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JOSE LUIS SUAREZ Y SUS 35 AÑOS
EN LA NOCHE TRESARROYENSE
Haciéndose el oso
Pasó música por primera vez a los 15 años.
Hoy tiene 48, y se define como inquieto y siempre en búsqueda de
lo nuevo. José Luis "Oso" Suárez es protagonista
y testigo de más de tres décadas de noche tresarroyense.
Y está lejos de retirarse. Aunque reconoce que el tiempo pasa,
advierte que "si tuviera que hacer algo en otro lado, lo haría".
Sus ideas son tan divertidas como polémicas. "El mundo lo
cambiaron los vagos, no los abanderados", dice. Y marca una diferencia
central entre la movida nocturna, antes y ahora: el dinero. "El Periodista"
y una entrevista imperdible
"El futuro es solamente un signo de interrogación",
dice Sting, en su canción "Bring on the night" (Tráeme
la noche). Para José Luis "El Oso" Suárez, el
tiempo tiene el color de la noche, y en el futuro, aunque varias veces
haya pensado en el retiro, aparece nítida aquella fiesta que todavía
no organizó, la movida en la que aún no se fijó,
el espectáculo que le queda por producir.
Entrevistado por "El Periodista" en uno de los lugares más
importantes que con su creatividad contribuyó a construir, "La
Barra Pub", "El Oso" no pudo ocultar su lejanía
de los "cuarteles de invierno" mientras jugaba con "un
chiche nuevo", un controlador que le permite manejar desde una pequeña
consola la notebook con la que dispara cientos de sonidos electrónicos,
que llenan el local como si fuera la más frenética de las
fiestas. "El mouse es incómodo, entonces con esto manejás
todo
", explicó, mientras movía una y otra perilla.
Lleva casi 35 años poniéndole color y música a la
oscuridad. Y es evidente que todavía lo disfruta como cuando tenía
15. No elude la polémica, entiende que la gente ya no baila música
en los boliches y confiesa que ya no soporta el reggaeton y la cumbia
¿Cuántos años
tenés? ¿Cuándo y cómo empezaste?
Tengo 48. Empecé a los 15, tirando música de metido, con
amigos. Creo que oficialmente, cuando me compré mi equipo y mis
cosas, me inicié a los 19. Me manejaba por mi cuenta, totalmente,
y enseguida formé una sociedad con José Luis González
Mendoza, que está en España haciendo sonido en grandes discotecas.
El me hacía sonido, me proveía todos los elementos y yo
iba con mis discos. Después tuve mi propio equipo de sonido, y
mi discoteca siempre fue conmigo, como una parte de mí. Hoy es
más fácil, porque la llevo encima en la computadora
¿La cuestión tecnológica
es lo que más cambió de tu actividad?
Sí, facilitó algunas cosas
Pero le quitó cierta mística
Sí, claro. Desapareció esa cosa del amor a los discos, a
cuidarlos, a las tapas
Hoy, si no estás constantemente poniendo
música, es difícil que te acuerdes dónde tenés
ubicados los temas. Antes, la guía era la tapa del disco
Esa mística se volvió todo carpetas y ceros y unos. Pero
eso globalizó la música, y tenemos acceso con una rapidez
que antes era imposible a música de todo el mundo. ¡Antes,
se tenían temas en exclusividad por seis meses! Ahora eso no existe,
cualquier tema se puede bajar con los programas que están disponibles
y es más rápido hacerlo de Internet que poner un CD. Obviamente,
hay cada vez más estilos y dentro de toda esa maraña, creo
que escuchamos cada día peor música
Esa es la pregunta, ¿no extrañás
la época en que pasabas música de verdad?
Sí. Algunas veces escuchamos temas que antes bailábamos
de punta a punta, y ahora apenas los podemos usar de "aguante".
Y cuando hablamos de bailar, se trata de los que en su momento fueron
los más populares, como Fiebre de sábado por la noche o
Gloria Gaynor. No se bailan todos los temas de los '80. No pasamos de
Ultimo tren a Londres o Crees que soy sexy, cuando la música de
los '80 es tanta y tan buena que podríamos estar bailando diez
días sin repetir un tema. Hoy, el oído de la gente parece
haberse atrofiado. La movida de la cumbia, o el reggaeton, pueden tener
sus cosas buenas como hechos artísticos, pero se ha abusado de
los géneros y hay cosas muy malas. Cuando arrancó el reggaeton
pensé que era preferible a la cumbia, hoy ya no puedo escuchar
a ninguno de los dos
¿Tus comienzos como disc jockey fueron
en fiestas o en boliches?
La primera discoteca en la que puse música fue Moreira, en Claromecó,
y tuvieron que pedirle permiso a mi vieja para que fuera porque tenía
15 o 16 años. Después estuve en la formación de Scrum
5, ETE, reductos que no llegaban a ser boliches. Pero cuando decidí
dedicarme a las fiestas llegué a tener cinco o seis por noche,
pasaba un ratito por cada una para quedar bien con todos. Recién
me dediqué a un boliche en Juan Tenorio, cuando me dieron un porcentaje
y me quedé pasando música, además de hacer algunas
cosas puntuales como la Fiesta de la Primavera o el Golf. Ya en el '87,
en Chaplin, decidí retirarme de las bandejas. Y volví en
Spectrum, que fue como empezar de nuevo porque me había retirado
con discos y tuve que regresar con CDs. Ahora uso la compu. Siempre trato
de tener cosas nuevas.
¿Había más noche, más
propuestas en aquellas épocas que mencionás?
No sé si había más propuestas, quizá sí,
antes estaban más divididos los ambientes y cada uno tenía
su lugar. Lo seguro es que se salía más. Creo que hay una
cuestión netamente económica. Si hoy se le diera a los chicos
200 pesos a cada uno, saldrían todos. Cuando tenés dinero,
la diversión surge sola. Si hoy se quedan en una casa a tomar no
es porque sea más lindo, sino porque es más barato. En un
grupo de diez puede haber tres con plata y siete que no tienen, y los
tres se quedan a apoyar a sus amigos. Por eso en el pre dancing se toma
más que en los locales: porque es más barato. Y ya no existe
lo que veíamos antes: salir a cenar, tomar algo, ir al boliche
y después a desayunar.
Lo que quizá se veía era una convivencia
intergeneracional sin problemas. Chicos y chicas de 15 con gente de 30
y sin inconvenientes
Eso ocurrió siempre. Y si bien hubo épocas de más
restricciones con los menores, los chicos siempre salieron. Y hoy se nota
en la noche la falta de menores, porque si bien tenemos la disco especialmente
para ellos, en otros lugares siempre fueron los que pusieron la alegría
a la noche. Sobre todo en estos lugares donde se envejece antes. ¡Uno
habla con chicas de 22, 23 años y dicen 'ya estamos grandes'! Lo
comparo siempre con Buenos Aires, donde es totalmente normal encontrar
a un tipo de mi edad en un boliche. Acá vienen unos pocos y los
ves en la barrita, quietos, sin disfrutar realmente. Hay mucho apuro por
casarse, y se pierden los mejores momentos de la vida. Está instalado
eso de salvarse con el casamiento, cuando en realidad nadie se salva porque
mantener a una familia es mucho más difícil. Persiste una
mentalidad de pueblo. Es una cuestión de mentalidad, de las ganas
de cada uno. A mí me cuesta envejecer, en el sentido de que no
quiero dejar de salir y divertirme. Me doy cuenta del paso del tiempo
cuando veo cómo han crecido mis hijos, pero no resigno las ganas
de pasarla bien.
¿Qué cosas cambiaron, para mejor
y para peor, en tantos años que llevás en la noche?
No quiero volverme uno de esos viejos que creen que todo tiempo pasado
fue mejor. Pero es cierto que cuando sos joven vivís momentos imborrables
de tu vida, como el viaje de egresados, la primera primavera, los primeros
amores. Te pasan tantas cosas en esos años que parecen mejores.
Le ocurre a todo el mundo que, si vuelve a salir a los 30, no se va a
divertir tanto. Pero la noche es la misma, una hora más o menos,
una cerveza más o menos, todo es muy parecido. Insisto en que la
gran diferencia es la plata. Antes cualquier chico salía, tomaba
un par de tragos, se comía una hamburguesa, aún siendo hijo
de laburantes normales, porque hasta los grandes empresarios les dan a
los hijos lo mismo que el resto. Pero ahora no se puede pensar en eso.
¡Nosotros teníamos 18, 20 años, y nos juntábamos
en una confitería para ir al casino! Y si uno no tenía plata,
otro lo bancaba. ¡Le hemos llegado a pedir plata al mozo del Parque
Hotel para ir al casino! ¿Hoy podemos pensar en pedirle 300 pesos
a un mozo así, en una noche? Eso es lo que marca la gran diferencia.
Y arrancábamos una previa al boliche en el Parque, de las 9 hasta
las 12 de la noche, y tomábamos como los mejores -porque es mentira
eso de que se toma más alcohol ahora-, y después seguíamos
en el boliche. Para hacer eso ahora un chico necesitaría unos 200
pesos por noche, y no los tiene nadie.
¿Tu permanencia tiene que ver con una visión
más integral del negocio de la noche?
En principio, para estar en la noche te tiene que gustar mucho, porque
de lo contrario es difícil bancársela. Pero además
yo me considero un inquieto, no me conformo con lo que hay porque de lo
contrario todavía estaría poniendo música con bandejas.
Me gusta lo nuevo, no me quedé en Kool and The Gang. Me interesa
la electrónica, voy a fiestas y me fijo en qué música
pasan, las luces que usan
Ahora hice una fiesta flogger, pero no
improvisé. Me metí en Internet, hablé con los chicos,
me interesé en la movida, me fijé y consulté hasta
los colores que iba a poner en las tarjetas. Me encanta ir a Buenos Aires,
recorrer diez boliches y analizar la onda de cada uno. Así son
los palos que me he pegado, también, por traer cosas nuevas que
no funcionaron. Cuando abrí mi primer pub restaurant, donde se
podía comer, escuchar música, ver un show y bailar, me pegué
un palo del que todavía estoy pagando las cuentas. Cuando traje
el baile a la playa en Costa Brava casi me linchan en el Faro, y hoy se
baila en las playas de todo el mundo. Hubo cosas que no me dieron resultado
por ser adelantado, y otras en las que me fue bien por el mismo motivo.
Y la permanencia es a causa de eso: no quedarse quieto nunca, no dormirse
en los laureles, escuchar a los chicos, quienes siempre tienen algo que
me intriga, con lo que puedo trabajar. Nunca diría "es una
locura tal o cual cosa". El mundo lo cambiaron los locos, los cuerdos
no cambian nada. Siempre defiendo la vagancia, a los que se portan mal,
a los incorregibles, porque creo que son los que verdaderamente cambian
la historia. Nunca vi un abanderado que lo hiciera. Es mi política,
puedo estar equivocado, pero estoy seguro que varios presidentes fueron
vagos, y no abanderados. Siempre dije que si me dan diez vagos armo un
equipo
Y no es un mal ejemplo para los chicos: los "bochos"
sirven en otro tipo de cosas, pero los que hacen algo revolucionario son
los que rompen el molde.
¿Vos pagaste algún costo por hacer
algo distinto?
Nunca me preocupé por lo que dijera la gente. Vivo para mí
y los míos, y no me meto con nadie. Si alguien me critica, me río
y pienso en que por lo menos se interesa en lo que hago.
¿Y te queda algo pendiente?
No quiero anunciar mi retiro porque la última vez que lo hice seguí
20 años más. Pero los años pasan, y me doy cuenta
de que no tengo la misma paciencia que antes con todo, con los clientes,
con los empleados
Antes venía a una fiesta y llegaba incentivado
a preparar cosas, a decorar. Ahora llego renegando, pensando en qué
van a hacer los empleados, si van a decorar o no... Me estoy poniendo
más viejo. Eso no quiere decir que si me proponen hacer algo en
otro lugar no lo vaya a hacer, pero si en su momento no me fui fue, sobre
todo, por mi familia. Para eso hubo un tiempo y no me interesó,
porque me fue bien en Tres Arroyos. Siempre me queda la duda de lo que
hubiera pasado, dónde hubiera llegado, pero no me quedo colgado
en eso. Y tampoco creo que la plata resuelva todo, porque se hizo para
gastarla. Quizá en otro lado hubiera ganado más, y no tendría
la familia que tengo.
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"La Barra",
de fiesta
"La Barra", quizá uno de los proyectos más
importantes en los que "El Oso" Suárez intervino
para hacer realidad, cumplió 7 años en Tres Arroyos,
que se suman a los 11 que lleva el parador en Claromecó,
y que se transforman en 15 si se cuentan los chiringos que lo precedieron
como primeros pasos de la noche sobre la playa.
"Estamos festejando los siete años de La Barra en Tres
Arroyos, porque cada uno de los lugares tiene su gente, hay quienes
vienen acá y no conocen el parador en Claromecó. La
idea era armar un mes medio surtidito por una cuestión de
que cumplimos siete años, una fuerte cantidad de tiempo que
nos encuentra cada día más consolidados. Cuando llegamos
acá, lo hicimos en pleno furor de otros boliches y otras
propuestas, sin embargo algunos ya no están y nosotros seguimos
creciendo. La competencia te puede debilitar o fortalecer, nosotros
nos fortalecimos, tenemos puntos a favor y mantenemos una línea
en el tiempo y le seguimos sumando. Esa es la onda, lograr permanecer
en el tiempo", consideró "El Oso".
Por La Barra pub han pasado, en estos siete años, primeras
figuras de la música y el espectáculo. "Intentábamos
hace poco repasar todos los nombres que pasaron por acá y
no lo podíamos creer. Memphis, Nito Mestre, Antonio Birabent,
Marilina Ross, son muchísimos, y sin contar los shows de
covers y de otro tipo. Han pasado actores, deportistas, el racconto
de todos es increíble. En tantos años, no se puede
decir que hemos pasado desapercibidos. Supongo que si algún
día nos vamos, eso se va a recordar", concluyó.
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