria en la Escuela 1 y el Secundario
de antes en el Colegio "Nacional". Me gustan los pueblos chicos
y me producen mucho rechazo las ciudades imponentes", advirtió.
Por distintas razones, empezó a trabajar desde muy joven y no siguió
una carrera universitaria. "Ese fue uno de mis grandes errores, en
el sentido de que podría haber sido un buen momento para vivir
con mi hermana Josefina. En ese momento no lo vi, a pesar de que me lo
señalaron. Mi adolescencia hizo honor a la palabra, pero tenía
la certeza de que era una etapa, y en eso no me equivoqué",
aseguró.
Hace algo más de siete años está en pareja con Ana,
la mamá de sus dos hijos: "Ignacio de 6 -que va a primer grado
de la Escuela 1-, y mi hija Victoria de 4 recién cumplidos. Soy
una persona abiertamente feliz".
El club
El Deportivo Barracas de La Madrid, lo define Diego Rivada, es un club
de barrio. "En el 2003 estaba a punto de cerrar y hoy es un "Luna
de Avellaneda" (N. de la R: la película de Juan José
Campanella) invertida. Somos 100 voluntarios -mamás, papás,
vecinos, buena gente, profesionales, albañiles, bibliotecarios,
médicos, docentes-, laburando muy fuerte. Hemos transformado el
club en un fenómeno cultural o social, si se entiende social como
una generalidad y no como una 'sectorización de la ayuda",
sostuvo.
En la actualidad, funciona en el club una Sala de Atención Primaria
de la Salud, una biblioteca, se practican fútbol, hockey y rugby;
se ha armado una murga y un "club de ciencias" para los chicos
-más de 300-. Se sirve la merienda para todos después del
entrenamiento; se da apoyo escolar, hay una sala de computación
con Internet; editan una revistita trimestral, y funcionan talleres literarios,
de costura, manualidades y hasta lectura de cuentos para los más
chiquitos. "Los papás levantaron un Salón de Usos Múltiples
de 15x8 metros laburando los tiempos libres de los fines de semana por
el término de dos años, y repararon todo lo edilicio. Las
mamás hacen empanadas todos los viernes -se venden más de
100 docenas x noche-, para recaudar fondos", puntualizó Diego.
Estas iniciativas reciben el apoyo permanente de personalidades de la
cultura y el deporte como Maitena (que viajó desde Uruguay para
la inauguración del SUM del Club), Hugo Porta (a través
de su fundación Laureus), Ariel Scher, Juan Carr de Red Solidaria,
Daniel Paz y Hernán Brukner del grupo de rock Arbol, entre muchos
otros. "Y por supuesto, el de toda la comunidad. Desde el zapatero
que nos arregla los botines de los pibes hasta el hotel tres estrellas,
que no nos cobra cuando llevamos invitados los fines de semana. La Sociedad
Rural local donó el piso del salón, la cerealera más
importante la tirantería y la chapa para el techo. No nos enojamos
con nadie y laburamos con todos, el estado, el sector privado, fundaciones,
etcétera. Para el pueblo ha sido sacudón, y en cierta medida
somos embajadores de buena voluntad", consideró.
El gran contenedor
El presente encuentra a Diego Rivada y a la gente del Deportivo Barracas
interesados en trabajar con la nueva ley de protección de los derechos
del menor en la provincia de Buenos Aires. "La idea es congregar
a todos los profesionales, instituciones, sectores y expertos en la materia
para armar una red consistente. En La Madrid no hay niños pidiendo
en la calle, ni siquiera es común ver jóvenes tomando cerveza
en las esquinas... pero hay todo un tema con la violencia y los abusos
intramuros, y mucha 'dejadez'. Pero hay buena voluntad dispuesta a organizarse",
advirtió.
Según Diego, el club opera como un gran 'contenedor' "para
todos, para quienes somos 'dirigentes', para los chicos, para todos. Estamos
muy atentos a las situaciones de riesgo y maniobramos todo lo que podemos
(al estilo de la historia de 'Tiago'). Estamos aprendiendo sobre la marcha
y trabajando a destajo para ponernos por encima de la ola y plantear algo
metódico, eficiente y también cálido. Trabajamos
mucho sobre las potencialidades de los chicos: desearíamos que
lleguen a ser todo lo que se imaginan. Pero aún falta mucho",
concluyó.
Los puntos de contacto vuelven a evidenciarse. En el trabajo cotidiano
de Diego con esos pibes, que son como aquella vez lo fuera él,
pura incertidumbre, se rastrean aquellos deseos de sus padres, se pueden
ver sus pasiones
Como un legado que la sangre y la memoria no pueden,
ni quieren, desaparecer.
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MENSAJE A SU FAMILIA DE TRES ARROYOS
"Desde el afecto más profundo"
Diego pidió expresamente, al momento de
acordar la nota, la única que otorgó a un medio de
Tres Arroyos, tener la posibilidad de expresar unas líneas
dirigidas a su familia. Por supuesto, se le concedió el deseo.
Esto es lo que quería decir:
"De chico fui espaciadamente a Tres Arroyos (y a Claromecó
los veranos!!) para visitar a mis familiares: mi hermana Josefina,
mi abuela, mi tíos, mis primos y demás. Como siempre
dijo 'Marga': eran pocos los días, y cuando 'entraba en confianza'
llegaba la hora de la partida. Siento ahora que desaproveché
esos momentos entre berrinches y frialdades. No me gusta mucho hablar
por teléfono, y cuando estoy 'mano a mano' no soy nada bueno
poniendo las cosas 'en palabras'. Pero esta es una buena oportunidad
para saludar desde el afecto más profundo (y algo de culpa)
a mi hermana Jofi, mi abuela 'Chichí', Margarita, Guillermo
(una de las personas más importantes en mi vida) y la hermosa
Silvia. No soy nada convencional, es cierto, pero sepan que los
quiero mucho".
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