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CAMINANTES TRESARROYENSES
Y UNA ACCION SOLIDARIA EN PLENA MONTAÑA SALTEÑA
Caminar hace bien
En la montaña salteña está Rodeo
Colorado, un pueblo kolla de 400 habitantes al que sólo se arriba
caminando y donde las necesidades están a la orden del día.
Hasta allí, integrando una delegación de veinticinco personas,
llegaron tres tresarroyenses. Entre todos, acercaron donaciones para los
chicos de la escuela del lugar. El grupo cumplió así un
doble propósito: hacer una de dos caminatas anuales, y ser solidarios
con una comunidad de argentinos que les ganó el corazón.
"El Periodista", en exclusiva, trae la historia y las fotos
de una experiencia increíble
La foto es, al mismo tiempo, hermosa y triste. Un nene,
de no más de 5 o 6 años, escribe en un cuaderno abierto
entre sus manos. Está sentado sobre un viejo colchón. No
hay rastros de sábanas. Mirada, cabello, piel oscuros, y un gesto
de concentración que obliga a detener la mirada sobre él.
Patricia Ferrando, claromequense y miembro del grupo Caminantes del Mar,
conserva la revista del diario La Nación como si hubiera sido publicada
hace apenas unos días. Pero ya tiene unos cuantos años.
La nota de tapa de aquel marzo de 2001 habla de Rodeo Colorado, un pueblo
de montaña enclavado a 3000 metros de altura en Salta, casi al
límite con Jujuy. Ese niño que contempla absorto el cuaderno,
con sus zapatillas gastadas y sin medias, hoy está en la Universidad
de Salta. En aquel momento, cuando Patricia se topó con la revista,
era uno más del puñado de chicos que asistían a la
Escuela 4424 de Rodeo Colorado. Y a ella la conmovió. Por eso decidió
que algún día visitaría esa escuela, conocería
a la maestra que llegó al pueblo hace más de 20 años
y no lo pudo dejar. Y una vez que Patricia concretó su sueño,
lo compartió con "El Periodista".
Caminantes del Mar, el grupo que integra la claromequense, tiene por objetivo
la concreción de dos caminatas anuales -entre las más extensas
han recorrido el Cañón del Atuel, el Camino de los Siete
Lagos, el Paso de las Nubes-, durante las cuales se disfruta a pleno de
la naturaleza y se cultivan relaciones de amistad entre los integrantes,
oriundos de distintos lugares como Claromecó, Necochea, Monte Hermoso.
El aspecto solidario de los viajes no estaba contemplado hasta que Patricia
llevó la revista a una reunión y les planteó a sus
compañeros la posibilidad de recorrer aquellos caminos escarpados
hasta llegar a Rodeo Colorado.
"Propuse una caminata distinta, que además de incluir nuestro
propio disfrute, nos permitiera ayudar a esa escuela que necesitaba tanto.
Hubo que congeniar voluntades, hacer coincidir vacaciones y preparar todo
muy bien, pero lo logramos porque el deseo de hacerlo estaba en todos",
recordó.
El 1º de mayo partieron hacia Salta. "Cruzamos el país
entre los piquetes, porque justamente estaban cortando las rutas. Llegamos
a Humahuaca, donde en la casa de Rosendo Flores, un hombre que trabaja
con el padre Jesús Olmedo, descargamos las cajas de donaciones
y abordamos un micro más chico que el que nos había llevado
hasta allí", contó Patricia.
El pueblo más cercano a Rodeo Colorado es Iruya, un lugar mágico.
"Se llega a dos días de caminata desde Iruya, por alta montaña.
Hay otra forma de acceso, pero hay que subir a los 5000 metros de altura;
por ese camino sólo circulan camionetas 4x4, es muy caro y poco
transitado. Por esa vía llegaron las donaciones", explicó.
Es que los Caminantes del Mar llevaron consigo hasta Salta 200 cajas con
elementos para la escuelita de Rodeo. "Nosotros, los 25 que integramos
el grupo, incluida una señora de 67 años, llegamos caminando
y con mulas, con mucho esfuerzo", describió.
Allá a lo alto
A 3000 metros de altura, sin teléfonos, sin Internet, con la energía
que proveen paneles solares sólo algunas horas al día, los
Caminantes del Mar encontraron en Rodeo Colorado otro mundo.
"Encontramos una Argentina que nadie se imagina que existe. Allí
hay gente que quiere estudiar, progresar, que tiene un sentido de la responsabilidad
muy diferente al que nosotros vemos acá, quieren a su país,
quieren a su tierra y son sumamente respetuosos y religiosos", apuntó
la entrevistada.
La vida de los pobladores, y sus carencias a nivel material conmovieron
a Patricia y sus compañeros. "Los chicos tienen prohibido
jugar al fútbol porque tienen un solo par de zapatillas que es
elemental para ellos, porque después de salir del colegio tienen
que ayudar a sus padres con el ganado, las cabras
De eso viven.
Y los que están lejos de la escuela, que son muchos -hay una matrícula
de 100 en total-, se alojan en el propio establecimiento. Analía
González, la directora, es también una madre para ellos;
está todo el día con los chicos y se las arregla para darles
cuatro comidas al día con 60 centavos por cada uno que manda el
Estado. Claro, son 400 votos nada más, que no le interesan a nadie",
reflexionó la caminante.
En condiciones de vida tan extremas, cualquiera podría pensar que
los salteños de Rodeo Colorado expresan malestar al menor contacto.
Pero no es así, advirtió Patricia. Son felices. "Me
sorprendió mucho ver que no se quejan, se ayudan entre ellos. Desconocen
el consumo, y no importa lo que seas o lo que tengas, te tratan como un
ser humano. Te ofrecen todo lo que tienen, que quizá para nosotros
puede ser nada, porque es apenas lo que comen, la ropa que tienen para
abrigarse y una vivienda. Pero lo hacen con tanto cariño y respeto
que uno se da cuenta de las mezquindades propias. Es una experiencia muy
fuerte, no solamente por lo que pasa sino por el tipo de gente que encontramos
en lugares de la Argentina que ni siquiera sabemos que está",
admitió.
Un verdadero impacto causó en los Caminantes, sólo por recordar
una de las tantas vivencias compartidas, un trabajo sobre la salud y las
hierbas que los alumnos de la escuela habían presentado en un concurso
realizado en Iruya, del que resultaron ganadores. "Fundamentaban
la buena salud en paz en el alma, un plato de comida en la mesa y algo
por qué luchar. Uno, estando allá, se da cuenta que de eso
se trata. Son muy pocas las cosas necesarias para ser feliz. Solamente
hay que salir a la noche, y ver ese cielo increíble que hay en
la montaña, sin contaminación, sin luces, en silencio. Y
esos lugares bellísimos son parte de nuestro país",
reflexionó Patricia.
Pares de zapatillas
El primer contacto de los Caminantes del Mar en Rodeo fue Analía
González, directora de la Escuela 4424
"Nos contactamos con ella en su casa de Salta, a la que viaja solamente
cada cuatro meses, porque el resto del tiempo lo pasa en el pueblo. Cuando
yo misma le expliqué lo que queríamos hacer, no me prestó
mucha atención. Después me contó que le habían
prometido tantas veces ayuda que no llegaba
Solamente un antropólogo
inglés, que se conmovió tanto al ver cómo vivían
en un viaje por el lugar, le dijo a Analía que le enviaría
ayuda no bien llegara a su país. Pasó un año, y un
día apareció un cheque de 8000 dólares con el que
se construyó la cocina nueva de la escuela. Tuvo que venir ayuda
de afuera", subrayó.
Patricia insistió en que el grupo tenía la voluntad férrea
de acercar su colaboración a la escuelita, y finalmente logró
saber que la necesidad fundamental era una buena cantidad de pares de
zapatillas. "Quiero destacar que una vez que volvimos, hace pocos
días, una persona se acercó a mi trabajo y me pidió
que consiga los números de calzado de todos los chicos, porque
va a donar zapatillas y también el traslado del envío hasta
Salta. Ya estamos recibiendo propuestas de este tipo", comentó.
Es cierto, reconoció Patricia, que cerquita nomás del centro
de Tres Arroyos donde charló con "El Periodista", también
hay chicos que van a la escuela y que tienen múltiples necesidades
sin cubrir. Pero a 3000 metros de altura, allí donde se recicla
un envase de mayonesa para hacer una cartuchera, las posibilidades de
recibir asistencia son muy reducidas. "En Rodeo Colorado están
a dos horas de caminata del lugar poblado más próximo. Muchas
mujeres tienen a sus hijos solas en su casa. No hay formas de comunicarse,
ni señal de celular, ni telefonía fija, hay luz con paneles
solares y por apenas unas horas
La situación aquí es
muy distinta, porque a pocas cuadras o con una llamada se puede conseguir
cualquier cosa", consideró Patricia. Y esta realidad hizo
cobrar aún más impulso a los Caminantes del Mar, que sin
hacer campañas públicas reunieron unas 200 cajas con ropa,
juguetes, libros, alimentos no perecederos y, por supuesto, las esperadas
zapatillas.
Viaje para el alma
La llegada a la escuelita, recordó, tuvo una especial carga emotiva
para el grupo, y para ella misma. "Recuerdo cuando llegué,
fui a pedir ayuda porque una de las chicas había tenido un problema
de salud y necesitábamos una mula o un caballo para traerla. Estaba
un señor mayor, aborigen, colaborador permanente del colegio, que
se sacó el sombrero y me saludó con tanto respeto
Nunca
me voy a olvidar de eso, de los carteles de bienvenida que nos hicieron,
nos habían escrito una poesía. Fue tan emocionante que hombres
y mujeres grandes llorábamos sin parar. Y cuando los que volvimos
caminando tuvimos que dejar el colegio -otros tuvieron que hacerlo por
otra vía porque es agotador-, seguimos llorando", evocó.
Desde Tres Arroyos, formaron parte del grupo de Caminantes, además
de Patricia, Armando Douelle y Carmen Cuervo Arango. "Y todos estamos
tan agradecidos de haber podido hacerlo. Lo logramos porque éramos
25 los que juntamos voluntades y fuerzas para llegar. Hubiera sido muy
difícil llevar adelante esta idea de ayudar a la escuelita de manera
individual, y eso lo vimos en la gente que nos acercaba cosas. Muchos
sienten esa necesidad de colaborar, pero muchas veces no encuentran la
manera de hacerlo y por eso se acercan a quienes planifican este tipo
de cosas", consideró.
La profunda emoción que generó la experiencia motivó
en los Caminantes del Mar, que no suelen repetir los itinerarios más
importantes, un deseo irrefrenable de volver a Rodeo Colorado. "Todos
nos quedamos pensando en eso. En medio de un país convulsionado
fuimos a ese lugar, a esa otra Argentina. Y este, sin duda, fue un viaje
para el alma", concluyó.
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La otra Argentina
Rodeo Colorado, el último destino de los
Caminantes del Mar, es un pueblo kolla de unos 400 habitantes, cuya
supervivencia está apenas garantizada por un puñado
de cabritas y algún cultivo doméstico. A 300 kilómetros
de Salta, la Escuela 4424 -declarada de zona inhóspita-,
tiene una matrícula que fluctúa entre los 100 y los
110 alumnos, de los cuales un 30 por ciento vive en el propio establecimiento
durante la semana, por la distancia con sus propias casas y por
las dificultades que ofrecen los caminos de altura, que demandan
horas a pie o a lomo de mula para recorrerlos.
Analía González, la directora de la escuela-albergue,
tenía 30 años cuando pidió el traslado desde
Salta a Rodeo Colorado, y nunca más se movió de allí.
En el año 2005 le dieron el premio Maestra Ilustre del Ministerio
de Educación de la Nación pero, claro, el galardón
no sirvió para que sus queridos kollitas comieran mejor o
tuvieran más comodidades. Fue sólo un pergamino.
Conmueve, según contó Patricia Ferrando, la hora de
saludar a la bandera allí, a 3000 metros de altura y con
unas montañas y un cielo interminables. Porque los chicos
no rompen la fila, el frío no los amilana, la enseña
argentina flameando delante de ellos es suficiente para generar
un respeto y un silencio que sólo quiebra un canto fervoroso.
En el año 2004, la cineasta correntina Victoria Reale filmó
el documental "Rodeo Colorado", producido por el Instituto
Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Protagonizado por Analía
González y la propia gente del pueblo, el mediometraje ganó
el Concurso de Películas Documentales para Televisión
sobre la crisis argentina del Instituto Nacional de Cine y Artes
Audiovisuales. Se estrenó en marzo de 2005 en la sección
"Vitrina Argentina" del XX Festival Internacional de Cine
de Mar del Plata. Posteriormente fue elegido para la Competencia
Oficial del VIII Festival de Málaga (Abril 2005) y seleccionado
para la Competencia Oficial de la Tercera Muestra Internacional
del Documental Independiente de Cádiz.
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