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Daniel Burchkardt, el tresarroyense que viajó a Africa como misionero para participar de la Misión Angola

 

 


DANIEL BURCHKARDT, EL TRESARROYENSE
QUE VIAJO A AFRICA PARA OFRECER SU CORAZON

Misión Angola

Acaba de volver de Angola, donde aportó su grano de arena en la reconstrucción de un país diezmado por un conflicto armado de cuatro décadas. El tresarroyense, misionero de la Iglesia Asamblea de Dios, viajó para brindar su experiencia de maestro mayor de obra en la recuperación edilicia de una clínica. En un lugar donde la guerra dejó un millón de muertos, desplazados internos, refugiados, huérfanos, pobreza y hambre, Daniel Burchkardt cruzó el globo para ofrecer su corazón. En "El Periodista", un testimonio estremecedor

El día que el Consejo de Ancianos de la tribu chochwue decidió que lo llamarían "munene" -significa "grande"-, comprendió cuán hermanos pueden ser los hombres pese a diferencias que parecerían abismales. Estaba en plena mata africana, se había sentado junto a ellos a comer gusanos y orugas y compartir experiencias de culturas distantes que se unían en el afecto y el reconocimiento mutuo. "Munene" se convirtió en un personaje popular en la aldea y en la ciudad angoleña de Luana, por su carisma y su trabajo solidario. Fue quien obsequió al gobernador de Moxica la bandera de Tres Arroyos, que flamea en el lugar de los presentes, y quien brindó todo de sí en su misión de dignificar al ser humano.
"Munene" es Daniel Burchkardt, un hombre oriundo de Buenos Aires, que hace diez años se instaló en Tres Arroyos siguiendo a su hermano y luego a su padre cuando éste fue nombrado pastor obispo de la Iglesia Asamblea de Dios de nuestra ciudad. Su profunda fe religiosa, la vocación de servicio y el protagonismo en el área social, lo impulsaron a seguir un deseo que se había encendido en su corazón: la necesidad de viajar a misionar y aportar su granito de arena en la reconstrucción de un país diezmado por el flagelo de cuatro décadas de conflicto armado, que dejó cerca de un millón de muertos, desplazados internos, refugiados, huérfanos, pobreza y hambre.
Desde que alcanzó la paz en 2002, la nación había emprendido el rumbo para reconstruirse y en este empezar de nuevo, desde todos los rincones del mundo llegaron voluntarios en misión humanitaria para desplegar solidaridad y lucha. Ansiando formar parte de esta tarea, cuando se presentó la oportunidad de viajar no lo dudó. Fue en noviembre del 2005 cuando partió hacia Angola durante tres meses y retornó en septiembre del año pasado para continuar la misión. Su formación como maestro mayor de obras le sirvió para desempeñarse en la reconstrucción de una clínica médica, capacitando gente y brindando su experiencia en la restauración de redes de agua y energía, al tiempo que fue sembrando la palabra de Dios.
Sus ojos fueron testigos de las minas sin estallar que dejó la guerra, de la desnutrición, de pequeños que perdieron a sus padres, del pensamiento mágico de las tribus que habitan en las aldeas esparcidas en la mata y del afecto de gente que carece de todo y valora como nadie lo poco o mucho que cada uno pueda brindar. De vuelta en Tres Arroyos, Daniel le contó a "El Periodista" su experiencia de voluntariado donde la solidaridad fue protagonista.
¿Cómo llegás a misionar en Africa?
Llego por medio de la Iglesia. Un día invitamos a Tres Arroyos a una familia que estaba por viajar a la India. Fue un poco de casualidad, mi esposa hace una broma y pregunta si no conocen a nadie en Angola. Me hablaron de Juan Emilio Palacio, una persona que conocía y estaba en Angola a cargo de una clínica que querían reconstruir y necesitaban un constructor. En ese momento estaba trabajando en un remis y empecé a escribirle a Juan Emilio, hicimos las tratativas, califiqué para lo que ellos necesitaban aunque el tema más complejo es que los recursos para viajar son en forma independiente. Salí a buscar recursos, una Iglesia de Estados Unidos me ayudó, también una de Bolivia, varias de Buenos Aires, y el 24 de agosto del año pasado salí para allá y estuve tres meses haciendo trabajos de reconstrucción de la clínica. Volví este año en septiembre a Angola y retorné a fines de noviembre a la ciudad.
¿En qué lugar de Angola realizaste la misión?
Estaba en la provincia de Moxico, es el lugar donde se inició la revolución de la independencia de Portugal, se obtuvo y es la provincia donde se inició y terminó la guerra civil. Fui a Luena, una ciudad de 300 mil habitantes. Primero llegué a Johannesburgo, donde tenemos un equipo de gente que trabaja y que oficia de puente cuando alguien viaja a Africa, estuve un día y de ahí viajé a Angola.
¿Tuviste que tomar algún recaudo para viajar?
Hay que tener una serie de vacunaciones como la de fiebre amarilla. El año pasado cuando fui tuve malaria, la pasé muy mal. Fue ya cuando estaba por volver, el primer monzón me mojó mucho a la salida de la clínica y se me bajaron las defensas. Tuve una de las malarias más fuertes y en diez días adelgacé 26 kilos, casi me muero.
¿Cómo es Angola? ¿De qué vive la población?
Angola es un país de régimen comunista, con una economía de mercado liberal. Sus principales productos son el petróleo y el diamante que son privativos del gobierno. El resto de la gente vive del comercio y en el interior hay una fuerte presencia de la agricultura y la ganadería pero en forma muy primitiva. Las tribus más importantes son los umbundus, que son comerciantes, los kimbundu que están relacionados con la agricultura y la medicina tradicional y los chochwe que son guerreros.
Es un país que ha empezado a reconstruirse hace relativamente poco tiempo…
Recién hace tres años que empezaron. Hay en líneas generales una falta muy importante de conocimiento. Los chicos empiezan la primaria a los ocho años, porque la mayoría empieza a caminar a los dos, por falta de estimulación. Los chochwe, la tribu donde estuve, están relacionados a la agricultura y tienen un alto desarrollo en producción de mandioca que es su base alimenticia. Ellos hacen una mezcla de una pasta de mandioca con harina de maíz, que es una especie de engrudo, que si bien nutritivamente es bueno no hay variación, la alimentación es monótona y eso produce retrasos en el crecimiento y el desarrollo.
¿La gente es accesible a la ayuda que brindan de afuera?
La gente en Angola es muy diferente a lo que ocurre en otros lugares de Africa donde los negros dominan y los blancos son castigados. En Angola al blanco lo respetan mucho porque saben que va a ayudar. Vas al banco por ejemplo y si hay treinta personas negras delante tuyo te dejan pasar. Saben que vas por poco tiempo y a ayudar. Nosotros éramos muy conocidos porque en una ciudad de 300 mil habitantes éramos 56 blancos. Me convertí un poco en un personaje popular por un montón de cosas. No solo por el trabajo que hice en algunas aldeas sino la inserción que uno tiene. Parte de la preparación que había tenido de la Iglesia te ayuda mucho en la inserción transcultural: sentarme con ellos, comer orugas, gusanos, comidas exóticas que para nosotros serían incomibles. Eso produjo que ellos me dieran un nombre chochwe, munene, que significa grande. Un día me llamaron los ancianos de la tribu para decirme que me querían dar un nombre porque consideraban que mi conducta había sido propia para sentirme como hermano. Me pareció algo normal hasta que salí de esa reunión y una persona que hace cuarenta años que está evangelizando me dijo que a él lo seguían llamando por su nombre. Tomé noción de lo importante que era para ellos que me sentara en el piso, que haya comido gusanos, todas esas cosas produjeron en ellos el hecho de sentirme cerca.
¿Cómo están organizadas las tribus?
Lo que es la pirámide de poder dentro de la tribu se perdió mucho. Tienen un Consejo de Ancianos y está muy relacionado con algunas costumbres bien típicas de Africa. Los matrimonios de la gente que no está relacionada con el cristianismo se siguen realizando por convenio y mismo dentro de la Iglesia. Hay mucho sincretismo dentro de la Iglesia, muchas costumbres de la cultura que están insertas. Está el chimbanda, que es el médico tradicional, tiene una fuerte injerencia en las decisiones de la familia. Por ejemplo, cuando una persona se muere, se muere por culpa de alguien y la familia va al chimbanda a preguntar por culpa de quién se murió. La persona sindicada como el culpable de la muerte tiene que pagarle al resto, por eso lo más probable es que sea culpado el que tiene más dinero. Otra de las costumbres es que si vos tenés dinero y yo vivo en el interior, te mando a mis hijos para que vivan en tu casa, los críes y eduques porque tuviste más suerte que yo, más posibilidades y tenés la obligación de criar a mis hijos. Los lazos familiares tienen una fuerza más allá de lo espiritual, son muy fuertes.
¿La mujer es respetada dentro de la familia?
No, la mujer ocupa un segundo plano. Tiene que ser fértil. La mayoría de las mujeres que no pueden tener hijos terminan como sirvientas.
Son familias que suelen tener muchos hijos…
Hay una costumbre que dice que para ser angolano tenés que tener seis hijos. Eso está cambiando en esta generación porque están viendo cuáles son los resultados.
¿Cómo es la sociedad angoleña?
Hay gente de clase alta, por lo general los militares que adquirieron una fuerte posición económica. La mayoría es gente pobre, están bien marcadas dos clases, los que no tienen y los que tienen mucho. Allá está la gente que vive del comercio, del trueque y tenés los otros que viven del gobierno.
¿La gente confía en los médicos profesionales o se guían más por el chimbanda?
Hay muchos médicos rusos trabajando, pero la gente no tiene una concientización de lo que es la medicina. Tanto el gobierno como las clínicas entregan medicación en forma gratuita, pero la gente no la va a buscar.
¿Qué fue lo que más te impactó?
Me habían hablado que la gente se moría como mosca y llegué a la conclusión que es así. Las enfermedades no hacen distinción de castas sociales, la ignorancia no hace distinción y la gente efectivamente se muere como mosca. He estado días en la clínica donde han muerto siete u ochos personas de enfermedades como malaria.
¿Hay mucho problema de desnutrición?
Desnutrición hay en el interior, en las aldeas, pero no en la ciudad. No hay tanta como se ve por televisión acá. Lo que si hay es una fuerte desinformación en todo sentido. La persona que cae con malaria, para mantenerla hasta que pueda llegar a un centro médico tiene que tomar mucha agua y la gente eso lo desconoce. Me impresionó mucho el elevado índice de ignorancia que hay y que la gente se muera a causa de eso. La malaria te agarra y en 24 o 48 horas te morís, de hecho de no haber estado yo con un grupo de médicos me hubiese muerto en dos días.
¿Y la problemática del SIDA?
No hay tantos en Angola. Sin embargo circula una muy fuerte creencia que está produciendo un desastre social. La gente ha hecho correr la creencia que una persona que tiene SIDA y que tiene relación con una persona virgen se cura. Entonces es común ver violación de criaturas, de chicas en el marco de ese mito. Allá las creencias son tan fuertes que desmentirla es muy difícil.
¿Te costó volver de allá?
Necesitaba volver porque tengo esposa y dos nenas. Fue un viaje acordado con mi familia y con la Iglesia. Uno tiene vocación y la necesidad te cautiva. Quizás acá seas uno del montón pero allá sos imprescindible. Ahora tengo varios ofrecimientos de ONG de la Iglesia misma para un centro de capacitación. Por lo menos para el 2007 la idea con mi esposa es trabajar en concientización para que otras personas puedan ir a trabajar. Después si, ya en 2008 tenemos un ofrecimiento para ir a hacer capacitación durante unos años pero ya con mi familia.
¿Qué te dejó la experiencia?
Aprendí que en la vida todo tiene un por qué, para todas las cosas Dios tiene un propósito, a veces hay cosas en la vida que uno no entiende por que las pasó y situaciones de dolor en la vida. Cuando estudiaba para guardavidas tuve situaciones en que presencié muertes de personas que me marcaron mucho, pero que entiendo el por qué ahora cuando llegué a África y presencié muertes de chiquitos, de intentar hacer resucitaciones a bebés que llegan con malaria, ver morir criaturas por falta de conocimiento de sus papás. Hay una parte de la Biblia que dice "mi pueblo está muriendo por falta de conocimiento" y nunca ví tan real el cumplimiento de esa parte de la Biblia, la cantidad de gente que muere por ignorancia.
¿Cómo hace la gente que se quiere sumar a esto?
El proyecto Angola no solo recluta a gente que pertenezca a la Iglesia. Se puede contactar con nosotros, tenemos un sitio en yahoo que se llama Misión Angola donde puede recibir información, o a través mío se puede contactar con el doctor Juan Emilio Palacios que forma parte del Proyecto Angola. Muy raramente se aceptan donaciones de dinero a no ser que sean casos específicos como fue el año pasado en el caso de la clínica. En esto quiero hacer mención de una persona que colaboró con una importante suma de dinero en medicamentos que es la doctora Norma Gaído. Allá hay un chico del orfanato que sufre de diabetes y varias iglesias de Buenos Aires juntan dinero para enviarle la provisión de insulina a Fidel.


 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina