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LA OBRA DE AMOR DE CATALINA GRIFFIOEN,
LA TRESARROYENSE CONDECORADA POR LA REINA DE HOLANDA
El otro descubrimiento de América
Nacida en Holanda, con una infancia y adolescencia en
Tres Arroyos, Catalina Griffioen es un emblema de solidaridad, de respeto
al prójimo. Desde hace 35 años, cuando se instaló
en el monte formoseño para asistir a la comunidad aborigen Wichi,
predica con el ejemplo. Enfermera por estudio y vocación, hace
tres décadas y media que sirve en un sitio inhóspito, donde
lo único que abunda son las carencias. Su acción, que la
hace sentir verdaderamente útil, le ha permitido literalmente cambiar
la vida de las personas. Loable tarea que le valió este año
ser condecorada por la Reina de Holanda con la Orden Orange Nassau. "El
Periodista" rescata su figura y su gran obra de amor
Catalina Griffioen, que cumplirá 65 años
el próximo 10 de octubre, llegó a Tres Arroyos desde su
Holanda natal de la mano de sus padres y acompañada por sus 9 hermanos
cuando tenía apenas 6 años de edad. Su familia vino a nuestra
ciudad casi por las mimas razones que lo han hecho la mayoría de
los inmigrantes: buscar mejores oportunidades de trabajo.
Los Griffioen llegaron a Argentina en el año 1948, tiempos en los
que todavía en Europa se oían los ecos de las bombas de
la Segunda Guerra Mundial. Pero el motivo principal que los trajo hacia
estas costas se basó en un fenómeno menos violento, aunque
igual de preocupante en términos de subsistencia económica.
Los padres de Catalina eran agricultores y sus tierras en Holanda habían
alcanzado una alta concentración de sal que las convirtió
en infértiles. La elección de nuestro país, y especialmente
de Tres Arroyos, estuvo basada en que aquí había ya a mediados
del siglo XX una colonia holandesa muy importante.
La mujer que años más tarde demostraría contar con
una vocación de servicio inquebrantable y una capacidad de trabajo
única, lo cual terminó por hacerla merecedora de una condecoración
de la Reina de Holanda, hizo sus estudios primarios en el Colegio Holandés
y en la Escuela Rural Nº 22.
Al concluir con la formación primaria, Catalina comenzó
a trabajar en su casa y en otras viviendas de familias de la zona. Pero
a los 22 años decidió que ya era tiempo de vivir su sueño
y darle curso a su vocación. Se radicó en Buenos Aires para
hacer sus estudios secundarios y paralelamente cursar la carrera de enfermería
en el Hospital Británico.
Tras obtener el título de enfermera, trabajó durante 3 años
en la Capital Federal, pero se dio cuenta que le interesaba mucho más
aportar su ayuda en algún sitio donde su labor tuviera mayor relevancia
y fuera mucho más necesaria.
Entusiasmada con esta idea se trasladó a la provincia de Chaco
para colaborar con comunidades indígenas, pero la experiencia duró
poco porque, según ella misma dijo alguna vez, "todo estaba
muy organizado".
Es que Catalina deseaba fervientemente servir en un sitio inhóspito,
en algún paraje donde la gente no tuviera nada y necesitara todo,
ya que eso la hacía sentir verdaderamente útil como enfermera.
Pocos meses después de su experiencia en el Chaco se enteró
que en la provincia de Formosa había una comunidad Wichi muy importante
que vivía en medio del monte formoseño y donde su asistencia
podía literalmente cambiarle la vida a las personas.
Así fue como se integró a la "Misión Evangélica
Laguna Yacaré" (ver aparte), que hacía unos años
trabajaba brindando educación y asistencia a una comunidad Wichi
que vive en medio de la naturaleza virgen, sin electricidad, ni agua corriente,
ni ningún tipo de servicio.
Catalina llegó a Formosa en pleno mes de enero, con temperaturas
que superaban largamente los 40 grados y dispuesta a vivir en las mismas
condiciones que los Wichi, una comunidad que hasta ese momento casi no
tenía educación y carecía por completo de ayuda sanitaria.
Griffioen se instaló en la reserva indígena como empleada
del área de salud pública de la provincia de Formosa, lo
que por cuestiones burocráticas de aquel entonces le significó
perder su nacionalidad holandesa. Afortunadamente, revisiones posteriores
le devolvieron la ciudadanía en su tierra natal y ahora puede decirse
que desde el punto de vista legal es tan holandesa como argentina.
Cuando Catalina llegó por primera vez a la Misión le llamó
la atención que los aborígenes no conocieran los utensilios
de cocina y que pudieran tener a sus hijos en algún rincón
de sus ranchos en condiciones extremadamente precarias y peligrosas.
La "Misión Evangélica Laguna Yacaré", que
lleva ese nombre por estar situada a escasos kilómetros de la localidad
de Laguna Yacaré, es conducida por un grupo religioso protestante
denominado Iglesia de los Hermanos Libres. La obra pudo impulsar importantes
avances para la comunidad Wichi, aunque siempre ha procurado conservar
los aspectos propios de la cultura del pueblo.
Hace 35 años, cuando Catalina llegó a Formosa, ya existía
en el lugar una escuela que brindaba formación básica a
los nativos. Con el paso del tiempo y gracias al trabajo denodado de personas
como esta mujer holandesa que residió en Tres Arroyos, la comunidad
fue recibiendo otros beneficios, como por ejemplo la enfermería,
cuentan desde hace poco tiempo con energía eléctrica por
medio de paneles solares y disponen de becas de estudios para que los
jóvenes puedan aprender sobre cuestiones agrícolas.
Luego de tres décadas y media de duro trabajo en el monte formoseño,
Griffioen se muestra sumamente feliz de haber hallado su lugar en el mundo
y cada vez que viene de visita a Tres Arroyos extraña su estilo
de vida extremadamente austero.
La vocación de servicio de Catalina y su importante aporte al mejoramiento
de la calidad de vida de la comunidad Wichi de Formosa llegó el
año pasado a oídos de la Reina de Holanda, quien inmediatamente
decidió que la mujer debía ser condecorada con la Orden
de Oranje Nassau, un galardón de suma importancia en aquel país.
Así es como el 29 de abril último recibió la distinción
en la embajada holandesa en Buenos Aires.
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Los Wichi hoy
Hacia el siglo XVI los wichi o matacos eran un
pueblo compuesto por no menos de 100.000 personas. El último
censo aborigen arrojó como resultado que aproximadamente
20.000 aún viven en su hábitat tradicional, en las
provincias de Salta, Formosa, Chaco y otros tantos en Paraguay.
Muchos de ellos mantienen casi intacta su cultura pese al constante
acercamiento de la cultura occidental.
Sus viviendas típicas con cúpula han ido adoptando
elementos criollos como, por ejemplo, su forma cuadrangular con
horquetas y techo de barro, pero conservan su adaptación
a las altas temperaturas del área, que pueden llegar hasta
los 48 grados.
Los aborígenes forman pequeñas aldeas próximas
a ríos, lagunas o aguadas. Se mantiene en vigencia el sistema
de jefatura o cacicazgo y el consejo de ancianos existe aún
en la totalidad de las comunidades.
Se calcula que sobre casi 18.000 matacos el analfabetismo asciende
al 39,45%. Las causas son la falta de escuelas, la carencia de elementos
como ropa y útiles, colegios muy distantes y situaciones
conflictivas con los docentes y compañeros de estudios. La
Laguna Yacaré, que le da el nombre a la misión donde
trabaja Catalina Griffioen, está a 450 kilómetros
de Formosa Capital. Para llegar a este lugar hay que viajar por
la ruta nacional N° 81, pavimentada en parte, y recorrer sus
últimos kilómetros por camino de monte o picada.
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"Misión Evangélica Laguna
Yacaré"
El proyecto comenzó a hacerse realidad en
1958 gracias a Alberto Budini, un cordobés con mucha fe religiosa
que quiso colaborar con los nativos y se quedó a vivir entre
ellos para ayudarlos. Tiempo más tarde, una docente se acercó
para colaborar en el servicio. Con el tiempo esta maestra se convirtió
en su esposa, Josefa de Budini, y tuvieron cinco hijos. La familia
vivió en Laguna Yacaré hasta 1978. Actualmente están
radicados en Alta Gracia, provincia de Córdoba.
La Misión ha logrado llevar a los Wichi educación
y salud. Los niños son atendidos en un jardín maternal,
un jardín de infantes y un colegio primario. También
funciona un servicio de alfabetización de adultos. Los aborígenes
aprenden a usar los recursos del suelo cultivable y del monte. Por
eso se les enseña a cultivar la huerta y diversos oficios
relacionados con el producto del monte: carpintería, tallado
y otras alternativas.
Por su parte, en el centro de salud se brinda prevención
y asistencia. También se hacen traslados de pacientes y derivaciones
al hospital más próximo. Las enfermedades más
frecuentes son: tuberculosis, chagas, brucelosis, parasitosis y
desnutrición, esta última afecta a cualquiera sin
distinción de edad. Además, se trabaja en campañas
de vacunación, seguimiento del recién nacido, ayuda
y asistencia a la mujer embarazada y desinfección de viviendas.
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