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El lunes 23 de setiembre de 1918, Gardel junto a Razzano y el guitarrista Ricardo, salieron a brindar serenatas por las calles tresarroyenses, visitando las casas de las muchachas de las familias más conocidas. Una de las elegidas fue doña M.E.V. de Serra, que tenía en ese entonces 17 años. Gardel le interpretó "Cantar Eterno" y "Ay Aurora", mientras ella se deleitaba junto a su madre a través del balcón, porque no le permitían abrir las ventanas

 

 


CARLOS GARDEL CANTO CINCO VECES EN TRES ARROYOS
Y DEJO UN TENDAL DE RECUERDOS Y ANECDOTAS

Cada día canta mejor

Carlos Gardel cantó cinco veces en Tres Arroyos. Lo hizo por primera vez en 1918, y por última dos años antes de su muerte, en 1933. En esas visitas el hombre, que parecía tener "una lágrima en la garganta", no sólo emocionó con su voz única e incomparable, sino que también dejó un tendal de recuerdos y anécdotas. "El Periodista", en un preciso y nostálgico informe especial, desanda los pasos dados en nuestra ciudad por el artista que "cada día canta mejor"

Basta el simple acto que la púa caiga sobre el surco en que su voz quedó apresada, para que Gardel eternamente cante cada día mejor. Su voz de oro, criolla, varonil, mezcla de suavidad y aspereza, su enorme simpatía y esa cara de muchacho bueno, sonrisa amable y grata, componían el imán que tenía el tanguero para llegar a lo íntimo, al fondo del alma. Pasaron 71 años del nacimiento del mito más perdurable de la porteñidad y la figura del "Morocho del Abasto" quedó inmortalizada para siempre en la memoria popular. Nuestra ciudad detenta el privilegio de ser testigo y protagonista en cinco ocasiones del arte inigualable del emperador del tango. "El Zorzal Criollo", como lo bautizaron los críticos, dejó su huella en Tres Arroyos, perpetua en el recuerdo que se atesora en innumerables anécdotas que hablan de su integridad, su calidez humana y un carisma que desplegaba con toda la fuerza de atracción, como complemento de lo que resultó consagratorio: la voz única e incomparable del hombre que parecía tener "una lágrima en la garganta".
En 1918 Carlos Gardel pisó por primera vez la ciudad, en el marco de una gira que emprendió por el interior del país para fomentar la venta del disco "Nacional", junto a Razzano y la orquesta de Roberto Firpo, que estaba en la cumbre de su popularidad. Se alojaron en el Hotel Vasconia, ubicado en el boulevard Moreno, esquina Lavalle.
Fue el sábado 21 de septiembre, cuando el dúo "Gardel-Razzano" debutó ante el público tresarroyense que colmó la sala del Cine Americano. Su primer tema, "Cantar Eterno", deleitó hasta la ovación de los espectadores. Al final de su repertorio, "El Zorzal Criollo" brindó alguno de sus famosos "solos", como "El pangaré" o "La mariposa", pero no hay registros que haya cantado algún tango, pese a que el año anterior ya había grabado "Mi noche triste". El domingo actuaron a sala llena en matinée, ronda y noche, y posteriormente hasta el 27 ofrecieron presentaciones nocturnas, excepto la jornada del 23 que tuvo su día de descanso. La noche de despedida fue engalanada con una actuación más extensa, cerrando con "Ay Aurora", un tema que ingresó en el alma de sus admiradores y que debieron repetir dos veces en esa función para satisfacer el pedido del público.
El espíritu de Gardel rondó en la ciudad las semanas siguientes. "Ay Aurora, me has echado al abandono", entonaba la muchachada de entonces en cualquier rincón de Tres Arroyos y con humor se decía que el intendente municipal estaba por firmar un decreto prohibiendo la ejecución del tema.

Noches de serenata
El rastro más indeleble de aquella visita fue el encanto que despertó una noche en algunas mujeres privilegiadas. El lunes 23, el día de descanso de Gardel, fue agasajado junto a sus músicos por la muchachada de esos tiempos. Al mediodía degustaron un asado en la casa de los hermanos Alfredo y Vicente Linares, frente al Club de Pelota y por la noche fueron invitados por Tito Ulacco y su barra de amigos, a cenar pavita al asador y un suculento asado. Al promediar la velada, el cantor junto a Razzano y el guitarrista Ricardo, salieron a brindar serenatas por las calles de la ciudad, visitando las casas de las muchachas de las familias más conocidas. Una de las elegidas fue doña M.E.V. de Serra, que tenía en ese entonces 17 años. Gardel le interpretó "Cantar Eterno" y Ay Aurora", mientras ella se deleitaba junto a su madre a través del balcón, porque no le permitían abrir las ventanas.

Se va la segunda, y la tercera...
La segunda vez que retornó fue en abril de 1922, en compañía de Razzano, José Ricardo y Guillermo Barbieri que se había unido al dúo el año anterior. Se alojaron en el hotel "Cuatro Naciones", ubicado en pleno centro de la ciudad. Esa vez, actuaron en "El Castilla", un popular café y bar en la tradicional esquina de 9 de Julio y Colón, que tenía un palco para la actuación de artistas, por donde habían desfilado figuras como el payador Luis Acosta García o el intérprete Gregorio Cicarelli. El dúo se presentó el fin de semana, en una actuación noctuna el sábado y vermouth y noche el domingo. Entre los intervalos de la función, el cantor aceptó la invitación de Ignacio Videla, Dionisio y Gregorio Araujo, para sentarse a su mesa a tomar anís.
Dos años más tarde, del 22 al 25 de mayo, "Los Gardel-Razzano", como anunciaban las crónicas, se presentaron nuevamente en el Cine Americano. En esa oportunidad, junto a sus músicos se alojó en el Hotel París, situado en la esquina de 9 de Julio y 25 de Mayo. Poco mencionan sobre él las crónicas de la época, aunque se sabe que "El sol del 25" fue interpretado en homenaje al Día de la Revolución.

Genio y figura
Cuando Gardel regresa por cuarta vez a Tres Arroyos ya era una figura consagrada en Europa. Había retornado en junio del año anterior de su gira por el Viejo Continente donde logró conquistar el fervor de multitudes con su increíble voz de pájaro cantor.
Para el viernes 21 de febrero de 1930, el desaparecido diario "La Provincia" anunciaba en sus páginas el programa de la jornada: "Cine Americano: Ronda a las 18 hs. 'Don Juanito poca cosa', en 6 actos, con Harry Langdon; 'Bandido por amor', en 7 actos por Hoot Gibson. En la sección nocturna se reprisarán las cintas de la ronda complementando la función el cantor nacional Carlos Gardel acompañado de los guitarristas Barbieri y Aguilar".
La máxima expresión del tango llegó ese viernes junto a sus músicos, en el clásico tren de las once y se hospedó en el hotel City, en 25 de Mayo y Lavalle. En el anecdotario popular, cuentan que haciendo honor a su fama de burrero le encargó a uno de los mozos del hotel que le jugara a los pingos Pilluelo y Moussol, participantes de la quinta y novena carrera de Palermo del domingo 23. Le entregó veinte pesos para jugarlos todo a Pilluelo y si ganaba, todo el importe a Moussol en el siguiente. Efectivamente triunfó como había predicho, aunque Gardel no supo que su dinero nunca llegó a la mesa de apuestas ya que se "extravió en los bolsillos de aquel mozo del buffet".
"El Zorzal" actuó el viernes y el lunes a la noche, mientras que el fin de semana lo hizo en ronda y noche. En esa época, Gardel era el único que llenaba la sala del Americano que tenía cerca de 900 plateas. Cantaba sin micrófono, pero su voz llegaba hasta los más recónditos rincones. El público que no había conseguido localidades, se apiñaba en la entrada del cine y fue "El Zorzal" quien pidió a la empresa que abriera sus puertas para que la gente del hall pudiera deleitarse con el espectáculo. Cada actuación era un desborde total. Así lo recordó alguna vez Oscar Betbeder, que estuvo presente en la función del domingo. "La sala estaba de bote a bote y en el intervalo de la película se abrió el telón y los guitarristas sentados en su silla hicieron un saludo inclinando la cabeza. Mientras hacían un fondo musical, ingresó Gardel con su smoking impecable y luego de saludar al público se sentó en la silla que estaba algo más adelante y tomando la guitarra inició su actuación con el vals 'Rosas de Otoño'".

La despedida
La quinta y última vez que Gardel estuvo en Tres Arroyos fue dos años antes de su muerte. Llegó el 24 de mayo de 1933, en tren desde Coronel Dorrego donde había actuado la noche anterior. En la edición de ese día en el desaparecido diario "La Comuna" la crónica indicaba que "su fama es universal, pues los públicos de París y Madrid se han encargado de darle, después de haberlo hecho nosotros, el diploma de artista del tango". Después de la función, en el diario local resaltaban la voz privilegiada de "ese tango que al ser vocalizado con la maestría con que lo hace se va deshojando en una amargura que emociona".
En su última audición, se despediría del público tresarroyense antes de partir hacia Europa para pasear por las grandes capitales la armonía sublimada del tango argentino. Nadie sospechaba que ese adiós sería para siempre.
De sobretodo gris, pañuelo cubriéndole la garganta y sombrero impecable, partió desde la estación del ferrocarril el viernes 26 de mayo y ya nunca regresaría. Antes que el tren comenzara a andar, echó mano al bolsillo y desde las ventanillas arrojó un puñado de monedas para cuatro o cinco canillitas que esperaban el arribo de los trenes. Antonio Yitani era uno de ellos y guardó esa moneda para siempre como un tesoro preciado.
Aquel Gardel de 1933, fue el que persistió en la memoria vernácula. Ese que había triunfado en París, el que había realizado sus primeras películas sonoras, el consagrado de voz proverbial, el que creía que su fama no era suya, sino de su país y de su pueblo. El mismo decía que "a quien aplaude el público no es a Carlos Gardel; es al arte popular nuestro que, por una casualidad feliz, me ha tocado interpretar a mí, lo mismo que hubiera podido hacerlo cualquier otro cantor americano... Yo soy nadie. Es el tango que triunfa".
Como todo el mundo los tresarroyenses se conmovieron dos años después, cuando "El Zorzal" cerró
sus ojos súbitamente en Medellín el 24 de junio de 1935, para ingresar al panteón de los mitos nacionales. Desde entonces su presencia fue tan viva, que su ausencia física parece siempre la de un corto viaje cuyo regreso se espera. Su vida estaba destinada a la perpetuidad en los recuerdos, en la melancolía de algún tango, libre de olvidos y exento de silencio.

LA NOTICIA EN LA PIZARRA DE LOS DIARIOS

La muerte del hombre, el nacimiento del mito

Cuando las llamas colorearon el pálido cielo de junio, allá en Medellín, los hombres lloraron la muerte de un cantor excepcional. Fue el día que por un instante calló el zorzal, para renacer al minuto siguiente como el más perdurable mito del alma porteña. El mundo recibió con incredulidad primero y profunda tristeza después, la noticia de la muerte de Gardel.
Alrededor de las 18 horas del 24 de junio de 1935, dos bombas de estruendo tronaron en la ciudad. Era el clásico recurso que "La Voz del Pueblo" utilizaba para anunciar que en sus vidrieras había noticias urgentes. El desaparecido diario "La Hora" también lo había mencionado en sus pizarras, y en la edición vespertina que salió a la calle a las 19 horas, publicó en su última página un trascendido de último momento: "Habría muerto Carlos Gardel".
El doctor Ricardo Fernández no pudo olvidar ese momento, y lo relató a su hijo quien lo consignó en su investigación. Estaban trabajando con su viejo amigo Blas Altieri en el estudio Gatti. A la vuelta, por calle Independencia -hoy Hipólito Yrigoyen- estaba emplazada la redacción del diario "La Hora". Casi al promediar su jornada laboral alguien asomó su cabeza en el estudio y les comunicó la noticia: "Che, se mató Gardel". Pensaron que era una broma de mal gusto pero el mensajero les retrucó molesto: "Si no me creen vayan a ver la pizarra". Incrédulos aún, dieron la vuelta para comprobarlo. En la pizarra, en forma escueta, escrito a tiza decía: "En Colombia, en un accidente aéreo se mató Carlos Gardel. Confirmado". La tristeza se apoderó de la ciudad que había acunado el privilegio de conocer de cerca el alma del emperador del tango.


El día que Gardel hizo saltar la banca local

La presencia del cantor imprimió una profunda huella en la ciudad. Su paso había dejado una estela de admiradores de su arte, que el jueves 8 de octubre de 1931 llenó la sala en ronda y noche del Cine Tortoni para presenciar el estreno de la película "Las luces de Buenos Aires", que se presentó oficialmente en la capital de la república el 23 de septiembre de ese mismo año. Ese film fue el que puso en aprietos a la banca de la quiniela clandestina. En una de las escenas, Gardel buscando a la Negra Bozán, que junto con Gloria Guzmán y unos bacanes suben a un taxi, escucha la indicación al chofer: "Pampa 57". El cantor camina por la calle recordando como una obsesión: "Pampa y 57... 57... 57". No fue casual que al otro día, los habituados a apostar a la Nacional de los viernes, le pusieran un peso a la cabeza o a los premios. La noche del 9, el 8657 salió a la cabeza de la Nacional. Trascendió en el anecdotario popular, que los quinieleros tuvieron que firmar documentos para salir del paso ante los que habían apostado fuerte. Fue el día que el mito de Gardel hizo saltar la banca en la ciudad.


MENSAJERO DE SALUDOS FAMILIARES

Una anécdota que lo pinta de cuerpo entero

"El Morocho del Abasto" es un milagro de persistencia en la memoria. No solo porque cada día cante mejor, sino por su nobleza espiritual, su integridad y la coherencia que en su vida supo guardar entre el personaje y la persona. Quizás sea ese el más poderoso motivo para que penetrara en la hondura del afecto popular. Su sencilla y cordial manera de ser moldearon su personalidad hasta situarse en planos de admiración y gratitud. Una anécdota de su última presentación, en mayo de 1933, es portadora de esta virtud reconocida en su historia. A las seis de la tarde del día 24, un hombre muy bien vestido descendió de un coche de plaza, en Brandsen al 500. Llamó a la puerta y salió a atender Juan Magnin, un hombre serio y cordial que en ese entonces tenía unos 70 años. El que había golpeado a su puerta se presentó: "Yo soy Carlos Gardel y traigo saludos de sus familiares de Francia". Durante su última estadía en Niza, Gardel se había topado con un admirador que se acercó a saludarlo y después de charlar un rato, le solicitó que si alguna vez regresaba a Tres Arroyos, saludara a sus familiares a quienes no veía hace muchos años. Y ahí estaba Gardel cumpliendo con el pedido en el que había comprometido su palabra. Cuentan que en la mañana del 25, don Juan Magnin concurrió como lo hacía habitualmente al Club de Pelota. Sus amigos lo invitaron a quedarse para el asado de la fecha patria pero él respondió ante la mirada incrédula de sus compañeros: "No muchachos, hoy no puedo. Tengo invitado a almorzar a Carlos Gardel".


Agradecimiento
Admirador y estudioso incansable de la vida de Carlos Gardel, Ricardo Fernández fue el autor de una exhaustiva investigación acerca de la presencia de "El Zorzal Criollo" en nuestras tierras. Recopiló anécdotas, información histórica y testimonios de una riqueza invalorable para recrear rigurosamente cada paso de la estadía en Tres Arroyos de la máxima expresión del tango. Su trabajo fue reconocido y elogiado por Luis Angel Formento, un experto gardeliano que difundía desde Radio Rivadavia las facetas que contribuyeron a la historia del mito. Fernández fue quien amablemente aportó los datos para efectuar este artículo de "El Periodista".


 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina