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El Periodista de Tres Arroyos

 

El Periodista



Cuatro enormes hangares, dos pistas y un taller principal de reparación brotan en el predio de 32 hectáreas que ocupa el taller aeronáutico. En la foto, Mario Arias, el titular, aparece junto su hijo “Marito”, técnico aeronáutico e integrante del equipo de trabajo
Mario Arias habla con admiración de Paulino Bortolazzo, su socio y amigo, quien falleció el 30 de octubre de 2001. La foto los muestra a ambos, en tiempos felices
Con continuidad en el trabajo de revisión, mantenimiento y reparación de aviones, el taller “Arias & Bortolazzo” atiende aeronaves de todos los lugares del país, especialmente de la provincia de Buenos Aires y del sur hasta Comodoro Rivadavia
El taller es referente nacional en su área, y el único en el país que ha logrado una vigencia de sesenta años. Todo en base al esfuerzo, a una labor responsable y a un equipo que trabaja con pasión

 

 


CON 60 AÑOS DE VIGENCIA, EL TALLER AERONAUTICO
"ARIAS & BORTOLAZZO" ES UNO DE LOS MAS PRESTIGIOSOS DEL PAIS

De alto vuelo

Ningún otro taller aeronáutico en el país ha logrado una vigencia de 60 años. Y pocos ostentan el prestigio que posee el de "Arias & Bortolazzo". Aunque pocos convecinos lo sepan, esta empresa tresarroyense, continuadora de la que fundó Angel Romeo Petrazzini, es referente nacional en revisión, mantenimiento y reparación de aviones. En una producción especial, "El Periodista" visitó las instalaciones ubicadas en el kilómetro 492 de la ruta nacional Nº 3, y recreó los días de esta firma local de alto vuelo. Exclusivo

"Esto es mi vida", asegura Mario Arias, señalando el hangar donde aguardan algunos aviones para ser reparados. Su vida es el taller aeronáutico que forjó junto a su amigo Pablo Bortolazzo y sus estrechos colaboradores, en el predio ubicado en el kilómetro 492 de la ruta nacional Nº 3, hace ya 32 años. Su vida es el compromiso de continuidad que tomaron juntos cuando el pionero Angel Romeo Petrazzini decidió dar un paso al costado en la actividad.
Cuatro enormes hangares, dos pistas y un taller principal de reparación brotan en el predio de 32 hectáreas que ocupa el Taller Aeronáutico "Arias & Bortolazzo". Un día de semana, como cualquiera en actividad, Gustavo Moscardi, el técnico en reparación, mete mano junto a ´Marito´ Arias, técnico aeronáutico, en el fuselaje de un avión, mientras Mario padre cuenta la historia del taller que se convirtió en el referente nacional en su área y el único en el país que ha logrado una vigencia de sesenta años. Todo en base al esfuerzo, a una labor responsable y a un equipo que trabaja con pasión en lo que más les gusta hacer. "Siempre digo que una empresa que dura más de cincuenta años hay que ponerle el hombro y eso hicimos", menciona quien fue testigo y protagonista de esas décadas de recorrido.

Petrazzini, el pionero
Piloto y apasionado por su trabajo, Mario Arias se reconoce discípulo de Angel Romeo Petrazzini, el precursor, que instaló su taller en Irene en la década del cincuenta. El pionero no provenía de una familia vinculada a la aeronáutica. Su padre administraba los campos de la familia Aparicio, mientras que él ingresó en 1928 como subgerente de la West Indian Oil Company en Río Cuarto, la ciudad donde había transitado su infancia. Su carrera tuvo un vertiginoso ascenso. Ese mismo año lo nombraron gerente y lo trasladaron a Pergamino. En mayo de 1930 asumió la gerencia en Tres Arroyos y dos años más tarde en Bahía Blanca. Con un temperamento dinámico y ejecutivo siguió escalando y en 1936 fue nombrado gerente divisional de la zona sur. Sin embargo, su destino se hallaba en el aire. En 1938 decidió abandonar la empresa y, en forma simultánea, inició la actividad aeronáutica con una escuela de vuelo que instaló en San Fernando junto a su primo Siro Comi. Era una pequeña casilla donde los amantes de la aviación se juntaban a tomar mate y sumar horas de vuelo en el único avión que contaba la escuela. Al morir su padre, la familia Aparicio, a sabiendas de la capacidad de Romeo, lo convoca para continuar administrando sus campos. El acepta y en esa tarea, en una oportunidad, decidió llamar a su primo para que en su avión corriera las avutardas, una plaga que en determinada época del año llegaba del sur, a acechar los campos de esta zona. "Cuando Siro Comi se va a Buenos Aires, Petrazzini se pone a trabajar el campo y de paso sigue corriendo avutardas. Le gustaban muchos los aviones y fue en esa época cuando crea el taller. En el campo, que tenía la estancia entre Aparicio e Irene, había una pista de Besada, casado con Aparicio".
Un día salieron a la venta 350 hectáreas en Irene, pertenecientes a una familia que por una desgracia particular, decidió no volver a pisar esas tierras. Petrazzini compró aquel campo y construyó la pista y el primer hangar. Posteriormente le agregaría otro y uno de madera, que con el tiempo fue destruido por el viento. Fue el primer taller aeronáutico Petrazzini que comenzó a funcionar en el ´48. En el mismo lugar, pero de manera independiente, había una escuela de vuelo a cargo de un instructor bahiense.

Los primeros pasos
A Mario, oriundo de Aparicio, le atraían los aviones. De chico soñaba con ser piloto y, en cuanto tuvo la oportunidad, averiguó para ingresar en la Escuela de Aviación en Córdoba. No tuvo suerte ya que solo había vacantes para entrar como paracaidista. En eso estaba cuando Romeo lo mandó llamar.
"Si te gustan los aviones vení a trabajar conmigo", le dijo y aceptó sin dudar. Tenía en ese entonces dieciséis años y no imaginaba que seguiría vigente en esta actividad 58 años después.
Fue aprendiendo de meter mano y observar los gajes del oficio. Un tornero italiano que había estado en la guerra, le enseñó lo que sabía. Después hizo un curso de mecánica en Irene por correspondencia y se recibió con un examen exhaustivo en la Escuela de Mecánica de Aviación que funciona en calle Junín. Se dio el gusto de convertirse en piloto, tomando el curso de aviación en la escuela que funcionaba en el taller. "Aprendí a volar con el instructor que había ahí. Romeo tenía el número dos de la primera Brigada que se hizo en Bahía Blanca, pero nunca lo vi aterrizar ni despegar. Siempre voló conmigo, toda la vida, pero cuando llegaba el momento de aterrizar me pedía que bajara yo, nunca le pregunté por qué".

Necesidad de traslado
Servicios Aéreos Petrazzini tenía la habilitación Nº 5 en el país para efectuar tareas aeronáuticas. Al comienzo, era una época de mucho trabajo debido a las facilidades que otorgaba el gobierno para la compra de aviones en el país. "Después de la guerra habían entrado muchos aviones Piper subvencionados por el Estado. Desde el ´46 hasta el ´48 entraron la mayor cantidad de aviones, muchos de los cuales todavía están volando. Siempre atendimos aviones de aeroclubes y particulares. En ese entonces los estancieros tenían aviones, había muchos particulares y pensé que para el año 2000 iba a haber aviones en cantidad pero me equivoqué. En Gonzáles Chaves llegó a haber cuatro talleres aeronáuticos después del ´50", cuenta Mario que fue testigo del desarrollo aeronáutico de aquella época.
A mediados de los años ´50 empezaron a analizar un traslado desde Irene a nuestra ciudad. Se hacía imprescindible, por las dificultades que implicaba para los empleados llegar hasta allí. "El taller funcionando en Irene implicaba hacer 50 kilómetros todos los días para ir a trabajar allá. Los que tenían familia se iban desde la mañana y volvían a la noche y casi no veían a sus hijos. Se hacía muy difícil trabajar", contó Mario, que acompañó a Petrazzini en el ´53 cuando surgió la posibilidad de adquirir una quinta, perteneciente a una familia italiana, ubicada en el kilómetro 492 de la ruta nacional Nº 3, donde hoy funciona el taller "Arias & Bortolazzo".
El lugar era descampado. Había tan solo un horno de ladrillos y nada de forestación. Ellos mismos plantaron árboles en el terreno y edificaron el taller, mientras seguían con los trabajos de reparación aeronáutica en Irene.

Bortolazzo en escena
En 1954, Mario partió a hacer el servicio militar. Fue en el momento que varios empleados de Petrazzini se independizaron e instalaron su propio taller aeronáutico en Bahía Blanca. Ese hecho determinaría a futuro el nacimiento de "Arias & Bortolazzo". "Lo dejaron a Petrazzini con motores desarmados o aviones a mitad de hacer. Petrazzini se vio desbordado en un momento y se fue a San Fernando, donde lo trajo a Paulino Bortolazzo para terminar los trabajos que habían quedado pendientes".
Pablo Bortolazzo, Paulino para los amigos, era un italiano nacido en Crespano del Grappa, una aldea montañosa al norte de Italia. Sus padres habían emigrado a la Argentina siendo muy chico y, recién cuando tenía apenas 10 años, llegó él a nuestro país bajo la tutela de un sacerdote para reunirse con su familia en Lincoln. Allí junto a su padre aprendió el oficio de herrero. Posteriormente se trasladó a la zona del gran Buenos Aires trabajando en un astillero de San Fernando. A partir del ´48 comienza a trabajar con aviones, primero en Aerotax, en el aeródromo de San Fernando, luego en Timen en el aeródromo Don Torcuato, participando en el armado de aviones Luscombe Silvaire y North Navion que ingresaban al país. Eso hizo hasta que fue convocado por Angel.

"Arias & Bortolazzo"
Al regresar Mario del servicio militar, conoce a Paulino que había llegado de manera temporaria, por apenas unos días, hasta que lo tentaron a quedarse definitivamente. Ninguno imaginó que con el tiempo formarían una sociedad y tendrían su propio taller.
En el ´55 se trasladan a Tres Arroyos como Servicios Aéreos Petrazzini. Desde allí continuaron creciendo en el mantenimiento, reparación y puesta a punto de los aparatos aeronáuticos, a la vez que ampliaban su estructura para un mejor funcionamiento. Después de toda una vida en actividad, en el año ´73, Angel Romeo Petrazzini decide retirarse. Sus más cercanos colaboradores, Mario y Paulino, se animaron a alquilar el taller para continuar el trabajo. Así estuvieron tres años, cuando les surge la posibilidad de comprar un hangar a un aeroclub de Pehuajó. Consiguieron un permiso en el aeroclub local para instalarlo y empezaron a armar la estructura. "Cuando Petrazzini vio que estábamos armando para irnos, nos propone vendernos el taller con un plan de pago de seis o siete años. Y nos arriesgamos. Allá teníamos que armar todo aunque lo hubiéramos armado igual", menciona Arias convencido. "En el ´75 nos embarcamos en esto. De ahí empezamos a remar, era muy duro porque las cuotas eran en dólares, pero lo pagamos. Siempre digo que una empresa que dura más de cincuenta años hay que ponerle el hombro y lo hicimos".

Paulino, el artesano
En la sociedad, Mario era el especialista en los motores, mientras que Paulino poseía una extraordinaria habilidad como chapista, estructura y entelado de aviones. Dice que tenía el don de un verdadero artesano con capacidad de trabajo ilimitada. Se le entregaba un avión accidentado, aparentemente irrecuperable y lo reconstruía hasta dejarlo perfecto en vuelo. "Mi amigo y compañero de trabajo, era un tipo de esos que hay muy pocos. Le traían un avión hecho bolsa y lo armaba. Era un artesano. El oficio tiene secretos que hay que dominar. El aprendió todos y mucho más, tenía talento. En la parte del motor es más fácil, desarmás el motor agarras la planilla de fábrica y vas descartando. Es un trabajo estandarizado, pero el trabajo que hacía él era todos los días algo distinto", define Mario con admiración a su amigo, ese que había llegado por unos días y se quedó para siempre, hasta que falleció el 30 de octubre de 2001.

El presente
Con continuidad en el trabajo de revisión, mantenimiento y reparación de aviones, el taller atiende aeronaves de todos los lugares del país, especialmente de la provincia de Buenos Aires y del sur hasta Comodoro Rivadavia. Si bien hay talleres aeronáuticos en distintos puntos del país, el prestigio que ha alcanzado "Arias & Bortolazzo" se debe a que cuenta con licencias y certificaciones para atender la mayor parte de modelos de aviones. En promedio, un equipo formado por 6 personas, asisten de diez a doce aparatos aeronáuticos por mes, tanto aeroaplicadores, como aviones de aeroclubes y particulares. También realizan inspección, ya que cada avión al menos una vez por año, debe pasar por un taller habilitado para mantener su vigencia.
El trabajo no ha variado mucho desde sus inicios, asegura Mario. "Acá estamos volando aviones del ´46 y ´47. Actualmente la fábrica los está haciendo de igual estructura, cambió la aviónica, (instrumentos de vuelo) pero el motor, la hélice, el parabrisas, la estructura es la misma". Esto se debe a su notable evolución en ese período. "El avión avanzó mucho en su época y llegó a un techo de perfeccionamiento. No pasa lo mismo con los aviones militares que tuvieron una mayor evolución", respalda Gustavo Moscardi, antiguo colaborador del taller, técnico en reparación, calificado para soldaduras T.I.G. (Tungsten Inert Gas) y E.N.D. (ensayos no destructivos). "Me gustaban los aviones y cuando terminé el servicio militar tenía que trabajar. Era amigo de ellos y Mario me ofreció para empezar a aprender. En abril voy a cumplir 29 años en este oficio", contó Gustavo.
El equipo de trabajo, al que califican como una gran familia, también está integrado por Mario Arias hijo, que ingresó hace veintiocho años después de recibirse de técnico aeronáutico en Bahía Blanca; por Oscar Gorostiza, responsable de las tareas tecno-administrativas de habilitación de aeronaves; por Miguel De Marcos y Néstor Blanco. Si en algo coinciden los integrantes de "Arias & Bortolazzo" es que el trabajo más gratificante es el de reconstruir un avión casi desde la nada. "Cuando te traen un avión roto arriba de un camión, y el día que lo ves volar creo que eso es lo más lindo para todo el grupo, porque es un trabajo artesanal que implica meses de trabajo", dice Moscardi y Marito lo confirma. "Ves un avión en las condiciones que viene y después verlo volar y que todos queden conformes es una satisfacción".

Primero en el país
En el presente, el taller aeronáutico "Arias & Bortolazzo" es un ejemplo de continuidad y trabajo en conjunto. No por nada es el primero en Argentina en mantener su vigencia. La familia aeronáutica lo reconoce como uno de los mejores del país, aunque con su humildad, ellos se nieguen a admitirlo. Quizás la clave de la continuidad está en que, más que un clima de trabajo, en el taller se respira la pasión de cada uno de los integrantes del equipo que ponen el hombro para honrar la trayectoria. Y hay algo más, que Mario se precia en destacar: "Nosotros heredamos algo invalorable: la honestidad de Petrazzini que era intachable". Con esa honestidad trabajan. Con los pies sobre la tierra y el corazón en el aire.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina