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CON 60 AÑOS DE VIGENCIA, EL TALLER AERONAUTICO
"ARIAS & BORTOLAZZO" ES UNO DE LOS MAS PRESTIGIOSOS DEL
PAIS
De alto vuelo
Ningún otro taller aeronáutico en el país
ha logrado una vigencia de 60 años. Y pocos ostentan el prestigio
que posee el de "Arias & Bortolazzo". Aunque pocos convecinos
lo sepan, esta empresa tresarroyense, continuadora de la que fundó
Angel Romeo Petrazzini, es referente nacional en revisión, mantenimiento
y reparación de aviones. En una producción especial, "El
Periodista" visitó las instalaciones ubicadas en el kilómetro
492 de la ruta nacional Nº 3, y recreó los días de
esta firma local de alto vuelo. Exclusivo
"Esto es mi vida", asegura Mario Arias,
señalando el hangar donde aguardan algunos aviones para ser reparados.
Su vida es el taller aeronáutico que forjó junto a su amigo
Pablo Bortolazzo y sus estrechos colaboradores, en el predio ubicado en
el kilómetro 492 de la ruta nacional Nº 3, hace ya 32 años.
Su vida es el compromiso de continuidad que tomaron juntos cuando el pionero
Angel Romeo Petrazzini decidió dar un paso al costado en la actividad.
Cuatro enormes hangares, dos pistas y un taller principal de reparación
brotan en el predio de 32 hectáreas que ocupa el Taller Aeronáutico
"Arias & Bortolazzo". Un día de semana, como cualquiera
en actividad, Gustavo Moscardi, el técnico en reparación,
mete mano junto a ´Marito´ Arias, técnico aeronáutico,
en el fuselaje de un avión, mientras Mario padre cuenta la historia
del taller que se convirtió en el referente nacional en su área
y el único en el país que ha logrado una vigencia de sesenta
años. Todo en base al esfuerzo, a una labor responsable y a un
equipo que trabaja con pasión en lo que más les gusta hacer.
"Siempre digo que una empresa que dura más de cincuenta años
hay que ponerle el hombro y eso hicimos", menciona quien fue testigo
y protagonista de esas décadas de recorrido.
Petrazzini, el pionero
Piloto y apasionado por su trabajo, Mario Arias se reconoce discípulo
de Angel Romeo Petrazzini, el precursor, que instaló su taller
en Irene en la década del cincuenta. El pionero no provenía
de una familia vinculada a la aeronáutica. Su padre administraba
los campos de la familia Aparicio, mientras que él ingresó
en 1928 como subgerente de la West Indian Oil Company en Río Cuarto,
la ciudad donde había transitado su infancia. Su carrera tuvo un
vertiginoso ascenso. Ese mismo año lo nombraron gerente y lo trasladaron
a Pergamino. En mayo de 1930 asumió la gerencia en Tres Arroyos
y dos años más tarde en Bahía Blanca. Con un temperamento
dinámico y ejecutivo siguió escalando y en 1936 fue nombrado
gerente divisional de la zona sur. Sin embargo, su destino se hallaba
en el aire. En 1938 decidió abandonar la empresa y, en forma simultánea,
inició la actividad aeronáutica con una escuela de vuelo
que instaló en San Fernando junto a su primo Siro Comi. Era una
pequeña casilla donde los amantes de la aviación se juntaban
a tomar mate y sumar horas de vuelo en el único avión que
contaba la escuela. Al morir su padre, la familia Aparicio, a sabiendas
de la capacidad de Romeo, lo convoca para continuar administrando sus
campos. El acepta y en esa tarea, en una oportunidad, decidió llamar
a su primo para que en su avión corriera las avutardas, una plaga
que en determinada época del año llegaba del sur, a acechar
los campos de esta zona. "Cuando Siro Comi se va a Buenos Aires,
Petrazzini se pone a trabajar el campo y de paso sigue corriendo avutardas.
Le gustaban muchos los aviones y fue en esa época cuando crea el
taller. En el campo, que tenía la estancia entre Aparicio e Irene,
había una pista de Besada, casado con Aparicio".
Un día salieron a la venta 350 hectáreas en Irene, pertenecientes
a una familia que por una desgracia particular, decidió no volver
a pisar esas tierras. Petrazzini compró aquel campo y construyó
la pista y el primer hangar. Posteriormente le agregaría otro y
uno de madera, que con el tiempo fue destruido por el viento. Fue el primer
taller aeronáutico Petrazzini que comenzó a funcionar en
el ´48. En el mismo lugar, pero de manera independiente, había
una escuela de vuelo a cargo de un instructor bahiense.
Los primeros pasos
A Mario, oriundo de Aparicio, le atraían los aviones. De chico
soñaba con ser piloto y, en cuanto tuvo la oportunidad, averiguó
para ingresar en la Escuela de Aviación en Córdoba. No tuvo
suerte ya que solo había vacantes para entrar como paracaidista.
En eso estaba cuando Romeo lo mandó llamar.
"Si te gustan los aviones vení a trabajar conmigo", le
dijo y aceptó sin dudar. Tenía en ese entonces dieciséis
años y no imaginaba que seguiría vigente en esta actividad
58 años después.
Fue aprendiendo de meter mano y observar los gajes del oficio. Un tornero
italiano que había estado en la guerra, le enseñó
lo que sabía. Después hizo un curso de mecánica en
Irene por correspondencia y se recibió con un examen exhaustivo
en la Escuela de Mecánica de Aviación que funciona en calle
Junín. Se dio el gusto de convertirse en piloto, tomando el curso
de aviación en la escuela que funcionaba en el taller. "Aprendí
a volar con el instructor que había ahí. Romeo tenía
el número dos de la primera Brigada que se hizo en Bahía
Blanca, pero nunca lo vi aterrizar ni despegar. Siempre voló conmigo,
toda la vida, pero cuando llegaba el momento de aterrizar me pedía
que bajara yo, nunca le pregunté por qué".
Necesidad de traslado
Servicios Aéreos Petrazzini tenía la habilitación
Nº 5 en el país para efectuar tareas aeronáuticas.
Al comienzo, era una época de mucho trabajo debido a las facilidades
que otorgaba el gobierno para la compra de aviones en el país.
"Después de la guerra habían entrado muchos aviones
Piper subvencionados por el Estado. Desde el ´46 hasta el ´48
entraron la mayor cantidad de aviones, muchos de los cuales todavía
están volando. Siempre atendimos aviones de aeroclubes y particulares.
En ese entonces los estancieros tenían aviones, había muchos
particulares y pensé que para el año 2000 iba a haber aviones
en cantidad pero me equivoqué. En Gonzáles Chaves llegó
a haber cuatro talleres aeronáuticos después del ´50",
cuenta Mario que fue testigo del desarrollo aeronáutico de aquella
época.
A mediados de los años ´50 empezaron a analizar un traslado
desde Irene a nuestra ciudad. Se hacía imprescindible, por las
dificultades que implicaba para los empleados llegar hasta allí.
"El taller funcionando en Irene implicaba hacer 50 kilómetros
todos los días para ir a trabajar allá. Los que tenían
familia se iban desde la mañana y volvían a la noche y casi
no veían a sus hijos. Se hacía muy difícil trabajar",
contó Mario, que acompañó a Petrazzini en el ´53
cuando surgió la posibilidad de adquirir una quinta, perteneciente
a una familia italiana, ubicada en el kilómetro 492 de la ruta
nacional Nº 3, donde hoy funciona el taller "Arias & Bortolazzo".
El lugar era descampado. Había tan solo un horno de ladrillos y
nada de forestación. Ellos mismos plantaron árboles en el
terreno y edificaron el taller, mientras seguían con los trabajos
de reparación aeronáutica en Irene.
Bortolazzo en escena
En 1954, Mario partió a hacer el servicio militar. Fue en el momento
que varios empleados de Petrazzini se independizaron e instalaron su propio
taller aeronáutico en Bahía Blanca. Ese hecho determinaría
a futuro el nacimiento de "Arias & Bortolazzo". "Lo
dejaron a Petrazzini con motores desarmados o aviones a mitad de hacer.
Petrazzini se vio desbordado en un momento y se fue a San Fernando, donde
lo trajo a Paulino Bortolazzo para terminar los trabajos que habían
quedado pendientes".
Pablo Bortolazzo, Paulino para los amigos, era un italiano nacido en Crespano
del Grappa, una aldea montañosa al norte de Italia. Sus padres
habían emigrado a la Argentina siendo muy chico y, recién
cuando tenía apenas 10 años, llegó él a nuestro
país bajo la tutela de un sacerdote para reunirse con su familia
en Lincoln. Allí junto a su padre aprendió el oficio de
herrero. Posteriormente se trasladó a la zona del gran Buenos Aires
trabajando en un astillero de San Fernando. A partir del ´48 comienza
a trabajar con aviones, primero en Aerotax, en el aeródromo de
San Fernando, luego en Timen en el aeródromo Don Torcuato, participando
en el armado de aviones Luscombe Silvaire y North Navion que ingresaban
al país. Eso hizo hasta que fue convocado por Angel.
"Arias & Bortolazzo"
Al regresar Mario del servicio militar, conoce a Paulino que había
llegado de manera temporaria, por apenas unos días, hasta que lo
tentaron a quedarse definitivamente. Ninguno imaginó que con el
tiempo formarían una sociedad y tendrían su propio taller.
En el ´55 se trasladan a Tres Arroyos como Servicios Aéreos
Petrazzini. Desde allí continuaron creciendo en el mantenimiento,
reparación y puesta a punto de los aparatos aeronáuticos,
a la vez que ampliaban su estructura para un mejor funcionamiento. Después
de toda una vida en actividad, en el año ´73, Angel Romeo
Petrazzini decide retirarse. Sus más cercanos colaboradores, Mario
y Paulino, se animaron a alquilar el taller para continuar el trabajo.
Así estuvieron tres años, cuando les surge la posibilidad
de comprar un hangar a un aeroclub de Pehuajó. Consiguieron un
permiso en el aeroclub local para instalarlo y empezaron a armar la estructura.
"Cuando Petrazzini vio que estábamos armando para irnos, nos
propone vendernos el taller con un plan de pago de seis o siete años.
Y nos arriesgamos. Allá teníamos que armar todo aunque lo
hubiéramos armado igual", menciona Arias convencido. "En
el ´75 nos embarcamos en esto. De ahí empezamos a remar,
era muy duro porque las cuotas eran en dólares, pero lo pagamos.
Siempre digo que una empresa que dura más de cincuenta años
hay que ponerle el hombro y lo hicimos".
Paulino, el artesano
En la sociedad, Mario era el especialista en los motores, mientras que
Paulino poseía una extraordinaria habilidad como chapista, estructura
y entelado de aviones. Dice que tenía el don de un verdadero artesano
con capacidad de trabajo ilimitada. Se le entregaba un avión accidentado,
aparentemente irrecuperable y lo reconstruía hasta dejarlo perfecto
en vuelo. "Mi amigo y compañero de trabajo, era un tipo de
esos que hay muy pocos. Le traían un avión hecho bolsa y
lo armaba. Era un artesano. El oficio tiene secretos que hay que dominar.
El aprendió todos y mucho más, tenía talento. En
la parte del motor es más fácil, desarmás el motor
agarras la planilla de fábrica y vas descartando. Es un trabajo
estandarizado, pero el trabajo que hacía él era todos los
días algo distinto", define Mario con admiración a
su amigo, ese que había llegado por unos días y se quedó
para siempre, hasta que falleció el 30 de octubre de 2001.
El presente
Con continuidad en el trabajo de revisión, mantenimiento y reparación
de aviones, el taller atiende aeronaves de todos los lugares del país,
especialmente de la provincia de Buenos Aires y del sur hasta Comodoro
Rivadavia. Si bien hay talleres aeronáuticos en distintos puntos
del país, el prestigio que ha alcanzado "Arias & Bortolazzo"
se debe a que cuenta con licencias y certificaciones para atender la mayor
parte de modelos de aviones. En promedio, un equipo formado por 6 personas,
asisten de diez a doce aparatos aeronáuticos por mes, tanto aeroaplicadores,
como aviones de aeroclubes y particulares. También realizan inspección,
ya que cada avión al menos una vez por año, debe pasar por
un taller habilitado para mantener su vigencia.
El trabajo no ha variado mucho desde sus inicios, asegura Mario. "Acá
estamos volando aviones del ´46 y ´47. Actualmente la fábrica
los está haciendo de igual estructura, cambió la aviónica,
(instrumentos de vuelo) pero el motor, la hélice, el parabrisas,
la estructura es la misma". Esto se debe a su notable evolución
en ese período. "El avión avanzó mucho en su
época y llegó a un techo de perfeccionamiento. No pasa lo
mismo con los aviones militares que tuvieron una mayor evolución",
respalda Gustavo Moscardi, antiguo colaborador del taller, técnico
en reparación, calificado para soldaduras T.I.G. (Tungsten Inert
Gas) y E.N.D. (ensayos no destructivos). "Me gustaban los aviones
y cuando terminé el servicio militar tenía que trabajar.
Era amigo de ellos y Mario me ofreció para empezar a aprender.
En abril voy a cumplir 29 años en este oficio", contó
Gustavo.
El equipo de trabajo, al que califican como una gran familia, también
está integrado por Mario Arias hijo, que ingresó hace veintiocho
años después de recibirse de técnico aeronáutico
en Bahía Blanca; por Oscar Gorostiza, responsable de las tareas
tecno-administrativas de habilitación de aeronaves; por Miguel
De Marcos y Néstor Blanco. Si en algo coinciden los integrantes
de "Arias & Bortolazzo" es que el trabajo más gratificante
es el de reconstruir un avión casi desde la nada. "Cuando
te traen un avión roto arriba de un camión, y el día
que lo ves volar creo que eso es lo más lindo para todo el grupo,
porque es un trabajo artesanal que implica meses de trabajo", dice
Moscardi y Marito lo confirma. "Ves un avión en las condiciones
que viene y después verlo volar y que todos queden conformes es
una satisfacción".
Primero en el país
En el presente, el taller aeronáutico "Arias & Bortolazzo"
es un ejemplo de continuidad y trabajo en conjunto. No por nada es el
primero en Argentina en mantener su vigencia. La familia aeronáutica
lo reconoce como uno de los mejores del país, aunque con su humildad,
ellos se nieguen a admitirlo. Quizás la clave de la continuidad
está en que, más que un clima de trabajo, en el taller se
respira la pasión de cada uno de los integrantes del equipo que
ponen el hombro para honrar la trayectoria. Y hay algo más, que
Mario se precia en destacar: "Nosotros heredamos algo invalorable:
la honestidad de Petrazzini que era intachable". Con esa honestidad
trabajan. Con los pies sobre la tierra y el corazón en el aire.
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