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LAS RUINAS DEL CASCO DE
LA ESTANCIA BELLOCQ, LUEGO EX ESCUELA AGRICOLA
Tierra de oportunidades
Fue el casco de la estancia "San Francisco".
Luego se convirtió en un establecimiento educativo modelo. A la
vera del arroyo, más allá de la séptima cascada del
paseo, ignoradas por las autoridades, queda poco y nada de ambas estructuras.
Pero subyace un sueño: que algún plan recupere, turística
e históricamente, para la sociedad actual y las generaciones venideras,
la casa de campo de la familia Bellocq, pionera de Claromecó, y
la ex Escuela Agrícola Elemental de Tres Arroyos. Informe especial
de "El Periodista"
Claromecó ofrece al turista algunos paseos tradicionales
muy pintorescos en medio de espacios plagados de verde, arena y agua salada
y dulce. Justamente, uno de los circuitos más escogidos por los
visitantes es el Paseo de las 7 Cascadas, que consiste en recorrer un
camino que bordea el arroyo Claromecó desde una zona próxima
a su desembocadura en el océano hasta llegar al salto de agua más
importante, situado a unos pocos kilómetros arroyo arriba.
Sin embargo, muchos turistas saben que ese no es el final del circuito.
Es decir, allí se acaba la sucesión de cascadas, pero quienes
se aventuran a continuar transitando la polvorienta calle llegarán
a las ruinas de la ex Escuela Agrícola Elemental de Tres Arroyos,
que a mediados del siglo XX era un establecimiento educativo modelo concebido
para brindar enseñanza específica sobre temas de campo,
algo así como el antecedente de la actual EATA.
¿Pero qué más se sabe de este lugar? ¿Cuándo
comenzó a funcionar? ¿Cómo era la educación
y la vida allí? ¿Qué motivó su desaparición?
¿Por qué quedó abandonado hasta convertirse en un
sitio ruinoso? ¿Existen actualmente planes para recuperar el predio
con alguna finalidad?
La escuela inició sus actividades en 1945 en el antiguo casco de
la Estancia San Francisco, que perteneciera a la familia que impulsó
el desarrollo de Claromecó. La decisión de poner en marcha
el establecimiento se originó en el interior de la Chacra Experimental
Coronel Benito Machado, actual Chacra Experimental de Barrow, y fue uno
de sus principales impulsores el entonces director de dicho ente, ingeniero
Bartolomé Schelotto.
Con una visión vanguardista, los promotores del proyecto procuraron
que la Escuela Agrícola Elemental de Tres Arroyos no se convirtiera
simplemente en un establecimiento más entre las escuelas rurales
que se creaban en aquel entonces, sino que apuntaban a una enseñanza
basada en las experiencias propias de los campos de nuestra región
y tomaban como modelo a seguir los colegios similares que existían
en Europa.
Estos visionarios anhelaban que desde la educación formal los hijos
de los chacareros y los obreros campesinos adquirieran mayores capacidades
en el manejo de las unidades productivas, convencidos de que así
obtendrían más beneficios para la economía regional.
Claro que persuadir de tal cosa a la gente del campo no les resultó
fácil y en los comienzos de los años '50 las crónicas
periodísticas ya mencionaban que la matrícula de la Escuela
Agrícola no alcanzaba el número que sus autoridades esperaban.
El lugar contaba con una infraestructura impresionante, pensada no sólo
para enseñar sino también para albergar a los estudiantes,
los docentes y demás trabajadores. Aparte de las típicas
aulas, había laboratorio, salón de conferencias y actos,
dormitorios para los estudiantes, comedor, viviendas para los docentes,
un frontón para prácticas deportivas como la pelota a paleta
y una vasta extensión de tierras para el desarrollo de las actividades
prácticas.
En sus años iniciales el establecimiento era privado y se mantenía
con el aporte de cooperativas de productores agropecuarios y particulares
interesados en el proyecto. Más tarde pasó a manos del Estado
nacional y luego al provincial.
Hasta 1952 las clases se impartían en cursos de dos años
de duración y algunos talleres que se extendían por pocos
meses. Luego pasó a dictarse la carrera de Perito en Agricultura,
cuya duración era de tres años. El ciclo lectivo se organizaba
de modo tal que no interfiriera con las labores del campo, ya que la gran
mayoría de los estudiantes eran a su vez personas que se ocupaban
en tareas rurales.
Durante la etapa en que la escuela estuvo en manos del Estado, el programa
de enseñanza continuó con la idea original de proporcionar
mayores capacidades en las diferentes labores del campo, pero también
se incluyeron materias de formación general y educación
física (ver nota al ex alumno Víctor Dubovik).
Según hace constar Stella Maris Gil de Jiménez en su libro
"Recuperar la Memoria", el último estudiante en obtener
el título de Perito en Agricultura en la Escuela Agrícola
Elemental fue Felipe Jacobo Moller en 1959. El dato no es menor, ya que
de él se desprende que a finales de la década del '50, antes
de cumplir 15 años de existencia, el establecimiento había
recibido su sentencia de muerte, más allá de que ésta
no se ejecutó de manera formal hasta mediados de los '60 durante
el gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía.
El cierre de la Escuela Agrícola Elemental de Tres Arroyos ocurrió
por una sumatoria de razones. Por un lado, el aislamiento que vivían
estudiantes y profesores por estar en medio del campo y rodeados de caminos
que se tornaban intransitables cuando se producían lluvias; por
otra parte, pero completamente relacionado con lo anterior, la matrícula,
que nunca llegó a los niveles deseados, se vio todavía más
reducida por la decisión de no pocos padres de enviar sus hijos
a otros establecimientos de enseñanza; y finalmente las cambiantes
circunstancias políticas hicieron que el proyecto fuera perdiendo
apoyo con el paso del tiempo, especialmente luego de la denominada Revolución
Libertadora de 1955 que le arrebató la presidencia a Juan Domingo
Perón.
VICTOR DUBOVICK, MEMORIAS DE UN EX ALUMNO
"La escuela estaba tan bien pensada
que no había razones para no estudiar"
¿Qué recuerdos
tiene de sus años de estudiante en la desaparecida Escuela Agrícola?
Muchos, ya que la adolescencia es una etapa muy importante de la vida.
Cuando yo estudié allí el Ingeniero Gerardo Paolucci era
el director de la escuela y de la estación forestal. Recuerdo que
llegué desde mi De La Garma natal en 1953 y empecé a hacer
un curso preparatorio que se dictaba durante el primer año. Luego
venían los tres años de la carrera de Perito en Agricultura.
Con muy buen criterio, lo que la escuela pretendía era tecnificar
el agro de aquel entonces y apuntaba a que pudieran estudiar personas
que no tuvieran recursos económicos o incluso intelectuales. Hay
que tener en cuenta que en aquel entonces las cosas eran muy diferentes
porque la mayoría de los chicos terminaban la escuela primaria
y salían a trabajar.
¿Los alumnos estaban en el colegio como pupilos?
Todos vivíamos ahí de lunes a viernes. En el período
que yo estudié la escuela era íntegramente estatal. Al ingresar
nos daban ropa de taller, de clases, prendas para deportes, calzados y
hasta ropa de salida. Teníamos un comedor que era un lujo, incluso
había una ecónoma cuya tarea consistía en proporcionarnos
los alimentos ideales de acuerdo a la etapa de desarrollo en la que nos
encontrábamos nosotros, que teníamos 13 o 14 años.
Pero además los alumnos teníamos un sueldo que era equivalente
al de un conscripto de aquella época. Era un ingreso muy pero muy
modesto, equivalente al día de hoy serían unos $ 30, pero
lo interesante es que para alguna cosa siempre servía.
¿Recuerda cuántos alumnos había
y desde dónde venían?
Estimo que seríamos unos 35 chicos que venían de muchas
partes de la provincia de Buenos Aires y recuerdo que había uno
de La Rioja.
¿Cómo eran las clases?
Cursábamos ochos horas diarias divididas en cuatro de teoría,
que se cursaban por la mañana, y cuatro de actividades prácticas.
Intercalado con esto teníamos ejercicios físicos y deporte.
Incluso participábamos en torneos de fútbol y en mi caso
también jugaba pelota a paleta. Creo que esta escuela estaba tan
bien pensada que no había ninguna razón por la cual no estudiar.
¿Qué materias tenían?
De las que recuerdo, agricultura, botánica, zoología, avicultura,
cunicultura, bovinotecnia, horticultura y materias de formación
general como matemática, castellano y otras que se dictan en los
colegios secundarios desde siempre. Entre las materias prácticas
también teníamos carpintería y herrería. Esto
era muy interesante porque lo que se hacía en estos talleres era
construir el mobiliario que necesitaban otras escuelas similares del país.
Así es como hacíamos camas, mesitas de luz, herramientas
o colmenas que luego se enviaban a otras escuelas. Y ojo que esto se hacía
al milímetro, con el profesor controlando y siguiendo los planos.
¿Cuánta gente trabajaba en el lugar?
Había mucho personal. Teníamos lavandera, planchadora, cocineros,
mozos, personal de limpieza y los profesores. No estoy muy seguro, pero
calculo que habría unas 30 personas en total.
¿Completó sus estudios?
No tengo el título porque estuve en un período que fue un
poco accidentado. Me tocó pasar por la revolución del '55
y todo se alteró. Estábamos en estado de sitio o de guerra,
no sé como llamarlo, por lo que se interrumpieron las clases. Un
tiempo después, tal vez una año más tarde, se reiniciaron,
pero trajeron un nuevo sistema de enseñanza. El cambio de plan
de estudio implicaba que lo que habíamos hecho hasta allí
no sirviera y si queríamos volver a la escuela debíamos
empezar de nuevo desde el primer año.
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Ningún plan oficial prevé el rescate
Desde el municipio de Tres Arroyos no existe actualmente
ningún plan para aprovechar de algún modo las ruinas
de la ex Escuela Agrícola de Tres Arroyos. Además,
tampoco se tiene claro cuál es la situación legal
de esas tierras, lo que demuestra que todavía no se incluye
a la antigua construcción derruida entre los planes primarios
para la localidad.
Existiría un grupo de empresarios interesados en hacer inversiones
en Dunamar y en la zona del arroyo Claromecó, incluso en
áreas de las 7 Cascadas. Si esto se concreta, las autoridades
locales tendrían alguna intención de proponerles a
estos inversores que se hagan cargo de explotar el antiguo casco
de la estancia de la familia Bellocq. Pero de momento ni siquiera
se ha avanzado sobre los planes que los empresarios tienen en Dunamar,
por lo que pensar en un proyecto para la vieja escuela por ahora
es completamente imposible.
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